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La vigilancia como catástrofe. Entrevista con Mario Santamaría

febrero 26, 2014

Para Mario Santamaría (Burgos, 1985) todos somos vigilantes, pero la mirada hace la distinción. En proyectos como Collage CityCtrl [Lag] o Discursos para el Final de los Tiempos, el artista ha analizado rigurosamente el funcionamiento de los sistemas de vigilancia y las narrativas de las imágenes producidas por éstos.

En esta entrevista, el artista español comenta sobre el impacto que ha tenido la vigilancia en la forma de ver y experimentar las imágenes e incluso las ciudades.

En tu práctica artística es evidente tu interés por explorar los sistemas de vigilancia. Proyectos como Collage City o Ctrl [Lag] revelan la vulnerabilidad de estos sistemas y la amenaza que representan en contra de la privacidad. Desde tu perspectiva, ¿qué posibilidades consideras que ofrece el arte frente a este fenómeno?

El arte ofrece posibilidades para mirar de nuevo y para mirar con “nuevos ojos”. Existen tantas alternativas como diferentes artistas y prácticas. Aunque estemos rodeados e incluso saturados de ciertas imágenes —y de aparatos que las generan y las reproducen—, muchas se nos ocultan. Las relaciones de poder entre los procesos de producción, distribución y acceso son discursos importantes dentro de las prácticas artísticas contemporáneas. Hay trabajos que han sido capaces de desbordar o hacer visibles estas lógicas. En el caso de estos proyectos, exploré la expansión de los sistemas de videovigilancia dentro de la cultura mediática de Internet. Por ejemplo, el uso de comunidades locales para el monitoreo de cámaras de vigilancia en la frontera entre Estados Unidos y México. Se trata de un caso sintomático: se implementan dinámicas que permiten a los usuarios vigilar la frontera desde su computadora. En realidad no son vigilantes, son “usuarios” realizando un trabajo que les genera prestigio dentro de una comunidad virtual.

En proyectos como Video is Television? o Anuncios políticos, Antoni Muntadas ha explorado la manipulación de las imágenes como un ejercicio que, quizás, es resultado del imperante deseo de ver que caracteriza a la sociedad actual. A propósito de estos proyectos, el artista ha comentado: «Me interesa hacer visible lo invisible.» ¿Cuál crees que ha sido el papel del arte en la construcción de la mirada?

Nuestra mirada está codificada, entre otras cosas, por nuestra cultura visual; es un proceso continuo y abierto. La imagen o el texto no son neutros, son una producción que responde a diferentes necesidades. Por su parte, el arte se ha preocupado por hacer visibles las estrategias que se esconden detrás de las imágenes y que funcionan con nuestra propia mirada. En muchos casos revelan las formas que utilizan la televisión y el cine para articular determinados discursos de poder. No obstante, el arte parece haber dado un paso atrás para poder introducir en plano a la propia cámara. Se antoja necesaria una distancia brechtiana contra la ilusión y la captura para privilegiar la mirada crítica, consciente de que la percepción requiere de participación.

 

 

En Comentarios a la ciudad pantalla o Discursos para el Final de los Tiempos has creado (o quizá revelado) lecturas del espacio público, de la ciudad y de lo aparentemente privado desde la mirada de la vigilancia. ¿Qué tipo de narrativas consideras que han provocado estos sistemas (cámaras de vigilancia, streaming, CCTV, etc.)?

Los tres proyectos son bastante distintos, pero todos muestran imágenes de cámaras IP, la versión digital de los antiguos CCTV. Lo importante es la creación de un nuevo observador que se cuestione cómo está siendo codificada la mirada con el uso de una nueva generación de dispositivos. No es suficiente con verlo todo, es necesario visualizar todo el proceso detrás de la producción de imágenes. Hay factores importantes respecto a la forma en que actualmente vemos las imágenes producidas por estos sistemas. Su inclusión en bases de datos posibilita nuevas formas de navegación a través de ellas. Otro elemento importante es la multipantalla: nos hemos habituado a la visualización simultánea de diferentes cuadros dentro de una sola pantalla. Es evidente que nuestra relación con las imágenes ha cambiado y ha provocado otras formas de montar representaciones. Estas políticas de visibilidad modifican nuestras ciudades. Las cámaras de red se han convertido en un elemento de promoción turística que señala aquello que debe ser visto. Hay todo un mercado con el turismo virtual. Y esto repercute en el propio espacio urbano. Por ejemplo: tras la construcción de un monumento, las autoridades pueden determinar qué elementos pueden obstaculizar la visión del mismo. Producir y proyectar la imagen adecuada está por encima de otros principios que deberían regir la planificación urbana.

¿Qué tipo de ciudad muestra Collage City?

Collage City fue pensado como una versión del proyecto Naked City, de Guy Debord. Perseguía la idea de la psicogeografía: calles practicadas y ciudades que no se rigen por regulaciones políticas para gestionar el territorio sino por las experiencias que en ellas acontecen. Así, Collage City es consumida por los ojos en la distancia. Es una ciudad bajo la mirada, compuesta de fragmentos de espacio urbano sobre los que se posa el ojo máquina. Ese espíritu situacionista de experimentar la ciudad tiene que ver con lo imprevisible, con el riesgo, con la aventura. Esa práctica dibuja una ciudad que escapa a normas y donde cualquier cosa es posible. La ciudad pantalla es fría, distante y calculada, pero incluso así tiene algo de descontrol: la intromisión de imágenes de espacios privados dentro de este caos de cámaras. La popularización de estos sistemas hace que podamos ver patrones por los que camina el “cibervoyeurismo”.

 

 

Desde tu postura como artista y vigilante crítico, ¿cómo observas la tensión entre lo público y lo privado?

Las fronteras entre lo público y lo privado se han desdibujado no sólo en relación a la imagen sino por la forma en que se produce y circula la información. Para los sistemas de vigilancia, la imagen es un conjunto de datos que pueden ser leídos y sobre los que han de construirse parámetros operativos cada vez más avanzados. Los vigilantes tradicionales son objetos de museo. Todos supervisamos datos y, por supuesto, todos vigilamos. La verdadera posición de privilegio es aquella que ve sin ser visto; el poder, el control y la vigilancia se ejercen desde la invisibilidad y el anonimato. Nada de lo que hacemos mientras estamos frente a una computadora queda entre ella y nosotros. El espacio de intimidad ha cambiado totalmente: las ventanas nos conectan constantemente con el exterior o, mejor dicho, con otros interiores.

 

 

A propósito de Discurso para el final de los tiempos, mencionaste en una entrevista para El País que «la vigilancia no remedia la catástrofe, la representa.» ¿Cómo se ejerce esta representación?

La vigilancia representa una catástrofe que la ciencia ha sido capaz de prever; es una amenaza detectada. Discurso para el final de los tiempos se basa en la relación entre ciencia, representación y miedo, que se genera en el cine catastrófico. Si buscamos en este tipo de películas, encontraremos imágenes —producidas por técnicas científicas— que muestran todo aquello que nuestros ojos no eran capaces de ver: infografías de un objeto a miles de kilómetros, trayectorias de cometas, simulaciones de destrucción y toda clase de previsualizaciones de la amenaza y la catástrofe. La autoridad señala un monitor donde aparece un enemigo del que sólo los mismos que producen tal representación pueden salvarnos.

¿Qué discursos has observado detrás  de las imágenes producidas por la vigilancia y por los dispositivos de la mirada?

No es ninguna sorpresa decir que el discurso dominante es el miedo y la transparencia con el fin de garantizar unas relación de poder y/o dominación. Pero también es importante recordar que estamos inmersos en un proceso de capitalización total de nuestros globos oculares, como lo menciona Jonathan Crary. Creo que algo de eso también está presente.

www.mariosantamaria.net


Especial: La civilización de la mirada

01. Vigilar a los vigilantes. Entrevista con Gérard Wajcman
02. Mirar y vigilar. 50 proyectos artísticos [Parte 1] [Parte 2] [Parte 3] [Parte 4] [Parte 5]
03. Moda y vigilancia. 5 proyectos
04. La vigilancia como catástrofe. Entrevista con Mario Santamaría
05. La vigilancia en el cine: 8 momentos
06. Moda en el cuerpo dócil —Sociedades controladas por la vestimenta


[26 de febrero de 2014]

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