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Desafío a la estabilidad. Procesos artísticos en México 1952-1967, Museo Universitario Arte Contemporáneo
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Desafío a la estabilidad. Procesos artísticos en México 1952-1967, Museo Universitario Arte Contemporáneo
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Abraham Cruzvillegas, Reconstrucción (2016), Museo de Arte de Zapopan
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Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca. Cortesía del lugar
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Stanley Kubrick (2015) en MARCO. Cortesía del museo
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Stanley Kubrick (2015) en MARCO. Cortesía del museo

Opinión: Exponerse al otro – Panorama de la curaduría en México

abril 01, 2016

El papel del curador ha tomado una relevancia inusitada y primordial en el arte contemporáneo que se produce y exhibe en nuestro país. ¿Cómo ha afectado este acontecimiento a las instituciones nacionales y las dinámicas del arte en general?

Para nadie es un secreto que la práctica curatorial en México se ha ido popularizando, encontrando un nicho laboral importante. Eso se debe, entre otras cosas, a que ningún evento artístico, desde los más independientes hasta los más institucionales, se puede concebir sin una curaduría. Hoy en día todo se cura: exhibiciones tradicionales, programas académicos y ferias de arte. No solamente eso: hoy todos los agentes del mundo del arte hacen curadurías. La proliferación de curadurías, que ha generado nuevas agendas y nuevos agentes, ha hecho más complejas las dinámicas del arte nacional. El curador es un agente fundamental en un campo del arte que se ha alterado significativamente en los últimos 10 años.

No es sólo que la curaduría se haya vuelto más compleja, diversa y difícil de describir, las prácticas artísticas cambiaron, así como el universo institucional del país. A partir de esos dos puntos (nuevo arte/transformación institucional) se pueden enunciar brevemente las transformaciones de la curaduría en México.

Por un lado, la práctica curatorial se ha transformado a medida que las prácticas artísticas lo han hecho, porque la noción de lo contemporáneo y la curaduría mantienen una relación indisociable. Actualmente se pueden encontrar cada vez más videos, danza, performances, música y sonido, así como producciones artísticas que parten de una socialización iniciada en una comunidad específica, o en el museo.

Por otro, las preguntas críticas que hacen muchas de esas exhibiciones tienen que ver con la oportunidad de exponer la diferencia (otros sujetos, otros contextos), explorando las posibilidades políticas. La curaduría y la obra están relacionadas porque las piezas requieren de una curaduría específica.

En México, esa especificidad curatorial se puede ver en museos como el MUAC, sobre todo en los últimos tres años, en los que el programa de exhibiciones, la museografía y su narrativa han encontrado un balance; a diferencia del Museo Jumex, que después de la cancelación de la exposición de Hermann Nitsch y del cambio de dirección y de curadores, no ha encontrado ni una vocación ni un programa claros.

Lo que demuestra la pluralidad de obras de arte en la actualidad es que los curadores están acompañando estas prácticas, muchas veces desde su concepción. Por otro lado, las curadurías históricas que se han hecho en los últimos tiempos (Desafío a la estabilidad, en el MUAC de 2014, por ejemplo) dejan ver que algunas veces la curaduría no se puede desprender de su condición crítica como historia.

Los cambios institucionales que ha sufrido el país en los últimos 10 años han alterado las maneras de entender la curaduría. Como ejemplo se pueden mencionar la aparición de nuevos museos como el MUAC y Jumex, la reapertura del Chopo y el Eco, la remodelación del Museo Amparo en Puebla, las nuevas misiones del MARCO en Monterrey y del MAZ en Zapopan, los nuevos proyectos del MACO en Oaxaca, la reapertura del Centro de la Imagen y la creación del Fotomuseo, por mencionar algunos. Algunas de estas instituciones han trabajado curatorialmente de forma coordinada.

Y existen otros fenómenos: las bienales, becas y la apertura de espacios independientes, así como la diversificación que han provocado los curadores extranjeros trabajando en México y los mexicanos que hacen curadurías fuera del país, han alterado las funciones del curador. Si se entiende al curador como una figura vinculante, que articula formas de pensamiento, se puede decir que las relaciones internas y externas de dichas instituciones dependen en gran parte de él. La pregunta que queda pendiente es cómo entender, teorizar e historizar la curaduría contemporánea en México. Trazar un mapa y señalar sus convenciones se hace cada vez más difícil pero más urgente, al menos para saber en dónde estamos


Daniel Montero es doctor en Historia del Arte. Ha sido docente en varias instituciones de educación superior y ha participado en diferentes proyectos de curaduría y promoción cultural. Publicó El cubo de Rubik, arte mexicano en los años 90 (2013).

 

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