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Guerrilla Girls (Kathe Kollwitz, Zubeida Agha y Frida Kahlo), 2015. Fotografía de Andrew Hinderaker. © Guerrilla Girls
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Guerrilla Girls, Reinventing the “F” Word - Feminism!(1985-2012). Coll. 49 Nord 6 Est - Frac Lorraine. © Guerrilla Girls.
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Guerrilla Girls, Reinventing the "f" word - feminism! (1985-2012). Coll. 49 Nord 6 Est – Frac Lorraine .© Guerrilla Girls
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GuerrillaGirls, Dearest Art Collector (1986). © Guerrilla Girls. Cortesía de guerrillagirls.com
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Guerrilla Girls Birth of Feminism Poster (2001). © Guerrilla Girls. Cortesía de guerrillagirls.com
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Guerrilla Girls, Reinventing the "f" word - feminism! (1985-2012). Coll. 49 Nord 6 Est – Frac Lorraine .© Guerrilla Girls
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Guerrilla Girls, Trump Announces New Commemorative Months (2016). © Guerrilla Girls. Cortesía de guerrillagirls.com
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© Guerrilla Girls
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Guerrilla Girls and Occupy Museums Statement and Protest at MoMA, NYC (2017). © Guerrilla Girls. Cortesía de guerrillagirls.com
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Guerrilla Girls, Anti-Billionaire and 30th Anniversary NYC Street Campaign (2015). © Guerrilla Girls. Cortesía de guerrillagirls.com

Resistir desde el arte. Entrevista con Guerrilla Girls

agosto 17, 2017

A más de tres décadas de su formación, la práctica de las Guerrilla Girls sigue más vigente que nunca. Platicamos con dos de sus integrantes, Frida Kahlo y Zubeida Agha, sobre su lucha desde el arte frente a la desigualdad de género y algunas nociones clave de su trabajo, como el artivismo y el anonimato.

— Su trabajo o acciones están muy ligadas al activismo. ¿Por qué decidieron realizar activismo a través del arte como plataforma? ¿Qué posibilidades les ofrece este medio con respecto a otros?

Frida Kahlo: Soy una de las fundadoras, he estado involucrada con el grupo desde que empezó y en casi todos los proyectos que el colectivo ha realizado desde entonces. En 1985 la situación en Estados Unidos con respecto a las mujeres en el arte era algo abominable. Los galeristas, críticos y curadores argumentaban cosas inverosímiles, como que las mujeres y las artistas de color no estaban produciendo el tipo de obra de arte que el mundo del arte buscaba. Cuando nos dimos cuenta de eso y lo comparamos con otros ámbitos de la cultura, nos dimos cuenta de que el mundo del arte estaba, en realidad, muy atrasado, no estaba a la vanguardia con respecto a la cultura en general. Si decías algo así en cualquier otra profesión  hubieras provocado una gran reacción. Así que desde el principio supimos que estábamos paradas en el lado correcto de la historia. Nos estábamos acercando a un tema que la gente ya tenía en mente. Nunca pensamos realmente que nuestra obra era «artivismo», sino que era algo que tenía que hacerse y mantenerse.

—Recientemente se ha discutido mucho sobre la relación entre arte y activismo, y sobre los límites que hay entre uno y otro. Tomando en cuenta su práctica, ¿qué significa y representa hacer «artivismo»?

FK: No estoy segura de que pensáramos estar haciendo artivismo. Realmente pensábamos que lo que estábamos haciendo era arte. Pero también lo concebíamos como activismo y política. En aquel entonces no se pensaba que el arte lidiara con la política como tal, sino que tenía su propia historia, su propio lugar y su propia experiencia.

Sólo estábamos enojadas, colocábamos pósters con temas de los que queríamos que la gente hablara. No estábamos pensando si era arte, sólo hicimos lo que el mundo del arte —que pretende ser muy adelantado y progresista— no estaba haciendo. De hecho, tampoco estoy segura de que estuviéramos pensando que hacíamos arte.

Zubeida Agha: Y, ¿sabes?, las Guerrilla Girls siempre han estado en un mundo no-guerrilla. Era natural que nuestra reacción frente al mundo que nos rodea fuera haciendo arte, porque esa es la forma en la que nos comunicamos.

— ¿Consideran que existen límites o fronteras entre el arte y el activismo?

ZA: En mi opinión personal —y tú sabes, Frida, que puedes estar en desacuerdo conmigo en esta respuesta—, no alcanzo a ver fronteras. Muchos artistas están creando obras profundamente relacionadas con la justicia social. Existe un lado muy activista en muchas obras visuales y de performance. Hoy en día cualquier artista que trabaje en este tipo de cuestiones políticas tiene que ser un activista en muchos sentidos. ¿Qué opinas, Frida?

FK: En realidad concuerdo contigo. Somos un colectivo pero no siempre estamos de acuerdo en todo; nuestras conversaciones suelen ser muy interesantes. Si echas un vistazo a la historia del arte del siglo XX encontrarás que existe una vena muy fuerte de activismo: en pósters mexicanos o de Sudamérica, pero también en el arte europeo, que siempre ha estado vinculado con la historia política. En la historia de la pintura, la tradición europea siempre ha registrado los sucesos históricos. No hay forma de representar la historia sin tener una actitud política.

— Ustedes comenzaron hace 30 años, en una época que ya padecía de problemáticas como la desigualdad social y de género, la discriminación racial, etc., pero que estaba por entrar en el vértigo de la globalización y el neoliberalismo. Como artistas y activistas, ¿qué cambios han observado desde entonces? ¿O cuál creen que ha sido el impacto?

ZA: Lo que ha cambiado, por ejemplo, tiene que ver con lo que comentábamos sobre las exposiciones sucediendo en el mundo del arte de Nueva York, donde no se incluían mujeres o artistas de color. La respuesta que obteníamos era: «Oh, es porque ellas no están creando un arte lo suficientemente bueno». Si alguien da ese tipo de respuesta ahora, todos dirían que está mal y que la falta de diversidad en las exposiciones es un verdadero problema. Pero el problema es que aún no existe diversidad en general, mucha gente tiende a pensar que se trata de un problema de las décadas de los setenta u ochenta, un asunto viejo. Sin embargo, se está convirtiendo en un tema más complejo. Por ejemplo, los museos presentan obras de tres artistas de color para hacer que sus exposiciones luzcan más diversas. O una galería incluye mujeres en una muestra colectiva, pero la mayoría de sus exposiciones individuales son de hombres blancos.

FK: En términos de globalización y neoliberalismo, a nivel internacional, la obra de arte se ha convertido en una cuestión propia del mercado y en un instrumento de inversión. Es un aspecto con el que, por supuesto, somos bastante críticas, porque eso no es la historia del arte, sino la historia del poder. Lo que está sucediendo en el mercado del arte, que se está filtrando a muchos, muchos museos, particularmente en Estados Unidos pero cada vez con mayor frecuencia en otros lugares, no es cultura, sino un registro del neoliberalismo, el capitalismo y la inversión. Los artistas deben resistir a eso, crear un nuevo panorama y nuevas formas de ser artista que eviten al mercado del arte. El arte es un objeto que no puede dividir ni estar controlado por individuos, es algo que todos pueden entender y a lo que todos pueden tener acceso.

— ¿Qué hay con respecto a las artistas mujeres? No estoy hablando de todas, pero ¿consideran que se han acoplado o conformado con un sistema del arte creado por hombres o que privilegia a los hombres?

FK: No existe una condición universal en el mundo del arte actualmente. Me disculpo por no estar muy informada de lo que está pasando en México. Sé mucho más sobre el contexto de Estados Unidos y, en cierto sentido, de Europa. Hay cuestiones que están mucho mejor dentro de las comunidades intelectual y educativa, obviamente. Todos podemos estar de acuerdo en que no puedes contar la historia de nuestra cultura sin incluir a todo tipo voces que han sido parte de su construcción. Pero si quieres contar la historia de la cultura a partir del mercado del arte, el resultado no será interesante ni amplio. Y si sólo asistes a museos o a galerías para obtener toda la información que necesitas, sólo estarás viendo parte de la imagen.

— ¿Qué significa incidir desde la resistencia en un mundo que sigue sumido en la desigualdad como el del arte?

ZA: Cuando hablo de resistencia, para mí y para todos los artistas y la gente comprometida con el mundo del arte —como escritores, visitantes a museos, etc.—, me refiero a desafiar lo que ven en las instituciones y las galerías. No aceptes la historia que la gente te está contando, tienes que desafiarla y asegurarte de que exista una historia mucho más diversa. Tiene que ver con lo que Frida mencionaba sobre el arte que se convierte en un instrumento de inversión. Es muy seductor para los artistas recibir el dinero que les están ofreciendo, pero tienen que mantenerse diligentes y cuestionar de dónde provienen esos recursos. Los artistas y las instituciones de arte en Estados Unidos tienen un gran problema: hay gente que cumple con una agenda republicana, por ejemplo; que niegan el cambio climático y trabajan muy fuerte para desmantelar los derechos de las mujeres, mientras donan grandes cantidades de dinero a los museos de arte. Y los museos los aceptan y organizan grandes fiestas para esa gente que realmente está trabajando contra todo aquello que el arte debe representar. Así, cuando hablo de resistencia es porque quiero que la gente resista frente a ese panorama.

FK: El concepto de resistencia ha cambiado por completo desde las últimas elecciones. Y el mundo del arte, el mercado en particular, podrían sentirse muy cómodos con la idea trumpiana de un mundo global dominado por billonarios. Si un artista se involucra con eso o participa de ese contexto, se convertiría en un colaborador.

Como artistas, realmente necesitamos desarrollar una cultura de resistencia permanente, porque es muy lamentable lo que pasó en Estados Unidos con estas elecciones. Fue un robo. Que Donald Trump no haya ganado la mayoría de votos pone en cuestionamiento toda la idea de lo que nuestra democracia significa. Él ha mentido continuamente, ha hecho promesas que no puede cumplir a la gente trabajadora, busca consolidar un poder global que nos hará retroceder en términos ambientales, de derechos humanos, de género y de igualdad. La obligación de un artista consciente es resistir continuamente y no pretender, en ningún sentido, que se puede acostumbrar a eso. No es algo normal y no debería continuar.

— Ya que tocaron el tema de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, y tomando en cuenta las problemáticas que guían su trabajo artístico y activismo social, ¿qué opinan sobre el actual presidente?

ZA: Es muy desagradable. Como menciona Frida, tenemos que cuestionar todo el proceso. Él no ganó el voto popular; 2.5 millones de personas más votaron por Hillary Clinton, pero por la forma en que nuestro sistema está organizado es que Trump es presidente. Él definitivamente no es mi presidente.

FK: De hecho, lo veo como algo histórico: como la última hazaña del patriarcado que se viene abajo. Se sabe que es un juego perdido y está tratando de ir tan bajo como sea posible. Es el peor aspecto del comportamiento patriarcal desde cualquier perspectiva que lo pienses. Espero que éste sea el fin de ese tipo de conductas de gente bienintencionada emergiendo en cualquier lugar y asegurándose de algo que no va a funcionar.

— Si bien han realizado trabajo en obra pública, también han tomado la máxima institución del arte: el museo. Se enfrentan a él sin los «protocolos» del arte, los atacan o no son amables. ¿Se trata de atacar, o de «generar conciencia» desde el sistema?

ZA: Esa es nuestra táctica, es como funciona para nosotras. Al principio, cuando los museos se nos acercaban para incluir nuestra obra o para invitarnos a dar una plática, era un dilema porque entendemos nuestro trabajo como una crítica al sistema. Entonces, cuando el sistema te invita, es un poco como «ir a la cama con el enemigo». La única forma con la que nos sentimos cómodas de estar en una institución es cuando podemos decir exactamente lo que queremos decir y criticar o examinar lo que el museo está haciendo. Hay mucha gente que trabaja en museos, especialmente la gente que nos invita a ir, que también está interesada en cambiar el sistema.

FK: Creemos que somos parte de una ofensiva. La nuestra no es la única vía, pero es la que somos capaces de hacer. Hay muchas formas de atacar al sistema, incluso desde fuera de él. Es casi como una táctica militar, necesitamos enfrentar al enemigo de tantas formas como sea posible.

— El arte siempre demanda o exige autoría. ¿El anonimato es una forma de resistencia que busca pervertir un orden establecido?

ZA: Definitivamente sí. El mundo del arte está muy embelesado con la mística idea del artista como un genio solitario. Siendo un colectivo y, mejor aun, anónimo, rechazamos la necesidad del genio individual. Es un acto de resistencia en contra del arte dominante.

FK: Cuando piensas en la historia del colonialismo europeo, te das cuenta de que está basada en un cierto tipo de individualismo. Si miras diferente la historia del arte, la identidad no es importante para crear una obra en todas las culturas o épocas —como en tiempos medievales o en culturas no occidentales—. Nosotras estamos regresando a los inicios, de alguna manera, rechazando la idea del genio individual, que francamente casi siempre tiene que ver con hombres, usualmente blancos y europeos. Nosotras rechazamos eso y decimos: se sabe mucho de historia, ¿por qué tenemos que mantener esa situación? También nos posicionamos contra la forma en que la gente está siendo educada para ser artista en las culturas occidentales actualmente; todos están siendo entrenados para ser individuales. Nosotras tiramos eso por la ventana.

— Un elemento para ocultar pasó a darles visibilidad, ¿qué representa su máscara?

ZA: De nuevo, ésta es nuestra táctica. No creemos que sea la única forma de aproximarse al problema, pero esto es lo que hemos hecho. No es tanto el hecho de ocultar nuestra identidad individual, sino como grupo —que es lo más importante para nosotras— para mantener la atención en lo que estamos haciendo y no en lo que somos. Cuando llevamos nuestra identidad personal fuera de la ecuación, entonces la gente puede hablar de lo que estamos diciendo.

FK: Hay una larga historia en la cultura occidental, así como sucede en México, de enmascarados que buscan representar cierto tipo de lucha. En Estados Unidos tenemos una amplia tradición de defensores enmascarados, y ustedes también, con todos estos maravillosos luchadores. La máscara no es para esconder quiénes somos, sino para convertirnos en algo más.

— Ustedes han resistido como artistas, ¿qué creen que deberían hacer las instituciones para hacer frente al problema de la desigualdad de género y el sexismo?

ZA: Pueden hacer muchas cosas: tienen que mirar críticamente a sus colecciones y asegurarse de que están representando a la comunidad a la que sirven. También analizar sus exposiciones, programas y, más importante aun, a su propio equipo. Si toda la gente que está a cargo de una institución son hombres o gente blanca, entonces no es sorprendente que todo lo que seleccionan sea de artistas hombres y blancos. Realmente es necesaria una diversidad holística.

FK: Si un museo en la Ciudad de México tiene exactamente la misma colección que un museo en Noruega, ¿no es algo extraño? El museo tiene una doble responsabilidad: representar una perspectiva global de la cultura, pero también representar la cultura a la que pertenecen. Existen muchas colecciones y museos, especialmente privados e internacionales, que se están convirtiendo o se parecen a museos de cualquier parte del mundo. Hay algunos ejemplos así de museos privados en México. Y nos preguntamos: ¿eso es realmente el registro de la cultura? ¿O sólo es un registro del poder?

No vivimos en un mundo de reyes y reinas. Bueno, en algunos lugares que aspiran a la democracia, sí. Pero la democracia debería representar a todos, no sólo el gusto y el estilo de vida de quienes están en el poder. Si el arte regresa a ese modelo europeo del siglo XVIII (de reyes, reinas y emperadores que deciden lo importante), sería como recaer. 

ZA: En ese contexto, también el periodismo y las revistas de arte tienen una gran responsabilidad para dejar de hablar solamente del mercado. Casi todos los artículos que he leído —especialmente cuando es fin de año— de la prensa dedicada al arte es sobre la venta de subasta más alta que rompió algún récord. Todo es acerca de qué vendió más. Francamente es aburrido y no es relevante para la discusión del arte. Eso sólo es importante en términos de inversión.

— En este mismo sentido, ¿creen que los espectadores de arte tenemos alguna responsabilidad frente a lo que la institución o el mercado establecen como arte?

FK: Si te acercas con jóvenes de 18 o 19 años para preguntarles qué tipo de música les gusta o disgusta, tienen una respuesta crítica muy desarrollada para contestar. ¿Por qué la gente que va a los museos y a las exposiciones de arte no ha desarrollado una respuesta personal y crítica frente al arte? ¿Por qué la gente sólo está interesada en ir a ver lo que está de moda o lo que es más caro, según lo que leen en los medios? Critico al público del arte por no desarrollar un gusto y una opinión crítica.  El gusto es una cosa maravillosa, es tan personal. ¿Por qué no tenemos más de eso en el mundo del arte?

Andrea García Cuevas estudió Arte en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora editorial en Código, actualmente es coordinadora editorial en el Museo Tamayo y editora del blog de la galería Ángulo 0. Ha colaborado para medios impresos y digitales como GasTv, La Ciudad de Frente y Ediciones Transversales.

[17 de agosto de 2017]

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