/ 13
Ar
Fred Sandback, Untitled (Sculptural Study, Two-part Standing Construction) (1986-2010). Vista de instalación en Casa Gilardi. © Moritz Bernoully. Cortesía de Proyectos Monclova y el Estado de Fred Sandback
Ar
Ar
Ar
Ar
Fred Sandback, Untitled (Sculptural Study, Five-part Vertical Construction) (ca. 1990). © Moritz Bernoully. Cortesía de Proyectos Monclova y el Estado de Fred Sandback
Ar
Fred Sandback. Las propiedades de la luz. Vista de instalación. © Moritz Bernoully. Cortesía de Proyectos Monclova y el Estado de Fred Sandback. © Moritz Bernoully. Cortesía de Proyectos Monclova y el Estado de Fred Sandback
Ar
Ar
Ar
Ar
Ar
Ar
Ar

Reseña: Las propiedades de la luz, de Fred Sandback

Marzo 15, 2016

En su texto Notes de 1975, Fred Sandback reflexionó alrededor de la figura incongruente de una alcachofa, en un esfuerzo por explicar el rechazo a la ilusión, la ilustración, la desmaterialización y la superficie en su trabajo. “Prefiero estar en medio de una situación que en cualquiera de uno de los lados mirando hacia adentro o hacia fuera. Las superficies parecen dar a entender que lo interesante está ya sea adelante o detrás de ellas. Y los interiores son imprecisos, ni siquiera puedes verlos. Es como comer una alcachofa: sigues pelando el exterior hasta que no queda nada, buscando la esencia de algo“. (Fred Sandback, Notes (1975). Kunstraum). Posteriormente, profundizó en esta idea durante una conferencia en la Fundación Chinati en 2001. En la transcripción publicada un año antes de su muerte, se puede leer:

Mi mamá me contó de una película de Charlie Chaplin —si alguien de ustedes la conoce me podrían informar. Dijo que había disfrutado un video de Chaplin comiendo una alcachofa. Mientras estaba aturdido en medio de una cena lujosa, quitó una de las hojas, la miró y la arrojó por encima de su hombro. Así sucesivamente, durante toda la cena, hasta que llegó al encantador corazón: lo miró, y como lo consideraba algo más lo tiró sobre su hombro. A esa edad, cuando mi mamá me contó eso, aquello todavía era una imagen potente para ir más allá de Immanuel Kant y la cosa en sí misma, hasta dejar atrás el límite con el Platonismo.

El tránsito delicado entre estas dos citas —separadas por cerca de tres décadas— habla, elípticamente, de lo que es frustrante y a la vez brillante en el montaje que Proyectos Monclova hace de las esculturas de Fred Sandback (Bronxville, 1943 – Nueva York, 2003) dentro de la arquitectura de Barragán. Instalada temporalmente en diferentes sitios alrededor de la Ciudad de México, y desarrollada en colaboración con el estado del artista, Fred Sandback: Las propiedades de la luz parte de una elegante presentación en la galería, que muestra seis esculturas de fibra acrílica prefabricada en tonos azul, negro, rosa eléctrico y un naranja al estilo de las cintas de precaución. La icónica ejecución se complementa con una serie de dibujos que funcionan como anotación preliminar y registro, tal como el artista lo concibió. Pero el proyecto se complica —y se convierte en material de futuras consideraciones— por la decisión de instalar más esculturas en tres residencias de uno de los arquitectos más amados en México: Casa Gálvez, Casa Gilardi y Casa Estudio Barragán.

La semilla de esta yuxtaposición es otra anécdota de Sandback, que existe principalmente como historia oral. En 2002, meses después de la conferencia en Chinati, Sandback viajó a México para montar su exposición individual en el Museo Tamayo. Durante el viaje visitó la Capilla de las Capuchinas de Barragán —una capilla-convento que requirió seis años de construcción. Es un espacio deliberadamente impresionante: gira en torno a la luz, las transparencias y las sombras, con un recurso interior como el de las muñecas matrioskas. Una arquitectura puramente emocional que despliega el material favorito del arquitecto (roca de lava negra) con colores amarillo brillante intercalado con rosa, y los lienzos de Mathias Goeritz en marcos de oro que producen un fuerte efecto. El resultado —espiritual o arquitectónico— parece susurrar en cada esquina: conduce inevitablemente a una u otra habitación como si fuera una tomadura de pelo, es imposible tener acceso a la interioridad del sitio. Es claramente la alcachofa de Sandback. Y como visitante o feligrés, es difícil no sentirse como el vagabundo peripatético de Chaplin: destinado a vagar por el mundo moderno que de alguna manera te ha superado tanto en refinamiento como en complejidad.

Como nosotros, Sandback es el vagabundo: su atractivo más resonante y continuo. Y al igual que el genio de Chaplin, hace uso del sistema capitalista discretamente —casi sin consecuencias—, al tiempo que enuncia una crítica devastadora de esa ideología dominante de la acumulación y el crecimiento. En el trabajo de Sandback no hay una metáfora del color: es el color en sí mismo. Es una actualización de la teoría matemática: es sólo forma, secuencia y todas las otras categorías numéricas que fundamentan en silencio nuestra vida diaria. La instalación de las esculturas de Sandback en las tres casas de Barragán, más allá de imponer una belleza innegable, resulta necesaria precisamente porque socava cualquier similitud “minimalista” asumida (incluso ambos creadores odiaban el término), a pesar de la economía de las formas. Para el arquitecto mexicano, el color y la línea era materiales emocionales, simbólicos y efímeros, destinados a provocar sensaciones de comunión; el agua evocaba el bautismo y la luz que se filtra a través del concreto, la salvación. Un mapeo del viaje espiritual dentro de la forma arquitectónica. Por su parte, para Sandback, el color y la línea eran simplemente declaraciones, intuiciones y realidades: rechazar el simbolismo, el sacramento, la figura y el referente.

Es revelador que, incluso hacia el final de su vida, Sandback no supiera el nombre de la película de la que surgió aquella escena de la alcachofa, que resultó tan formativa. No obstante, lejos de ser una decepción, esta ausencia de referencias exactas (a pesar de la exactitud en las medidas y las instrucciones de sus instalaciones) hace posible reinterpretaciones continuas y nuevas puestas en escena de su trabajo. Al reunir estas esculturas con la arquitectura de Barragán, Las propiedades de la luz apunta hacia nuevas formas de involucrarse con la obra abierta y no-programática de Sandback. Como el artista escribió en uno de sus primeros textos respecto a la falacia del progreso: “No hay ningún programa en mi obra. No va de lo mejor a lo peor o de lo más simple a lo más complicado. Por otro lado, siempre es diferente. Así, en lugar de decir que he hecho algo nuevo, siempre diré que he hecho algo más”.

Las propiedades de la luz se presenta del 02 de febrero al 12 de marzo en Proyectos Monclova, Casa Gilardi y Casa Barragán, Ciudad de México.

 


Jennifer Burris es curadora, escritora y directora de la editorial independiente Athenée Press. Doctora en artes por la Universidad de Cambridge, es curadora invitada del Centro de Arte Feminista Elizabeth A. Sackler del Museo de Brooklyn.

Lo más leído