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Juan Carlos Romero, Resitexist (1973). Imagen tomada de la página del bellasartes.gob.ar
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Juan Carlos Romero, Quiero minar la tierra (2010). Imagen tomada de bellasartes.gob.ar
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Juan Carlos Romero, Terror (2007). Imagen tomada de la página del bellasartes.gob.ar/
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Reedición de Violencia en el Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina (2016). Imagen tomada de la página de bellasartes.gob.ar
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Escribir a gritos: Juan Carlos Romero

Abril 28, 2017

Hablar sobre Juan Carlos Romero se torna más y más complicado conforme uno se adentra en su trabajo. Casi parecería que se trata de un efecto paralelo al de su obra: desde de las escrituras mayúsculas se asoman las estructuras minúsculas, y viceversa. El artista argentino, fallecido el pasado 22 de abril, centraba su trabajo en la explotación de las posibilidades gráficas de la palabra.

Trabajando siempre en los límites entre el arte plástico, el diseño y la poesía visual, Juan Carlos Romero dejó como legado, más que un compendio de obras, un manual de estructuras para relacionarnos con la palabra escrita. La palabra como mensaje, sí, pero también como dibujo; como significante y significado.

Retomar a las palabras como códigos —y no como parte de un código— es un ejercicio recurrente en la poesía y la literatura. Lo que resulta interesante sobre el trabajo de Romero es, en realidad, su rescate desde la gráfica, y las aportaciones que, como artista, ofreció a la poesía visual. En una entrevista para Infrafino[i] hablaba precisamente de esto, afirmando que la diferencia entre los artistas plásticos y los escritores, al trabajar con la poesía visual, radicaba en el uso de la palabra como imagen, como un elemento del dibujo, más allá de jugar con el contenido. Así, su trabajo con las palabras comenzó con la explotación de su potencial gráfico: la tipografía como abstracción a través de la experimentación y el juego. Más adelante en su obra se encargó de representar, de manera gráfica, el potencial comunicativo de una sola palabra.

En alguna ocasión mencionó que su interés por las palabras surgía en los periódicos: «Yo veía que los diarios en general disimulaban las palabras, las ocultaban. […] El periódico esconde las palabras más importantes del texto, lo hace un bosque farragoso, y en el medio hay muchas que son muy importantes, que están disimuladas».[ii] En muestras como Violencia, entonces, Romero se daba a la tarea de regresarles a las palabras las capacidades comunicativas que encierran en sí mismas, una vez desnudas del discurso en el que se las emplea. En esta exposición/instalación, el artista inundó el tercer piso del Centro de Arte y Comunicación con la palabra «violencia», en sus características letras negras sobre fondo amarillo. En el segundo piso, por otro lado, se rescataban de ese «bosque farragoso» las palabras importantes de las notas periodísticas: «víctima», «asesinan», «amenaza», «rehén». Palabras que son, en realidad, mucho más grandes que los caracteres que las contienen. Un ejemplo contemporáneo es la palabra «feminicidio»: su recurrente aparición en los medios de comunicación, las grandes cifras que suelen acompañarla; vaya, la mera necesidad de que exista como palabra, como categoría significante, dice mucho más que la palabra misma.

Hay palabras que se escriben en silencio, cuando deberían gritarse. ¿Por qué no retomarlas entonces, como hizo Juan Carlos Romero, como universo individual de significado?

_________________

[i] «La palabra como objeto», entrevista a Juan Carlos Romero por Virginia Pérez y Víctor F. Sita, Infrafino, 1999. Disponible en http://vorticeargentina.com.ar/poesia_visual/escritos/entrevista_juan_carlos_romero.html (consultado el 26 de abril del 2017).

[ii] Juan Carlos Romero en entrevista con Emmanuel Docco, El gran otro, 2012. Disponible en http://elgranotro.com.ar/index.php/juan-carlos-romero-vivimos-en-un-mundo-represor-liberar-furia-es-hacer-obra/ (consultado el 26 de abril del 2017).

 


Elena Coll es lectora, editora y poco más. Bokononista, investigadora frustrada y madre adoptiva de una parvada.

[28 de abril de 2017]

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