Suzanne Lee
Sembrar bacterias para obtener un abrigo o una falda parece ciencia ficción. ¿Llegará el día en que la creación y el consumo no representen el uso de recursos? Platicamos con una de las precursoras de la técnica de crecer textiles.
Cuéntanos cómo te involucraste en el desarrollo de “crecer” fibras…
Comencé a involucrarme mientras investigaba para el capítulo de mi libro que habla sobre este tema. Entrevisté al Dr. David Hepworth, científico, investigador en materiales. Tuvimos una discusión de cómo la biología y la naturaleza podían ser herramientas para crear ropa. Me contó que era posible hacer crecer una prenda en el laboratorio usando ingredientes bastante comunes. Para mí eso fue algo increíble. Sonaba tan poco imaginable… Eso fue hace seis años, en 2004.
¿Cómo te imaginas el futuro comercial para estos nuevos textiles?
Aun cuando todo comenzó como un proyecto de moda experimental, me parece que ahora está muy claro que éste puede ser un material muy interesante para varias industrias. Todo el mundo está buscando maneras más ecológicas y sustentables de producir objetos, y este material puede aplicar en múltiples contextos y usos comerciales. Ciertamente ahora podemos crear prendas, pero tal vez en un futuro puedan ser sillas, el asiento de un coche o incluso una casa.
Pude ver en la red videos de la BioCouture. El proceso bacterio-celular me parece muy orgánico; es decir la manera en que la material crece y se desarrolla. Es incluso una imagen primitiva…
Es completamente orgánico. Se trata sólo de un proceso de fermentación absolutamente natural. No estoy muy segura de en qué sentido usas primitivo, ¿te refieres a ello por su simplicidad o por su falta de sofisticación?
Es cierto que puede parece simple el sólo cosechar lo que se produce de este proceso bacterial. Pero lo que se lleva a cabo a nivel biológico es increíblemente sofisticado y hermoso.
El proceso toma alrededor de dos semanas de crecimiento para lograr un material suficientemente espeso, más un par de días más de secado para que se logre la forma de una prenda. Es necesario tener un espacio para producir, pero no hay razón por la cual no pudiera ser elaborado en casa. De hecho, adoro la idea de que la gente, en el futuro, creará y cultivará su propia vestimenta.
¿Y cuánto duran los textiles creados bajo el proceso bacterial celuloso?
Hasta ahora, un par de años, pero eso se debe a que mi investigación no se centra en prolongar su duración. De cualquier manera, al finalizar su ciclo de vida, pueden desecharse en el cesto de composta o basura orgánica.
Más allá de las tendencias de la moda, ¿cuál crees que sea el futuro de la ropa?
Está muy claro que actualmente es necesario encontrar más métodos y materiales sustentables de producción, transportación y desecho. Todo esto genera un motor de búsqueda importante. La lección de mi libro es que las fibras tratadas con ingeniería nos ofrece una visión del futuro que propone la tela como una capa inteligente que detectará nuestro estado de salud y emociones, nos consentirá, se conectará e incluso podrá comunicarse por nosotros.
La industria de la moda no sólo contamina a través de sus procesos de fabricación, sino también con los cambios tan vertiginosos de temporada y tendencias que generan muchos desperdicios. ¿Qué piensas de esto?
Lo aborrezco. Todas las razones por las que me enamoré en un principio de la moda, ahora me causan conflictos. BioCouture es para mí una respuesta a toda la pesadilla ambiental que genera la industria de la moda.
Históricamente la moda se ha centrado más en la forma que en los procesos. ¿Crees que alguna vez veremos que eso se revierta? ¿Hay marcas que ofrecen productos de este tipo?
No olvidemos que la moda está totalmente centrada en la imagen. La gente no va a elegir ropa ecológica si es fea, siempre querrán verse atractivos. Debe haber un equilibrio entre proceso y forma. Las marcas han mostrado mucho interés tanto en ropa de hombre, mujeres y accesorios, pero el material no está listo aún para el mercado.
¿Y cuándo estará listo para formar parte de nuestra vida diaria?
¡Cuándo alguien me dé suficientes fondos para completar la investigación! Todos quieren el producto, pero nadie quiere asumir la parte financiera de la investigación y desarrollo.
¿Y qué piensas de las técnicas tradicionales? ¿Serán parte del futuro de los textiles?
Espero que sí. Algo que me llamó la atención cuando visité México, fueron las mujeres que tejían en telar de cintura; me di cuenta de la cantidad de trabajo y habilidad que se requiere. En un mundo en lo que hay tantas cosas automatizadas, la perdida de las habilidades artesanales avanza de forma alarmante. Es urgente preservar y reinventar estás técnicas para que no se pierdan. Los consumidores necesitan ser más conscientes de todo el proceso que implica producir una pieza artesanal para así hacerles notar la relevancia de conservarlas para el futuro.
En tu libro hablas del trabajo de diseñadores como Walter Van Beirendonck, Hussein Chalayan e Issey Miyake, ¿podrías hablarnos más al respecto?
Lo importante de estos diseñadores es que su hilo creativo se conduce a través de la búsqueda de nuevos materiales y tecnologías. Para ellos es parte de su andar creativo, son como niños jugando con ideas aventuradas.
Y qué hay del comercio justo, ¿puede cazar con esta tendencia?
Mi sueño es perfeccionar esta técnica para que se puedan elaborar prendas con los mínimos recursos y de una manera simple y local. Estoy totalmente a favor del comercio justo y creo que la mejor manera de apoyarlo es ayudar a la gente a producir sus bienes de manera local e individual.
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