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Konstantín Mélnikov, Club de obreros Rusakov (1927-28)
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Konstantín Mélnikov, Club de obreros Rusakov (1927-28)
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Konstantín Mélnikov, Club de obreros Rusakov (1927-28). © Richard Pare
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Vladimir Shukhov, Torre Shabolova (1920-22)
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Vladimir Shukhov, Torre Shabolova (1920-22)
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Vladimir Shukhov, Torre Shabolova (1920-22)
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Casa de Konstantín Mélnikov.
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Casa de Konstantín Mélnikov.
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Casa de Konstantín Mélnikov.
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Le Corbusier, Ninolai Kolli edificio de la Tsentrosoyuz (1933)
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Le Corbusier, Ninolai Kolli edificio de la Tsentrosoyuz (1933). © Cemal Emden
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Vladímir Tatlin, Torre Tatlin (Monumento a la Tercera Internacional), (1919)
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Vladímir Tatlin, réplica de la Torre Tatlin (Monumento a la Tercera Internacional), (1919)

Opinión: A 100 años de la Revolución rusa. La arquitectura de una generación

Enero 25, 2017

Términos como revolución, batalla o vanguardia se han utilizado para validar movimientos culturales, políticos o sociales que pretenden transformar un sistema de convenciones adquiridas o status quo. Después de la desintegración de la Unión Soviética, un portentoso frente europeo se proclamó victorioso mientras el otro se desmoronó en pedazos. La vanguardia rusa marcó un parangón revolucionario.

Entre 1911 y 1948 artistas, arquitectos y diseñadores (Vladímir Tatlin, Liubov Popova, Aleksandr Ródchenko, Kazimir Malévich, Konstantín Mélnikov, Ivan Leónidov, Vladimir Shukhov, Moisei Guínzburg, Alexandr Vesnín, Serguéi Eisenstein, Vasili Kandinski, El Lisitski, Kazimir Malévich, Gustav Klucis, Vladímir Maiakovski, Natalia Goncharova, Olga Rozánova y Varvara Stepánova) ploclamaron la visión de una generación. Su postura se vio reflejada en obras de arte, música, poesía, teatro, arquitectura, diseño industrial, gráfica y publicidad. Todo al servicio de un amplio programa revolucionario que se extendió incluso a la producción en serie.

La Revolución rusa de 1917 mostró los grados y umbrales de complejidad y desorden social. Si bien no se hablaba de activismo, la arquitectura fue una de las provocaciones mejor logradas a partir de un mismo componente ideológico: “vamos a proceder a la construcción del orden socialista”. En ese contexto, el constructivismo ruso aglomeró un pensamiento multiforme y de ruptura. Pabellones para exposiciones internacionales de artes decorativas e industriales, casas manifiesto, edificios gubernamentales, fábricas, clubes deportivos, monumentos, mausoleos e hitos urbanos componen el muestrario ruso de arquitecturas vanguardistas con vocación revolucionaria. En teoría y práctica, parecen construcciones que apelan al andamio, al sueño inconcluso y al porvenir que nunca llegó. Obras que exponen la crisis sin eludir realidades, conflictos y lugares idealizados, al tiempo que muestran las posibilidades de invención, de quimeras constructivas y contenidos metafóricos.

La arquitectura tuvo el mismo rol que la gráfica, la tipografía y el cartel para comunicar la revolución soviética a través de la propaganda política. La técnica, la abstracción geométrica, el suprematismo y los materiales industriales germinaron en una sola dirección: difundir y propagar los ideales revolucionarios. Un nuevo lenguaje visual basado en cimientos socialistas. La revuelta soviética materializó su ideología y su construcción se basó en la funcionalidad, ahorro y eficacia en comunión con la creatividad contumaz y “la máquina para habitar”. Ese fue el modelo para su utopía. Al grito de ¡arquitectura o revolución!, Le Corbusier y Erich Mendelsohn se unieron a la causa colectivista para encausar un estilo alejado del conservadurismo aburguesado y autocrático del pasado.

Lenin murió en 1924 y Stalin asumió el poder de la URSS hasta su muerte en 1953. Una era política que quedaría adoctrinada por décadas. La capacidad de penetración y alineamiento sería a favor de la industrialización y la colectivización de la agricultura. Aun así, a cien años de la Revolución rusa, seguimos hablando de aquella arquitectura de principios del siglo 20, del Club de trabajadores Rusakov, la casa de Mélnikov, la torre de radiodifusión Shábolovka, el edificio de la Tsentrosoyuz y la Torre Tatlin (Monumento a la Tercera Internacional). ¿Dónde quedó el anhelo y la construcción social de toda una generación? ¿Cuál fue el nuestro? Bauman diría que “es posible que ya estemos en plena revolución”.

 


Juan José Kochen (@kochenjj) es arquitecto, editor y consultor. Escribió para Reforma, fue editor de Arquine, consultor del Infonavit y becario de la Graham Foundation. Es coordinador de Fundación ICA, becario del FONCA y profesor en la UNAM, la Universidad Iberoamericana y CENTRO.


[25 de enero de 2017]

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