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Zsona Maco 2017. Imagen cortesía
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Material Art Fair 2017. © PJ Rountree
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Zsona Maco 2017. Imagen cortesía
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Material Art Fair 2017. © PJ Rountree
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Ximena Labra, Biblioteca fantasma (2017). www.ximenalabra.com
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Material Art Fair 2017. © PJ Rountree
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Material Art Fair 2017. Galería Syndicate (Alemania).
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Jesse Harris, I'm allergic to spending (2017). Imagen tomada de Artsy.net

Opinión: Ferias, ¿para qué?: Zsona MACO y Material Art Fair

febrero 14, 2017

La respuesta obvia, fuera de duda, es que las ferias que tuvieron lugar recientemente en la Ciudad de México existen para vender arte. Pero la concurrencia de decenas de miles de personas contrasta con las ventas. El grueso de los asistentes en forma alguna son coleccionistas. Por eso, cabe pensar sobre qué atrae al público a Material Art Fair y Zsona MACO.

Un espectador, artista, me contó que su interés en MACO era para ponerse al día en cuanto al arte de hoy. En el peor de los casos, sus palabras apuntaban a que deseaba ver qué vende en el mercado; en el peor, se trataba de una forma muy poco efectiva de comprender las tendencias artísticas de nuestro tiempo. En realidad, la motivación para ir a las ferias pudiese ser parte de la construcción de cierta identidad.

MACO es pródiga en ese sentido, aun sin acudir a ella: sirve como fuente de mofa para quienes creen que al burlarse de lo expuesto en la feria se colocan por encima de aquello que les es ajeno por escaso, o nulo, contacto con el arte. Eso habla de su resonancia como feria. En contraste, parece haber casos de asistentes que valoran que en cada puesto pueda haber “explicaciones” de las obras por parte de los encargados –o incluso de los artistas—, quizá porque les parezca una voz autorizada y de acompañamiento personal, del que se carece en museos durante las visitas guiadas grupales. Las ferias cumplirían, para ellos, una tarea pedagógica. Ahora bien, no conviene sobreinterpretar: para muchos, una semana antes fue el Súper Tazón y ésta MACO —con la ventaja de las múltiples posibilidades de autorretratos vistosos. Las ferias también operan como un espectáculo más, sin que sean aquilatadas por su especificidad.

Se ha dicho bastante a propósito del carácter social de MACO y parece redundante insistir en ello. Sin embargo, la feria da pie, sin cesar, a esos comentarios, empezando por la sobrerrepresentación de personas “blancas” entre la concurrencia. En mi visita, por ejemplo, desde que entré, y durante mi estancia, me topé varias veces con dos muchachas de pelo castaño que iban juntas. Su ropa y arreglo eran reconocibles como costosos. Probablemente, sintieron que debían caracterizarse para la ocasión: agregaron algo que tenía un ligero contraste con el resto de su atuendo. Una, a pesar del calor, se había echado encima un poncho, no muy colorido, pero difícilmente refrescante. La otra había optado por ser más directa, apelando no a lo artesanal, sino a una declaración en su chamarra: “Make art not war”. Por su parte, Material Art Fair no es ajena a lo anterior: hay personajes que se repiten en ambas ferias y algunos propugnan, con similar simpleza a la portación del poncho, que la autenticidad estaría en esa feria de menor tamaño y artistas más jóvenes, menos consolidados. Así, si bien nutren a diferentes públicos, ambas ferias,en su relación con la mayoría de sus visitantes, cumplen la misma función de reforzar en los asistentes la idea que ellos tienen de sí mismos.

A pesar de los esfuerzos curatoriales, queda la impresión de que ambas ferias están pensadas principalmente para el flujo de los visitantes, no para el lucimiento de las obras. Si bien Material ofreció bares hechos de andamios y MACO espacios estilizados con meseros ataviados de manera anticuada, el hecho es que ambas ofrecían bebidas alcohólicas, aunque vendiesen una idea diferente del tipo de consumidor que uno es. Hasta en sus letreros institucionales, Material mostraba una supuesta relajación: “Síganle”, en vez de alguna frase formal; además de la escritura a mano en los paneles, en lugar de fichas impresas con los datos de las obras.

Me parece, no obstante, que una queja por la naturaleza comercial de las ferias estaría fuera de lugar porque su propósito es explícito. Es cierto que en MACO hubo galerías que ofrecieron obras que apenas disimulaban su carácter decorativo. También hubo expositores con clara experiencia con los compradores mexicanos, como la Galería Óscar Román que combinaba calidad artística con potencial comercial, incluso en términos de temáticas y dimensiones. Sin embargo, se presentaron obras como la instalación Biblioteca fantasma (2012), de Ximena Labra (México, 1972), consistente en reproducciones tridimensionales de grandes libreros, cuyo formato escapa, por ejemplo, la posibilidad de ser un mero adorno, exigiendo un espacio particular en cualquier circunstancia —sin ser una escultura convencional, como las montañas de bicicletas de otros puestos. La diversidad y mérito de artistas y expositores fue, por tanto, patente.

En Material, en aparente contraste, fue tangible la opción por obras más arriesgadas: la galería Syndicate, de Alemania, fue la única que optó exclusivamente por la inmaterialidad del videoarte, con obras de Rehana Zaman (Gran Bretaña, 1982). Eso, sin embargo, no significa que la feria haya escapado de lo decorativo y otros problemas. De varios artistas se expusieron, por ejemplo, recubrimientos para paredes, fueran azulejos o lozas. Se trata, quizá, de otro estilo de obras y, principalmente, de una manera un poco diferente de mostrarlas al público, menos estilizada que MACO, pero no de propuestas radicales. Puede destacarse el humor de varios artistas en Material: desde la ingenuidad autocomplaciente de los prendedores gigantes de Jesse Harris (Canadá, 1981), I’m allergic to spending (2017), pasando por las servilletas y toallas de cocina intervenidas de Marcos Castro (México, 1981), hasta el guiño inteligente de Scroll (2017), prensa de teléfonos celulares y materiales traslúcidos, de Mariana Murcia (Colombia, 1988). El humor, en efecto, puede ser irreverente, pero también es, con frecuencia, desenfado con poca trascendencia. Resulta curioso, finalmente, que una cantidad importante de obras expuestas en Material hayan sido elaboradas, o concluidas, en días recientes, acaso con la fecha límite de la feria en mente.

En lo fundamental de la relación del público de la Ciudad de México con las ferias de arte parece que la diferencia importante es que en MACO alguna obra lleva al “¡Qué padre está!” y en Material las piezas pueden estar “¡Bien chidas!”. Dos frases, oídas en ellas, que más que alguna relación con el arte, expresan pertenencia a un grupo específico, en la feria de las identidades.


Germán Martínez Martínez es académico, escritor, teórico político y crítico de cine. Es doctor en Ideología y análisis del discurso por la Universidad de Essex y maestro en Antropología social. Además de publicaciones académicas internacionales, en México, ha colaborado en Icónica, Este País, El Financiero, Forbes y Foreign Policy. Fue editor de Foreign Policy, Edición Mexicana y es director artístico del Discovering Latin America Film Festival de Londres.


[14 de febrero de 2017]

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