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23.07.2018

1968: 50 años, 50 películas. Parte II: Juventud y ruptura

Para continuar con el conteo de cine de 1968, titulado «1968: 50 años, 50 películas», nos centraremos en cintas que reflejan las transformaciones que afectaban durante esos a años a la población joven.

El escenario de 1968 estaba puesto para cambios inéditos en la sociedad conservadora que la moral anglosajona venía impulsando desde inicios del siglo pasado. El mundo veía crecer un arranque de irreverencia juvenil que inédito hasta ese momento, que buscaba destruir imperialismos o cualquier indicio de formalidad y quizá, decoro.

En 1968 se celebraban los quince años del Asalto al Cuartel Moncada, suceso que detonó la Revolución Cubana (influencia en diversos discursos de izquierda en el momento); también ese año se publicó la polémica Humanae Vitae del papa Pablo V que, entre otras resoluciones, prohibía el uso de anticonceptivos para los católicos. En México, la idea de seguridad impuesta por Estados Unidos resultó en las primeras persecuciones violentas y abiertas (por parte del Estado) al partido comunista y a sus simpatizantes, además de la represión de las movilizaciones de jóvenes estudiantes en tres jornadas distintas; ante esto, sólo quedaba ponerle sangre fresca a la oxidada maquinaria social.

 

40. Romeo y Julieta (Romeo and Juliet, Franco Zeffirelli, Reino Unido-Italia)

La historia es universalmente conocida: dos jóvenes se conocen y se enamoran perdidamente, el problema es que sus familias —ambas del más alto abolengo en la Verona del siglo XV—se odian a muerte (de manera literal). Zeffirelli trae a colación el relato shakespereano por su formación escénica, pero éste llega al cine filtrado por el verano del amor, por la influencia de la música popular y por la apertura sexual del momento. Así, Nino Rota pone el ambiente sonoro para una tragedia donde los protagonistas intentan romper con el destino que su linaje les impone. La pareja de adolescentes elige el impulso amoroso antes que la tradición familiar.

 

39. La reconstrucción (Reconstruirea, Lucian Pintilie, Rumania)

Evidenciar el aparato de cine y sus maneras de producción, esa es la base del segundo filme del recientemente fallecido Lucian Pintilie. El juego que implica la producción de un filme educativo, por parte de las autoridades rumanas, se ve a cada tanto interrumpido por la frescura de dos chicos sinvergüenzas, quienes tras protagonizar una riña en la que el cantinero local queda seriamente herido, deben representar y dramatizar el hecho para instruir a sus contemporáneos en el uso del alcohol. La época de alguna manera se asoma en este filme: una Rumania en apariencia permisiva y abierta a Occidente, pero que canceló sus relaciones con los estados firmantes del Pacto de Varsovia.

Still de La reconstrucción, Lucian Pintilie, 1968. Tomada de MoMA.

 

38. Hasta el viento tiene miedo (Carlos Enrique Taboada, México)

No es casualidad que el cineasta de culto, Carlos Enrique Taboada, haya legado una película donde las protagonistas son unas adolescentes que pasan sus vacaciones de verano en un internado. Aquí el andamio cinematográfico es el género del terror, y eso sirve para presentar una lucha entre dos generaciones. Por un lado están las jóvenes que tiene como referencia el uso de minifaldas como provocación social y política; por el otro está Bernarda, la directora interpretada por Marga López, quien insiste con un método educativo y disciplinario a todas luces conservador y evidentemente moralino. En medio, el disparador de todo será el espectro de una chica que tiempo atrás se suicidó en el colegio a causa del control que ejercían sobre las alumnas.

Still de Hasta el viento tiene miedo, Carlos Enrique Taboada, 1968. Tomada de YouTube.

 

37. Les jeunes loups (Marcel Carné, Francia-Italia)

Éste fue quizás la película con la producción más accidentada en la filmografía de Marcel Carné. El filme originalmente fue pensado para aprovechar la imagen juvenil y lo que ella representaba: diversidad sexual, pensamiento progresista, personajes arriesgados y sin tapujos. Poco a poco el productor fue eliminando partes de ella y se estrenó como una historia llena de clichés. No obstante los estereotipos nos hablan del imaginario de la época, además de que el realizador consiguió mantener cierto tono: confrontación entre el mundo adulto (constantemente desprestigiado) y la vitalidad de la juventud, que ya anunciaba la psicodelia desenfrenada de los años 70.

Still de Les jeunes loups, Marcel Carné,1968. Tomada de Filmo TV.

 

36. Lonesome Cowboys (Andy Warhol y Paul Morrissey, Estados Unidos)

Cine radical y disruptivo es a lo que Warhol tenía por costumbre con sus experimentos visuales y con los filmes que consigue, en muchas ocasiones, con su pandilla de confianza, los «Warhol superstars». Sátira del western industrial que en años anteriores promovió Hollywood, Lonesome Cowboys toma como punto de partida Romeo y Julieta de Shakespeare, para poner frente a la cámara a cinco jóvenes vaqueros y con ellos revolver las butacas. Una delicia más cercana a lo conceptual, sin arco dramático y sin actores profesionales, desafía la imagen heterosexual del forajido en el viejo oeste.

 

35. Fando y Lis (Alejandro Jodorowsky, México)

Tal vez no haya mayor ruptura narrativa que la ópera prima del hoy líder espiritual chileno. La producción de Juan López Moctezuma que adapta la puesta en escena de Fernando Arrabal llegó con todo lo intempestivo que puede tener una obra contracultural que para los ojos de la época rayaba en la obscenidad. Precisamente ahí radicó su relevancia en el momento, la odisea llena de símbolos de la pareja del título reflejaba fielmente el ímpetu contestatario de la juventud, que había puesto de cabeza incluso la narrativa ordinaria del cine mexicano desde La fórmula secreta (Gámez, 1965) y hasta Crates (Joskowicz, 1970).

 

34. Las dulces amigas (Les biches, Claude Chabrol, Francia-Italia)

Tras realizar filmes más convencionales, Chabrol ofrece un argumento que muestra de manera abierta la bisexualidad de dos mujeres, quienes tienen una voz definida e importante en el triángulo amoroso que protagonizan. En pleno distanciamiento con el clima conservador, el cineasta francés reflexiona en Les biches sobre las relaciones de poder y los juegos amorosos, temas que serán de ahora en adelante la carta fuerte del cine galo y, por lo que éste sería estereotipado.

Still de Les biches, Claude Chabrol, 1968. Tomada de Cinemanni.

 

33. La prisionnière (Henri-Georges Clouzot, Francia-Italia)

La última película del maestro del trhiller autoral es sin lugar a dudas un viaje de LSD. La psicodelia aparece aquí a todo lo que da, en una historia que si bien presenta un cuadro intenso (una chica obsesionada con un galerista y fotógrafo que la lleva por el oscuro lado del sadomasoquismo), también presenta una interesante postura sobre la percepción, la mirada y la perversión que actúa precisamente como un estimulante que afectara a esos elementos sensoriales. Se trata de una pieza visual que trae a la gran pantalla un poco de arte pop y del hervidero sexual que implicaron los años 60.

 

32. Besos robados (Baisers volés, François Truffaut, Francia)

Se trata de la penúltima entrega del «ciclo de Antoine Doinel», personaje que el cine mundial vio crecer desde la icónica Los 400 golpes (1959) y que Truffaut eligió para traducir, si no su vida, sí su particular historia emocional y plantear su carta de amor al cine mismo. Es un tanto de comedia del absurdo y otro tanto de comedia romántica donde la efervescente vida del joven, interpretado por el legendario Jean-Pierre Léaud, va a girar en torno a las conquistas amorosas y la odisea de trabajo en trabajo a la manera de una narración fragmentada, popular a finales de los años 60.

Still de Baisers volés, François Truffaut, 1968. Tomada de Pinimg.

31. Lucía (Humberto Solás, Cuba)

1968 era el momento de hablar de Cuba, de hablar de América Latina y su suerte a lo largo de los últimos cien años. Solás lo lleva a cabo desde la mirada de tres mujeres como punto de inflexión, esto para llevarnos a pensar en la etapa de colonialismo, el capitalismo brutal y la revolución socialista. Las tres Lucías que protagonizan la cinta en tres periodos históricos (finales del Siglo XIX, los años 30 y el presente) reflexionan y critican, no sólo el momento que intentan representar, sino también las situaciones que el discurso de las jóvenes colocaron en primer plano, desde la ruptura con el machismo hasta la denuncia de la represión de quienes ostentan el poder oficial.

Still de Lucía, Humberto Solás, 1968. Tomada de FICG.

 

Julio César Durán es editor y colaborador de la revista electrónica F.I.L.M.E., además de ejercer la crítica cinematográfica en diversos medios electrónicos. También es Jefe del Área de Prensa en la Cineteca Nacional, así como conductor de los programas radiofónicos Filmofilia para Grupo Fórmula que se transmite los bados a las 11 horas por el 1500 de AM, y FilmeRadio en Radio IPN, que se transmite todos los miércoles a las 22 horas por el 95.7 de FM. Ha formado parte del Berlinale Talents en el FICG y ha publicado en libros como Un cine revolucionado. Atisbos de modernidad en la cinematografía nacional (1910-1950) y la edición especial de Correspondencias: Cine y pensamiento.

 

Julio César Durán