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Allora & Calzadilla, Lifespan (2014). Registro de performance. © Diego Pérez. Cortesía de los artistas y kurimanzutto
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Allora & Calzadilla, Lifespan (2014). Registro de performance. © Diego Pérez. Cortesía de los artistas y kurimanzutto
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Allora & Calzadilla, Lifespan (2014). Registro de performance. © Diego Pérez. Cortesía de los artistas y kurimanzutto
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Allora & Calzadilla, Intervals (2014). © Diego Pérez. Cortesía de los artistas y kurimanzutto
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Allora & Calzadilla, Intervals (2014). © Diego Pérez. Cortesía de los artistas y kurimanzutto
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Allora & Calzadilla, Solar Catastrophe (2016). © Diego Pérez. Cortesía de los artistas y kurimanzutto

Reseña: Performative Ellipses y Lifespan, de Allora y Calzadilla

mayo 04, 2016

La exposición Performative Ellipses del dueto cubano-americano Allora y Calzadilla (Filadelfia, 1974 – La Habana, 1971) es sobre el tiempo y el espacio que se abordan tanto poética como literalmente. Por un lado, el tiempo que se circunscribe en unos huesos de dinosaurio, unos soportes de acrílico y una piedra que tiene 4 billones de años. Por el otro, el espacio que se percibe en la transparencia de los soportes, las dimensiones de un dinosaurio imaginado y en la posible incorporación de otros cuerpos que se ven a través del acrílico. Pero la experiencia es incompleta, como si algo no terminara de suceder del todo.

La muestra se compone por tres tipos de obras: los soportes con los huesos de dinosaurio que se colocan en el lugar en el que debería estar el esqueleto completo; el performance Lifespan que sucede en medio de la sala, en el que dos hombres y una mujer realizan una suerte de danza alrededor de la pequeña pero milenaria piedra. Durante la acción, los personajes soplan la piedra como si la estuvieran interpelando por cerca de 15 minutos mientras ésta se mueve zigzagueante. Por último, Solar Catastrophe, una cuadrícula hecha con celdas solares rotas.

A simple vista, es claro que las piezas tienen que ver con trabajos previos del dueto: la producción de estructuras con elementos de diferentes naturalezas y la interacción de un sujeto con objetos dispuestos en la sala. Sin embargo, recurren a una relación en la que el acrílico parece un soporte barroco del hueso y la relación espacial de las láminas subordinan su dimensión temporal. Como si el soporte de un aparador se desbordara sobre el objeto, invirtiendo la relación entre lo que se exhibe y lo exhibido. Así, la noción del “lugar de los huesos en una posición” se desplaza hacia la del “emplazamiento de la base” en el espacio de la sala. Es precisamente por eso que la experiencia allí es incompleta y desarticulada.

No obstante, el performance es sutil en la relación temporal-material-espacial que se establece entre el soplo, el viento, el movimiento de los participantes y el de la piedra: parece animarse por el sonido en una suerte de ritual que dota de “vida” a un objeto inanimado. Así, en quince minutos la exhibición cobra sentido. Es la manera en que el tiempo puede hacerse evidente en un soplido.

Performative Ellipses se presenta del 7 de abril al 7 de mayo en la galería Kurimanzutto, en la Ciudad de México.

 

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Daniel Montero es doctor en Historia del Arte. Ha sido docente en varias instituciones de educación superior y ha participado en diferentes proyectos de curaduría y promoción cultural. Publicó El cubo de Rubik, arte mexicano en los años 90 (2013).

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