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No sólo es la imagen de Marilyn Monroe con aquel inolvidable vestido blanco alzado por el viento por lo que la recordamos. Aunque se ha vuelto icónica, el significado de esta rubia —que en realidad fue castaña— rebasa los límites que la industria quiso imponer a su figura, y su vigencia no caduca ni se vuelve una referencia estática ni sencilla. Más allá de la figura de fashion icon, Marilyn es un ejemplo de estilo, de un saber estar en la propia piel y en el mundo. Su elegancia y carisma hacen que la recordemos hasta ahora como una personalidad fresca e inquietante. Algo único. No la recordarás por unas gafas específicas, un abrigo concreto, una marca en especial. Ella trasciende estas definiciones.

A 50 años de su muerte, el Museo Salvatore Ferragamo la honra con una exposición que busca mostrarla en su complejidad: desde el ámbito más reconocible de la Marilyn que canta “Happy Birthday, Mr. President” en el Madison Square Garden y la “bomba sexy” rubia que fue sin lugar a dudas, hasta ese otro espacio de la Venus sagrada, la mujer de belleza sublime que se relaciona complejamente con un mundo materialista y mercantilizado que la exalta y la condena casi con la misma intensidad. No podía faltar la colección de zapatos Ferragamo que lució la actriz, ni el vestuario que usó en las películas por las que la recordamos, o la ropa de su vida diaria y lejana de las cámaras. ¿Una estrella renace? Marilyn es una galaxia entera.

www.museoferragamo.it


[8 de agosto de 2012]

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