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Fernanda Canales, Sala de lectura (2015). © Jaime Navarro
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Fernanda Canales, Sala de lectura (2015). © Jaime Navarro
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Fernanda Canales, Sala de lectura (2015). Modelo
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Fernanda Canales, Sala de lectura (2015). Modelo

Salas de lectura: Arquitectura pública todo terreno

Septiembre 21, 2016

El espacio público es una noción cada vez más vulnerable y ambigua. En nuestro país puede representar todo y a la vez nada: zona comercial —legal o no—, estacionamiento, albergue para los desprotegidos, cancha de fútbol, comedor comunitario, punto de encuentro o convivencia, y muchos etcéteras. La ambigüedad de sus vacíos legales, aunque afecta la ocupación del territorio de forma conveniente para la comunidad, ha detonado una serie de apropiaciones que no sólo expresan una creatividad única, sino una demanda real por el uso de los espacios públicos.

El fenómeno es similar e incluso más problemático en conjuntos de vivienda donde, por ejemplo, los espacios destinados a la cultura son prácticamente nulos o carecen de una infraestructura propicia para el contexto. En el uso y disfrute del espacio público, ¿cuáles son las posibilidades que puede aportar la arquitectura? Para Fernanda Canales (Ciudad de México, 1974), la disciplina puede aprender de las formas de convivencia que se dan en estas zonas para generar propuestas útiles y simbólicas. Así lo ha dejado ver con su más reciente proyecto Salas de lectura: “No existen límites en cuanto a la apropiación del espacio por parte del público. El proyecto es una oportunidad para aprender de los usuarios y del poder que tienen las comunidades cuando se genera un espacio propio que llenen de interpretaciones y nuevos significados”.

Las Salas de lectura es un proyecto arquitectónico a cargo de Canales, auspiciado por el INFONAVIT y CONACULTA. Se trata de un módulo mínimo que es multifuncional y replicable, su diseño “parte de transformar un cajón de estacionamiento abandonado (las típicas jaulas para coches y basura que representan la privatización del espacio público en nuestras ciudades) en una sala de lectura y un espacio colectivo donde se [pueden] llevar a cabo eventos tan diversos como clases de baile, talleres infantiles o incluso una primera comunión.” Y aunque está concebido originalmente para ofrecer un espacio de lectura, como comenta la arquitecta mexicana, la función que han adoptado las salas demuestra una problemática real: “El sentido simbólico que han adquirido da cuenta de la carencia de espacios públicos que existe para la mayor parte de la población”.

Mientras CONACULTA está a cargo de la donación de 1000 libros por cada unidad, el INFONAVIT ha impulsado la propuesta con el objetivo de generar infraestructura pública accesible, útil y que implique una arquitectura tanto atractiva como de gran calidad. De acuerdo con Canales, “el proyecto surge de una iniciativa de Carlos Zedillo, que bajo el programa Mejorando la Unidad en el Infonavit está planteando diversos proyectos que permitan mejorar la vida en conjuntos de vivienda problemáticos”. Además, la arquitecta añade que el esfuerzo busca dar salida a los pretextos tradicionales que desde la administración pública se otorgan para evitar mejorar la calidad de vida de los habitantes de unidades habitacionales: “muchos de los conjuntos creados por Infonavit se hicieron hace décadas y carecen de infraestructura renovada y espacios seguros. Así, este ejercicio plantea un punto de vista distinto frente argumentos típicos como ‘no hay dinero’, ‘no hay espacio’, ‘no podemos hacer nada para mejorar la vida de miles de personas’. Hemos comprobado lo opuesto: con un mínimo de recursos y en menos espacios que lo que ocupa un coche se puede cambiar la vida de una comunidad”.

Las Salas de lectura son un módulo con una planta de 2,50 x 5.00 m. Su superficie inicial construida es de 25 m2 como módulo horizontal y 50 m2 como módulo vertical, pero su diseño arquitectónico permite modificar la composición o expandir el área —con dos o más módulos— de acuerdo a las necesidades de los usuarios. El diseño de la estructura está pensado para ofrecer un espacio público seguro de doble vista: su interior, aunque reservado para ofrecer una ambiente apto para la lectura u otras actividades que requieran concentración, contempla el exterior; y desde afuera, se puede observar lo que sucede adentro incluso cuando es de noche.

Por su parte, los materiales de construcción fueron seleccionado pensando en la sustentabilidad del proyecto y su tiempo de vida: “el proyecto surgió de blindar su futuro: está pensado para que no se pueda romper (por eso no hay cristales) y que todo se pueda conseguir en una ferretería común. Sólo se utiliza concreto, blocks de concreto, puertas de metal, focos sencillos a modo de lámparas y triplay de madera para los muebles. No hay más elementos. Son económicos, fácilmente reemplazables y pensados contra el vandalismo, el robo y para una total apertura visual y auditiva de lo que sucede al interior del espacio.”

Una de las características más importante del proyecto arquitectónico contempla el presente y el futuro de las Salas, así como las diferentes adversidades del contexto. Fernanda Canales lo describe como un proyecto “todo terreno” que se puede construir en menos de una semana, en prácticamente cualquier contexto: “El propósito fue hacer un prototipo replicable, capaz de construirse en cualquier parte (el mobiliario está elevado, pensando en inundaciones de más de un metro de altura) y sirve tanto en climas cálidos (por eso tiene una celosía) como en lugares fríos y húmedos (tiene ventilación cruzada) y su altura permite la captación de los rayos solares”.

Además, las posibilidades que ofrece su diseño es que puede ser replicado sin olvidar la calidad arquitectónica: “Son edificios a prueba de una falta de presupuesto, una mala calidad constructiva y un nulo mantenimiento.[…] La idea era demostrar que con un módulo de 2.5 x 5 m podía hacerse algo realmente económico, pensando en la autoconstrucción y que fuera fácil de mantener. Pueden juntarse dos o más módulos y hacer espacios más amplios o construír un segundo piso para hacer un módulo vertical, que además sirve de lámpara durante la noche”.

En términos simbólicos y de apropiación, las Salas de lectura también se han convertido en salas de estudio, salón de pláticas, convivios sociales, reuniones vecinales y hasta área de deportes. Hasta el momento se han replicado en ciudades de 12 Estados: Campeche, Tepic, Oaxaca, Cuautlancingo (Puebla), Cancún, Culiacán, Mérida y Zacatecas. Su funcionamiento y apropiación responderá al contexto y se transformara en tantas cosas como la comunidad lo desee. “Los autores del proyecto serán, en realidad, las propias comunidades”, concluye la arquitecta.

 

[21 septiembre 2016]

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