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Intervención Fachada Lugar Común, Alfredo Jaar, Estudios sobre la felicidad, 1979-1981 (2016). Monterrey, México. © Marco Treviño y Priscila Mier
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Convivio Lugar Común (2016). Monterrey, México. © Marco Treviño y Priscila Mier
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Convivio Daniel Garza Usabiaga y Edgar Orlaineta Lugar Común (2016). Monterrey, México. © Marco Treviño y Priscila Mier
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Vista Lugar Común (2015). Monterrey, México. © Marco Treviño y Priscila Mier
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Publicaciones Programa Curatorial Poéticas del decrecimiento XII Bienal FEMSA (2016). Monterrey, México. © Marco Treviño y Priscila Mier
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Vista Lugar Común (2015). Monterrey, México. © Marco Treviño y Priscila Mier
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Primer montaje Yolanda Ceballos, Rolando Jacob, Alejandro Cartagena y Carlos Edelmiro (2016). Monterrey, México. © Marco Treviño y Priscila Mier
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Cuarto Montaje Melanie Smith, Gerardo Monsiváis, Daniel Pérez Ríos, Oswaldo Ruíz y Rolando Jacob (2016). Monterrey, México. © Marco Treviño y Priscila Mier
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Cuarto Montaje Melanie Smith, Gerardo Monsiváis, Daniel Pérez Ríos, Oswaldo Ruíz y Rolando Jacob (2016). Monterrey, México. © Marco Treviño y Priscila Mier
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Taller Daniel Steegmann (2016). Monterrey, México. © Marco Treviño y Priscila Mier

XII Bienal FEMSA: Lejos del escaparate museográfico

Octubre 04, 2016

“Tenemos que dejar de lado la noción de las bienales como escaparates museográficos y concursos de belleza”, apunta Willy Kautz al platicar con Código sobre la 12 edición de la Bienal de FEMSA. Desde su primera edición en 1992, el proyecto se concibió como un concurso de artes visuales que, a través de una convocatoria pública, se seleccionaba a artistas para conformar una exposición. Aunque parte de su legado sigue presente, este año la bienal propone un nuevo proceso curatorial que cuestiona y replantea el despliegue expositivo de este tipo de muestras.

Director artístico de la plataforma curatorial de la XII Bienal de FEMSA, Kautz pone en contexto la noción de las bienales para generar una dinámica de alternancia frente a un formato que es cada vez más endeble: “es notorio cómo, durante la década de los noventa, la proliferación y discusión sobre la pertinencia de las bienales como aliciente del circuito global se decantó por las revisiones curatoriales que, de forma general, presentaban, en su mayoría, diagnósticos sobre la contemporaneidad. O bien, conceptos y teorizaciones aventuradas que pusieron en marcha nuevas visiones tanto para comprender lo que sucedía en el mundo del arte como afuera del mismo, en el ámbito público.”

Así, esta edición de la bienal representó la oportunidad de reflexionar sobre el concepto y los formatos. El planteamiento del director artístico giró en torno a dos ejes: “por un lado, se tomó en consideración [el] origen [de la bienal] en el modelo del certamen o el salón y su paulatino interés en modelos curatoriales desde su IX edición. Y por otro lado, un concepto que permitiera concebir una propuesta curatorial desde la perspectiva de la ecología política, pero localizada en la historia industrial de la ciudad de Monterrey”, donde se lleva a cabo el proyecto.

De acuerdo con Kautz, toda la bienal se concibió como un programa curatorial y público desplegado en diferentes capítulos. En octubre de 2015 arrancó con Lugar común, un espacio de residencias instalado en Monterrey en el que la producción artística y el intercambio de ideas estaba regido por la idea del “vivir bien juntos”. La filosofía quedaba enmarcada por una primera comisión a la fachada del lugar donde el artista chileno Alfredo Jaar montó su famosa frase “¿Es usted feliz?”. Durante este proceso, Leo Marz, curador local e integrante del equipo curatorial de la Bienal, convocó a la comunidad artística de la ciudad regia para denotar una serie de convivios y ocupar el lugar para crear, pensar, platicar, montar, exponer, expresar. Por su parte, el final decantaría en las fases museográfica y expositiva.

Con un cambio de formato y frente a la distancia que separó a la bienal de una mera exposición con principio y fin, una pregunta rondaba a nivel público: “mucha gente nos preguntaba ¿cuándo va a ser la Bienal?”, cuenta Kautz. La respuesta no parecía obvia: “¡Estás en ella! Pero la forma también está definida por el concepto. El título de la bienal, Poéticas del decrecimiento. Cómo vivir mejor con menos, lo revela: “La noción de decrecimiento propone también una crítica sobre la escala del formato bienal como modelo de circulación y distribución simbólica. Comparar la bienal con un ovni, es decir, un ‘platillo volador’ en el que viaja gente que habla un idioma extraño, luego hace una fiesta y se va, tal como lo ha caracterizado el curador Gerardo Mosquera, es una manera muy precisa para explicar el fenómeno circense que reproducen las bienales.”

Desde una perspectiva teórica-conceptual, Poéticas del decrecimiento. Cómo vivir mejor con menos plantea un acercamiento de mutua relación entre el consumo y la ecología. Kautz explica que “el título […] propone enlazar la consigna de la vertiente ecológica decrecentista que dice que es imposible seguir creciendo ilimitadamente en un planeta con recursos finitos, con la narrativa de la desmaterialización que fuera el telón del fondo de gran parte de las vertientes conceptuales del arte desde los sesenta.”

¿Cómo llevar estas ideas al terreno del arte? Para el curador, “al girar este concepto al arte, lo que se pone en discusión es cómo los artistas participantes reformulan las prácticas conceptuales desde la reflexión ecológica”. Así, en este contexto y sin perder de vista el espíritu de Monterrey, “entretejer la consigna del decrecimiento con la poética del arte contemporáneo trae a la luz la discusión sobre cómo muchos artistas hoy en día proponen, desde sus investigaciones poéticas, una inmigración del paradigma económico al ecológico. Una discusión que se vuelve muy relevante en el contexto de una ciudad postindustrial”

Desde la práctica artística, la investigación y la reflexión, en Lugar Común se generó un espacio que, a través de convivios, talleres, charlas, montajes, etc., se profundizaba en el concepto de la Bienal. Para Kautz, “Lugar Común fungió como un espacio social en el que convivían los residentes con los artistas de Monterrey, de tal suerte que la Bienal no era solamente un dispositivo museográfico. Pensamos que la curaduría debería llevase a cabo con las puertas abiertas.” En este ejercicio, el curador Leo Marz y Ana Cervantes (productora del Programa curatorial) estuvieron a cargo de generar un diálogo con la comunidad local.

Uno de los aspectos más interesantes de Lugar Común era la premisa que regía su ánimo como espacio: ¿Cómo vivir mejor con menos? Kautz concibió el cuestionamiento como una posibilidad para abordar la problemática desde una perspectiva poética: “Es una pregunta que lanzamos con la idea de crear una discusión sobre el consumo y las contradicciones que se desprenden de la idea de lo común en el marco de lo económico al que estamos suscritos […] Tal vez, la primera respuesta sería otra pregunta: vivir mejor con menos, ¿pero menos qué? El telón de fondo que la pregunta intenta crear tiene que ver con la necesidad cada vez más imperante que ha dejado en manifiesto lo que podríamos llamar giro ecológico. ¿Cómo salirse del imaginario del consumo? Está ligado a la noción del decrecimiento y la inmaterialidad, así como a la capacidad de simbolización del arte para, hasta cierto grado, descolonizar los imaginarios colectivos o crear otros nuevos.”

Artistas como Alberto Navarro, Atelier Romo e Isauro Huizar, así como el curador Daniel Garza Usabiaga, ocuparon Lugar Común como residencia, mientras que Daniel Steegmann, Edgar Orlaineta, Fritzia Irízar, Gabriel de la Mora, Jorge Satorre, Mariana Castillo Deball, Melanie Smith, Rodrigo Hernández, Rometti-Costales y Tercerunquinto fueron comisionados, de acuerdo con Kautz, para abordar el concepto de la bienal desde una manera reflexiva: “esta edición de la Bienal FEMSA reivindica el potencia de la poética en el arte, un modo sensible de entender el mundo contemporáneo que a la vez combina muchas formas de investigar y conocer.”

La selección curatorial partió de un interés: dar cita a artistas cuyo pensamiento y estéticas giran de lo económico hacia los ecológico. “Los proyectos que integran la Bienal nos permiten entender relaciones entre la historia industrial y las configuraciones sociales, la transformación del entorno en recursos y valores, las políticas de la naturaleza, la necesidad de reformular la relación entre lo humano y lo no humano, los nuevos imaginarios de lo común, el Antropoceno, etc.”

Aunque Lugar Común busca mantenerse como un espacio de reflexión, la última fase de la XII Bienal FEMSA integra dos exposiciones en la Nave Generadores y la Nave Dos del Centro de las Artes de Monterrey. A inaugurarse este 13 de octubre, ambas muestras también están guiadas por el eje rector del decrecimiento: “El concepto del decrecimiento fungió como un mecanismo para revisar el arte como una forma poética de investigación que opera desde hace tiempo más allá de la autorreferencialidad o los discursos del arte sobre el arte, o del arte como concepto o filosofía analítica.”

Al programa curatorial y público también se suma otro editorial, a cargo de Nicolás Pradilla, cofundador de Taller de Ediciones Económicas. Su propuesta ha sido realizar publicaciones de artistas que se presentaban durante los montajes de Lugar Común. Además, también se realizarán publicaciones con los artistas residentes. Pero el programa de la XII Bienal FEMSA aún está en proceso.

 

 

[4 octubre 2016]

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