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Wirikuta (Mexican Time Slip) (2016), Museo Espacio. Aguascalientes. Vista de exposición. © Beto Gutiérrez
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Wirikuta (Mexican Time Slip) (2016), Museo Espacio. Aguascalientes. Vista de exposición. © Beto Gutiérrez
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Wirikuta (Mexican Time Slip) (2016), Museo Espacio. Aguascalientes. Vista de exposición. © Beto Gutiérrez
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Wirikuta (Mexican Time Slip) (2016), Museo Espacio. Aguascalientes. Vista de exposición. © Beto Gutiérrez
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Wirikuta (Mexican Time Slip) (2016), Museo Espacio. Aguascalientes. Vista de exposición. © Beto Gutiérrez

Reseña: Wirikuta (Mexican Time Slip) en el Museo Espacio

enero 16, 2017

Curada por Nicolas Bourriaud, el Museo Espacio presenta Wirikuta (Mexican Time Slip), una exhibición que parte de dos referentes: la noción de peregrinaje hacia Wirikuta, lugar sagrado donde según los huicholes el mundo fue creado, y la idea de un mundo fantástico o realidad alterna vinculada con la novela Martian Time Slip de Philip K. Dick. La muestra está conformada por videos, instalaciones, pinturas y esculturas, resultado del peregrinaje curatorial realizado por Bourriaud para «presentarnos un entorno en el que podemos encontrar dislocamientos y dualidades». Como nunca antes, la figura del curador ha tomado un protagonismo a tal grado influyente que su visión incluso puede ser más importante que la de los artistas. Esta idea se reafirma en la exposición por el hecho de que las piezas no tienen cédulas que indiquen nombre ni procedencia, como si formaran parte de un discurso totalmente nuevo.

Aunque la curaduría fusiona el trabajo de ocho artistas internacionales (Marlie Mul, Phillipe Parreno, Laure Prouvost, Carsten Höller, Pamela Rosenkranz, Peter Buggenhout, Bosco Sodi y Pascale Marthine Tayou), cada una de las piezas tienen un peso distinto. El video de Parreno es el único ubicado en un espacio aislado; atractivo y enigmático, posee brillos que remiten a un lugar fantástico. Además, muestra un recorrido enfatizado por el movimiento de la cámara. La oscuridad de las imágenes refleja efectivamente la percepción del curador acerca del sitio sagrado del pueblo Wixarika.

Obras como el video de Laure Prouvost (The Swallow, 2013) —que muestra a un grupo de personas disfrutando la naturaleza—, el atractivo visual de los grandes hongos de Carsten Höller (Giant Triple Mushroom, 2015) y el colorido de las bolsas atadas a ramas de la instalación de Marthine Tayou (Plastic Tree 2014-15), contribuyen a reafirmar la idea de Wirikuta como un territorio cercano al ensueño que, a su vez, se vincula con el peyote (imagen oficial de la exposición) y la alucinación. La pieza de Tayou, que hace referencia a lo sagrado, está constituida por una serie de recipientes de barro cubiertos con diamantina de colores y figurillas humanas de cristal ataviadas con escapularios de la Virgen de Guadalupe, hierbas curativas y plumas de colores. 
Lo que a primera vista parece una representación exótica, ¿pretende señalar la banalización de lo sagrado?

La serie de cuadros (Ideally Here Be some Stairs To Get Higher, 2016) de Laure Prouvost también es interesante: se trata de frases que inician con la palabra ideally  (idealmente), que pueden ser leídas de manera poética al tiempo que abren las puertas a la imaginación y cuestionan qué es lo ideal para cada uno. Sin embargo, la falta de traducción al español de los textos se convierte en un obstáculo que imposibilita la lectura para quien no entiende inglés.

Por su parte, Untitled (2016) de Marlie Mul, conformada por una especie de charcos de arena que contienen pedazos de alambre o bolsas de plástico, parece cuestionar sutilmente la idea de un territorio idílico. Algo similar ocurre con las enormes acumulaciones de restos industriales de Peter Buggenhout (The Blind Leading the Blind #66 y #67). No obstante, ninguna de estas piezas disimulan o embellecen los residuos, sino que se perciben oscuras, contundentes y devastadoras.  

A pesar de las buenas intenciones, la aproximación a este tema parece exótica, parcial, ingenua y simplista. El problema no sólo es lo que se dice, sino también lo que se calla. Wirikuta (Mexican Time Slip) omite, por ejemplo, las concesiones otorgadas por el gobierno para la explotación minera de este lugar, así como las implicaciones ecológicas y sociopolíticas derivadas de ello. Si bien algunas piezas se asocian con el impacto del hombre en la naturaleza, esto se debe a su vínculo con la noción del Antropoceno —un interés de Bourriaud, bien sabido por sus seguidores—, y no con las problemáticas específicas de Wirikuta.

Sería deseable que la curaduría no sólo emitiera un discurso descriptivo, sino que tomara una verdadera posición crítica, incluso educativa, tomando en cuenta que el lugar donde tiene cabida la exposición es un museo financiado por recursos públicos vinculado, además, a una universidad de artes.

El programa de trabajo de la exhibición incluye un ejercicio donde «los estudiantes de la universidad de las artes desarrollarán piezas acordes al discurso curatorial de la exposición, bajo la tutela de Bourriaud». Aunque no se ha mencionado nada sobre los resultados de este proyecto, esperemos que las obras generen un discurso analítico con el que los espectadores puedan dialogar.

Insólitamente, luego de un mes de haber sido inaugurada, aparecieron tres pinturas en la muestra. De acuerdo con los guías del museo, se trata de una estrategia para incluir piezas anteriores al arte contemporáneo prestadas por el Museo de San Carlos. ¿Será parte de una decisióncuratorial? ¿Qué papel jugó Bourriaud en este movimiento que parece obra del azar y la desorganización?


Berenice Cortés es licenciada en artes visuales por la Universidad de las artes del Instituto Cultural de Aguascalientes y maestrante en arte en la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Es integrante de la organización artística La Agencia y actualmente desarrolla un proyecto de investigación artística sobre el ejido de Los Campos, Ags-Jal-Zac.

[16 de enero de 2017]

 

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