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Culturunners, Tear Down the Wall (2014). © John Mireles
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Imagen del Concurso Internacional de Diseño Building The Border Wall? (¿Construir el muro fronterizo?) (2016). Imagen tomada de buildingtheborderwall.com
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Mapa topográfico de la frontera entre México y E.U.A. Imagen tomada de buildingtheborderwall.com
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Actual muro fronterizo entre E.U.A. y Mexico (2016). Imagen tomada de buildingtheborderwall.com
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Frontera entre E.U.A. (izquierda) y Mexico (derecha) (2016). Imagen tomada de buildingtheborderwall.com
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Niño escalando el muro en Brownsville. Imagen tomada de buildingtheborderwall.com
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Hombre pescando en las playas de Tijuana junto al muro. © Eekiv. Imagen tomada de buildingtheborderwall.com
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Monumento a los muertos en la frontera México-EUA. © Tomas Castelazo. Imagen tomada de buildingtheborderwall.com
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Ana Teresa Fernández, Borrando la frontera (2012). Frontera entre Tijuana y San Diego. Cortesía de la artista y la Galería Wendi Norris/Código 94
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Ana Teresa Fernández, Borrando la frontera (2012). Frontera entre Tijuana y San Diego. Cortesía de la artista y la Galería Wendi Norris/Código 94
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Ana Teresa Fernández, Borrando la frontera (2015). Nogales. Cortesía de Rebekah Cheyane. Imagen tomada de anateresafernandez.com
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Imagen como respuesta a la declaración de AIA, en apoyo el Presidente electo Donald Trump con la leyenda “#NotMyAIA” (2016). Imagen tomada del Twitter de Archinect @archinect
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Lupe Flores, Abrazos no balazos/Hugs not Slugs (2016). Galería Apexart. Imagen tomada de la web de la galería

Colaboración o confrontación: los retos de la arquitectura en la era Trump

noviembre 17, 2016

Después de una campaña demencial, las piezas de la maquinaria parecen reencontrar su sitio y su movimiento. No es poca cosa: el relevo desplegará tranquilamente los hilos de la continuidad. Al mismo tiempo, no puede dejar de verse la ceguera de esta urgencia por normalizar lo catastrófico.
Jesús Silva-Herzog Márquez
Contra la normalización

 

Los arquitectos somos un gremio que practica la disrupción —formal o discursiva—, pero para subsistir anhela los ambientes estables, la normalidad. Hace algunas semanas, la idea de un muro en la frontera entre México y los Estados Unidos seguía siendo, como su promotor, una caricatura. Recordemos, sin embargo, que el concurso lanzado por Third Mind Foundation fundamenta su convocatoria en la popularidad —esa forma de normalidad— de una aberración: “(…) esta es una idea que está ganando algo de apoyo entre una cantidad considerable de estadounidenses, creemos que debe considerarse un tema arquitectónico de importancia. Una barrera fronteriza de cualquier tipo plantea desafíos formidables para el arquitecto”. Los arquitectos estamos para que nos desafíen, para dar una respuesta sagaz, pero sin mover el tablero. Queremos seguir jugando.

Si las connotaciones éticas en la “provocación” de este concurso son cuestionables, como las que apunta Pedro Hernández en el texto que le dedicó al asunto, ante la victoria del candidato republicano la respuesta dócil de Robert Ivy y algunos dirigentes del AIA, resultó escandalosa (Alejandro Hernández relató ya extensamente el episodio). El resultado de ese mensaje, que para muchos es una insultante actitud cómplice por parte de su representación gremial, ha desatado bajo la etiqueta #NotMyAIA una discusión abierta en los medios y las redes sociales sobre las responsabilidades de los arquitectos y sus cuerpos colegiados.

Ante el “festín caníbal”, como lo ha llamado Michael Sorkin, muchos ya han declarado su repulsión. El tamaño del banquete es, de acuerdo al “contrato” del presidente electo con el votante estadounidense, de 1 billón de dólares durante diez años. El tablero luce enorme, no importa con cuántas mentiras y afrentas esté sostenido. Como todas las promesas de campaña de su promotor, existe poca claridad sobre los objetivos, alcances y métodos precisos. Ambos contendientes por la presidencia de Estados Unidos impulsaron la idea de reformar la infraestructura para generar empleo: aeropuertos, puentes, carreteras, etc. Las preguntas urgentes no están en la propuestas de una Ley Americana de Energía e Infraestructura, sino en otros capítulos de ese contrato. Además del esperpento del muro, ¿qué tipo de infraestructura podría requerir el plan de deportación inmediata de varios millones de indocumentados?

Como parte de la compilación de opiniones “What Designers Should Do Now, recogida por la publicación Fast Company, Garrett Jacobs, director ejecutivo de Open Architecture Collaborative, llama a confrontar nuestros privilegios:

“Ahora más que nunca, los diseñadores tenemos que enfrentar a los sistemas económicos y sociales en los que trabajamos, necesitamos confrontar nuestra capacidad privilegiada para captar la atención de los líderes y reconocer que la mayoría de la gente no tiene ese poder. Debemos utilizar nuestra comprensión de códigos, políticas y modelos económicos de inclusión intencionalmente exclusivos, traduciendo el lenguaje complejo para aquellos marginados de los mismos sistemas que ayudamos a coordinar. Tenemos que preguntar, literalmente, para quién trabajamos, porque la justicia social ya no tiene defensor en la cima.”

Aun en los estertores de su degeneración, parte de la cultura norteamericana da muestras de su vocación crítica.

De este lado de la frontera, la normalización de la complicidad entre gobernantes impresentables y sus arquitectos mantiene su acostumbrado tono sigiloso. Ya suena a un antecedente lejano aquella victoria —a medias— de un gremio aguerrido y articulado ante el proyecto del Corredor Cultural Chapultepec. Se despliegan desde entonces tranquilamente los hilos de la continuidad, parafraseando a Jesús Silva-Herzog Márquez. Detrás de cada despropósito de gobierno hay arquitectos. Detrás de las oprobiosas muestras de cleptomanía de exgobernadores en fuga hay despachos que no consideran urgente o cuando menos decoroso, decente, dar explicación alguna sobre su participación en obras que ayer se publicaban para ganar reconocimiento y que hoy ocupan expedientes judiciales y las páginas de los diarios. ¿La reacción de los colegas? No alcanza ni siquiera para el hashtag.

 

Víctor Alcérreca (@vicpolar) es arquitecto. Maestro en Cultura Urbana por la Universidad Politécnica de Cataluña, es profesor en la Universidad Iberoamericana y en CENTRO de Diseño, Cine y Televisión. Es miembro de la fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán.

 

[17 noviembre 2016]

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