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Rafael Tovar y de Teresa, Secretario de Cultura
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Secretaría de Cultura, antes Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
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Rafael Tovar y de Teresa, Secretario de Cultura
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Museo Nacional de San Carlos, piezas de la colección del Museo
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Museo de Arte Moderno, Juan Soriano 1920-2006. Foto: Juan Carlos Reyes García/El Universla. Imagen tomada de la web de El Universal
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Colectivo Claire Fontaine, Please Come Back, (K. Font, Mexican Version) (2010). © El artista o la fundación y/o herederos del artista. Reproducción autorizada por el INBA (2016). Tomado de la página web del Museo Tamayo
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Museo Tamayo, El mañana ya estuvo aquí (2012-13). Curaduría con selección de obras de la colección del Museo
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Logos Fonca y CONACULTA
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Secretaría de Cultura

Los despropósitos de la Ley de Cultura. 5 opiniones

Julio 05, 2016

Recientemente la Comisión de Cultura y de Cinematografía de la Cámara de Diputados aprobó la realización de un Calendario de audiencias públicas para la creación de una Ley de Cultura, que convoca a nueve mesas de discusión a llevarse a cabo entre el 30 de junio y el 29 de julio. Los foros serán aparentemente abiertos y se discutirán los adeptos para crear una Ley que funcione como base de la Secretaría de Cultura y que atienda temas tan generales y amplios como derechos culturales, artes escénicas, industrias creativas, derechos de autor, etc.

Código consultó a 5 agentes activos en el medio de las artes visuales en México para discutir sobre los posibles rumbos y la pertinencia de esta ley.

 

1. ¿Cuáles son los problemas más urgentes que la Ley de Cultura debe atender para mejorar la situación del arte en México?

—Carlos Amorales
Artista

Uno de los grandes problemas es que las colecciones de los museos estatales mexicanos son raquíticas. Es un problema que se arrastra desde hace mucho, que ha provocado que las colecciones nacionales estén estancadas en el pasado y que su valor (simbólico y material) sea muy bajo. Es patético que, aunque desde hace unas décadas en México pasamos por un momento extraordinario en las artes visuales, donde el talento de muchísimos artistas vivos nutre cotidianamente nuestra escena, las colecciones estatales se descuiden completamente ¡Las colecciones de arte nacionales son como las tiendas del ISSSTE!

 

—Brenda J. Caro Cocotle
Escritora, Maestra en Museos y Doctora en Estudios de museos

Principalmente, los problemas que se deben atender son las deficiencias conceptuales en la nueva ley y en las distintas iniciativas. A lo largo de los artículos de la Constitución, de alguna manera hay ciertas reglamentaciones en torno a la cultura y bajo rubros muy diferentes, algunos abordan los derechos culturales, otros el acceso a bienes y servicios, etc. Se tendría que partir por realmente ver qué tipo de relación se quiere generar entre el gobierno, las instancias gubernamentales, la producción artística, la producción cultural —porque también hay que establecer los distintos rubros que existen—, reconocer las diferencias existentes y la participación de los distintos agentes que están involucrados, que no son sólo profesionales del arte y la cultura, sino también ciudadanos. Todo parte de ahí: de tener una idea un poco más clara del panorama. Todo está desarticulado.

 

—Patrick Charpenel
Curador, gestor y coleccionista de arte

Primero, cuando CONACULTA se transformó en la Secretaría de Cultura, me imaginé que ésta iba ser parte de la estrategia a seguir para ganar la aceptación no sólo de los mexicanos, sino especialmente de la comunidad artística. Mi pronóstico iba en la dirección correcta. Segundo: para mí hay muchas preocupaciones flotando en el aire, pero una que ha estado a flor de piel tiene que ver con la libertad de expresión, porque sí ha habido casos de censura. Pero uno de los que más me alarmó fue cuando empezaron con el recorte presupuestal. Eso sí demuestra que hay una falta de sensibilidad política con respecto al lugar que le da un gobierno a la cultura. En las líneas de los temas que van a atender no se habla de presupuesto, y es una de las cosas que debe ser atendida con bastante urgencia y bastante sensibilidad. Es por todos sabido que ha habido una serie de recortes presupuestales a la cultura, que han limitado muchísimo la capacidad de actuar por parte de la plataforma que se ha intentado construir. Y si una plataforma carece de presupuesto suficiente, es muy difícil que pueda operar completamente.

El tema del dinero es una de mis preocupaciones y no porque yo lo quiera, sino porque en realidad las plataformas creadas por el mismo gobierno están ahorcadas por falta de presupuesto. Aunque esta línea es fundamental, otras como la libertad de expresión o el derecho a la cultura son fundamentales para todo. Varios de los ejes planteados por ellos me parecen importantes, porque hay un consenso relativo con cosas que demandamos todos. Pero si no tomamos en serio el tema del presupuesto, va a ser difícil mover este barco.

 

—Gabriela Jáuregui
Escritora y editora de Sur+

Para mí no se puede mejorar la situación del arte, ni de nada, en México, si no hay un Estado donde se respeten los derechos humanos, que es lo más básico para que haya humanidad. Es decir, para que haya cultura de cualquier tipo. Lo primero que tiene que hacer el gobierno es esclarecer las desapariciones forzadas de los estudiantes de la escuela Normal de Ayotzinapa, y ya de allí, en estado de derecho (¡no de derecha!), ponerse a crear nuevas leyes. Además, una ley de cultura es algo muy vasto, porque la cultura no es una sino muchas, y el arte es una de sus manifestaciones. Para mejorar la situación del arte en México, esta ley tendrá que tener artículos específicos y que ampliar la definición del arte (la que leí en la propuesta de la ley del senado es una definición extrañísima y problemática que cito: “Arte: Conjunto de normas y preceptos acumulados por generaciones anteriores en una actividad”). El arte no es norma, al contrario, y me parece que poco tiene que ver con acumulación para mejor promover y alentar las distintas prácticas artísticas en nuestro país.

 

—Pilar Villela
Artista, traductora y gestora

En la medida de lo posible (porque lo que puede hacer la legislación es limitado), a esa ley le tocaría articular el sistema cultural del Estado. Es decir, lo que urge no es una ley de cultura, sino una ley de las instituciones culturales. Supongo que ésta va a intentar parchar un sistema improvisado y pretende hacerlo desde la improvisación.

Mi temor es que, este momento, que sería excelente para articular el FONCA con el INBA y el INAH, para legislar en términos de patrimonio, de derechos de autor, de mecenazgo, se quede en una florida justificación de un recorte de personal. Te pongo ejemplos: garantizar la libertad creativa suena muy bonito, pero no tiene nada que ver con crear un andamiaje institucional que impida que los museos estén sujetos a caprichos políticos, recortes discrecionales, malos manejos del patrimonio, etc.

Espero equivocarme, pero creo que, como ha ocurrido en otros campos, lo que esta legislación tiene en miras es la disminución del gasto público a toda costa. Una disminución del gasto público que se desprende de una idea según la cual el Estado no es el garante del bienestar de los ciudadanos, sino el encargado de producir las condiciones idóneas para que el mercado opere en su territorio (obviamente no hablo del mercado del arte, si no del mercado en general).

 

2. En el contexto de la formulación de una Ley de Cultura, ¿qué propuesta harías para mejorar el panorama artístico en México?

—Carlos Amorales

El Estado tiene que coleccionar pensando en el futuro. Los museos deben comprar de manera sistemática la obra de los artistas jóvenes, apostando por ellos. De hacerlo, el Estado invertiría en la obra de estos artistas aprovechando que aún no está altamente cotizada en el mercado. Esto profesionalizaría nuestro gremio desde la raíz, lo que lo haría más digno y menos ingenuo. Además de establecer un sistema de compras estatales democrático, se posibilitaría la coexistencia de diferentes visiones sobre lo que es el arte y la contemporaneidad se registraría consecuentemente. En el futuro, entre todas esas adquisiciones, seguramente quedarían registradas las obras de los grandes artistas del porvenir, lo que significaría una inversión afortunada en obra temprana por parte del Estado. Una política de adquisiciones que mirara hacia el futuro beneficiaría enormemente a los ciudadanos, porque todo ese pensamiento joven y esa practica arriesgada no se despilfarrarían inútilmente.

 

—Brenda Caro

Hay muchas que podría hacer, pero una cosa que es sumamente importante es definir los límites bajo los cuales se pueda lograr una verdadera participación ciudadana o una verdadera democracia cultural, y dar acceso a la mayor cantidad posible de personas a los bienes y servicios culturales. Eso está muy bien por un lado, pero realmente no hay mecanismos de participación ciudadana o que permitan a los artistas o gestores incidir en la política cultural que está estableciendo la federación. Al final, hagan o no un programa nacional de cultura, nunca te preguntan tu opinión, no hay una participación real.

Además de establecer mecanismos de participación con los agentes involucrados en las distintas estancias, otro aspecto sumamente importante en el proceso de elaboración de ley es distinguir las especificidades. Es decir, no puedes encorsetar de una misma manera a las artes visuales con la industria editorial, por ejemplo. Lo que me preocupa es que se genere un marco que permita estructurar un modo de pensar la cultura bajo el esquema de la industria cultural o de la empresa cultural dentro de un marco de regulación del Estado. Llama la atención que ciertas manifestaciones como prácticas escénicas o educación artística estén en una misma mesa [dentro de los foros] como si fueran un solo rubro. Tampoco se sabe si en la mesa de patrimonios se tomarán en cuenta los museos —también hay que distinguir que no es lo mismo un museo de arte contemporáneo que uno de historia o de antropología, aunque a todos los consideran industrial culturales—, o cuál será la participación de la sociedad civil y lo límites en términos de mecenazgo, apoyos, etc.

 

—Patrick Charpenel

Siempre se puede pedir más, pero descentralizar es importante. La Ciudad de México tiene una infraestructura de museos y de espacios de exposición muy amplia. Es una plataforma que expone un impulso importante por parte de distintos organismos, algunos gubernamentales y otros no. En ese sentido, es un reconocimiento de que juntos, gobierno, sociedad civil y la comunidad artística, han construido una plataforma importante y de buen nivel. Eso no quiere decir que haya que hacer mucho más, pero una de las cosas que indirectamente falta hacer es un esfuerzo por descentralizar. La Ciudad de México tiene centralizada casi toda la plataforma que le da salida a los proyectos, por lo menos lo más importante está concentrado aquí.

Hay un caso muy interesante: en Guadalajara hay un proyecto que se ha estado moviendo con problemas. Se trata de la creación de un museo de arte contemporáneo, pero ha costado mucho trabajo porque no está claro el apoyo que pueda recibir por parte del gobierno del Estado de Jalisco y de la capital. Es un ejemplo de la falta de decisión, apoyo y voluntad para crear plataformas y estructuras importantes fuera de la Ciudad de México.

 

—Gabriela Jáuregui

Es una pregunta difícil. Lo primero que haría es jubilar a Tovar y de Teresa. Lo que más ayudaría a la situación de los artistas es que haya gente joven, artistas, científicos, y demás gente que forma parte de las generaciones que están conformando el arte y la cultura hoy en día, dirigiendo las instituciones. Así fue al principio del CONACULTA hace veinte años, así debería de ser hoy: en vez de poner a los de hace veinte años, cual dinosaurios, a proponer y legislar qué es cultura hoy en México, que pongan a las nuevas generaciones, que abran esos espacios.

 

—Pilar Villela

Lo que respondí en la pregunta anterior: que se ponga orden en las instituciones y que se fortalezca su institucionalidad y su autonomía. Pero no veo cómo los caprichos políticos y las decisiones improvisadas se pueden combatir con más caprichos políticos e improvisaciones.

 

3. ¿Estás de acuerdo en la forma en que el gobierno está organizando la formulación de la ley?, ¿por qué?

—Carlos Amorales

No, porque esencialmente se está pensando al arte como artefacto. Lo que proviene de la antigüedad se considera el patrimonio idiosincrático que hay que conservar como nuestra identidad tradicionalista. Lo contemporáneo se considera el producto de una empresa (pequeña y mediana) que se debe fomentar económicamente ya, para que funcione en el mercado actual.

 

—Brenda Caro

No, es un desastre en el sentido de que no se ha dado la suficiente información. Te apuesto que la mayoría de nosotros desconoce cuáles son las iniciativas que se han presentado. Sé que son tres, al menos, que funcionarán como punta de partida para el debate. Pero hay tres más perdidas: una de supuesta iniciativa ciudadana, una de Peña Nieto y otra que no recuerdo quién la formula. Esas son la base inicial, pero tampoco hay manera de conocerlas como ciudadanos (en la página web de los órganos de comunicación oficial, tanto de la Cámara de Diputados como de la Comisión de Cultura y de Cinematografía, no están esos documentos y no hay manera de acceder a ellos).

Tampoco se ha comunicado de manera extensa a la sociedad quién es el famoso Consejo consultivo, cuáles son los criterios de selección de quienes van a discutir las bases para reglamentar el futuro de las políticas culturales, que existe una invitación abierta a participar con tu opinión (tiene un correo electrónico para recibir opiniones). No se ha hecho explícito prácticamente nada: cómo será la estructuración entre la federación, los estados, municipios, consejos locales, etc., bajo el Sistema Nacional de Cultura, por qué los foros se harán en esas ciudades…

 

—Patrick Charpenel

Cuando quieres buscar la manera de democratizar las decisiones tienes que hacerlo bien. Nos va a pasar como a los ingleses, que hay maneras muy bobas de abrir la toma de una decisión. Qué bueno que en estos foros se van a invitar a expertos y especialistas, en realidad son decisiones que tienen que tomar, sobre todo, los especialistas y protagonistas de esa comunidad. Tenemos que ser muy cuidadosos en la forma en que vamos a decidir y a discutir cuál es la plataforma, porque cuando eso se abre de manera incorrecta para que todo mundo opine se convierte en un desastre. En realidad, es un absoluto desastre cuando la cuerda tira en todas direcciones y luego se quiere consensuar. No sé exactamente cuáles son los detalles de los foros de consulta, pero estoy a favor de que se creen estrategias muy puntuales, decididas y que estén dirigidas a tomas de decisiones. Y que no abran esto a lo loco, porque después será muy difícil lograr los consensos que están buscando.

 

—Gabriela Jáuregui

No me queda muy claro cómo lo están formulando. Parece que quieren hacer audiencias públicas, también llamadas “mesas de discusión”. Pero, ¿cómo?, ¿abiertas a quién? ¿Y por qué solamente en ciudades? ¿Por qué no hacen un pequeño autobús que vaya a comunidades rurales e indígenas a consultar? ¿Por qué no hay una mesa en Oaxaca? (una de las ciudades con mayor diversidad y fuerza cultural en nuestro país) ¿Y Tijuana? ¿qué hay del norte? Pareciera que siguen pensando, como decía el xenófobo de Vasconcelos, que la cultura termina donde empieza la carne asada. ¡El colmo! Además, para variar, los temas en sí bajo un tufo de paternalismo siguen cobijando un racismo bien arraigado que justamente va en detrimento del arte, de la cultura: “Culturas populares y Lenguas indígenas” es uno de los temas a tratar por separado de “Artes escénicas, creación, educación e investigación artística”, por ejemplo. ¿Por qué?

Finalmente el problema es a quien se consulta, y a quien NO en estas mesas, y quién lo decide…

 

—Pilar Villela

Dada la magnitud de lo que debe contemplar esta ley, su complejidad, su articulación con otras legislaciones y lo amplio de la materia que abarca, me parece que dedicarle unos cuantos meses a su elaboración es un grave error. Asimismo, convocar a un Consejo Técnico Consultivo hecho de empleados administrativos es un intento muy triste por sustituir un costoso diagnóstico y a una compleja consulta con especialistas que no se puede hacer en estas condiciones.

 


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