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Omar Pimienta, Lady Libertad V1 (2007). CortesÌa del artista.
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Omar Pimienta, La statue de la Liberté en phare Frédéric-Auguste Bartholdi n.d. Del libro: From Liberty?the french-American Statue in Art and history. CortesÌa del artista.
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Omar Pimienta, Apariciones (2008). CortesÌa del artista.
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Omar Pimienta, Archivo de Ciudadanos Libres, collage fotográfico (2016). CortesÌa del artista.
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Omar Pimienta, Colonia Libertad, collage fotográfico (2010). Cortesía del artista.
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Omar Pimienta, Libertinos (Miguelito) (2010). CortesÌa del artista.

Ensayo: Welcome to Colonia Libertad

noviembre 02, 2017

Crecí en la colonia Libertad —en el margen del país, visto desde el centro de la República, y en el centro de la bisagra de la frontera, visto desde aquí—. Esta colonia está entre las tres primeras fundadas paralelamente en Tijuana por trabajadores sindicalistas; pero yo siempre digo que colonia Libertad es la primera porque es la mía. Esta colonia creció separada de todo, delimitada al norte por un par de alambres que significaban el fin de la nación y el comienzo de la otra; al sur, por las vías del ferrocarril y, poco más allá, el río Tijuana; y al este, por una serie de asentamientos más jóvenes que se fueron extendiendo rápidamente.

La colonia se fundó a principios de los años treinta como resultado de una violenta toma de tierras que confrontó a los trabajadores del hipódromo contra su patrón gringo, que se creía dueño de la tierra. En esos años, muchos de los inmuebles importantes de Tijuana eran propiedad de estadounidenses. Los trabajadores tomaron las caballerizas del hipódromo y se dio el enfrentamiento. El gobierno federal intervino y cedió el territorio a los trabajadores, varios de ellos ex revolucionarios que, al parecer, dieron muy buena batalla. Todo esto lo sé porque a mis manos llegó una copia del libro Historia de la Colonia Libertad, de Jorge A. Bustamante, en la que hay una oración que siempre me llamó la atención: «Los obreros habían siempre envidiado a los caballos que vivían en mejores condiciones de habitación que la mayoría de los trabajadores de Tijuana». Este libro fue publicado por El Colegio de la Frontera Norte a principio de los noventa, ya en mi adolescencia, justo cuando me preguntaba por qué razón una colonia que está delimitada y vigilada, tanto por la patrulla fronteriza como por la policía local, se llama Libertad.

La colonia fue fundada por trabajadores sindicalistas, tomada a fuego, repartida entre los trabajadores de forma relativamente democrática; sin embargo, fueron los mexicanos repatriados de la gran de los años treinta los que la poblaron. La deportación de estos de norte a sur y, con el tiempo, la migración de sur a norte con la demanda laboral causada por la Segunda Guerra Mundial fueron dos de los elementos que hicieron de la colonia lo que es ahora: un espacio de tránsito y, a su vez, de delimitación. Fue durante el periodo de posguerra que la frontera se comenzó a sentir como tal. Primero no era nada, una línea imaginaria, después dos o tres alambres, luego una malla ciclónica, unas planchas metálicas, surplus de una de tantas guerras; y ya, de forma más reciente, una segunda reja/barda bastante alta, coronada con alambres de púas con torretas de luces y cámaras. Toda mi familia, excepto mi padre, don Marcos, cruzó por ese cerro que separa a la Colonia Libertad de los Estados Unidos (en realidad tampoco mis hermanos lo hicieron, pero en mi imaginación todos mis tíos y sus hijos que llegaron al norte ya grandes cruzaron escondidos entre la bruma que baja del cerro). Don Marcos siempre presumió haber cruzado de forma legal, aunque fuera con documentos falsos.

Omar Pimienta, Colonia Libertad, collage fotográfico (2010). Cortesía del artista.

La casa en la que crecí era la embajada en Tijuana del pueblo de mis padres. Aquí llegaban todos, dormían en la sala o donde podían; cantidad de personas esperando las condiciones ideales para intentar el cruce. La colonia Libertad era, por un lado, un campo de refugiados, lleno de gente en espera y, por otro, una colonia con gente como yo, que caminaba un par de cuadras a la escuela primaria, otro par de cuadras a la secundaria, que abría sus tiendas, sus puestos de comida, sus talleres. Gente que se profesionalizó en diferentes cosas: en hacer figuras de yeso para el turismo, en replicar la naturaleza delimitante, haciendo rejas, como mi padre; y otra que supo rápidamente que el dinero estaba en el tránsito, que así como había pueblos mineros había también pueblos cuyo oro era traficar, gente que memorizó el cerro para cruzarlo sin luna, que entendía el flujo migratorio, los cambios de turnos de los cancerberos, la maleabilidad de la moral de los vistas y los migras, y que acumuló grandes fortunas llevando personas y mercancía de un lado para el otro, una y otra vez. Hasta que llegó la operación guardián y nuestro cerro libre dejó de serlo —doble muro metálico y el desplazamiento de los migrantes hacia el este de la ciudad, lejanos a cualquier zona urbana, a merced de los elementos.

En este contexto nace Welcome to Colonia Libertad. En un intento por ironizar la condición marginal de mi colonia decidí crear un monumento representativo y opté rápidamente por apropiarme de la Estatua de la Libertad. En las propuestas artísticas «esta pieza de escultura social busca, por medio de acciones artísticas, generar dinámicas y estrategias para que la comunidad pueda desarrollar sus propios procesos creativos y cuestionamientos críticos del espacio geopolítico que habita». Pero esto vino después.

Inicié mi proceso de investigación y me encontré con un bosquejo de 1882 del pedestal que soportaría la Estatua de la Libertad. Este bosquejo, dibujado por Frédéric Auguste Bartoldi, el artista creador de Lady Liberty, originalmente llamada La Liberté éclairant le monde —y que en principio no tiene relación alguna con la migración—, tiene una pirámide precolombina como pedestal. El autor de The Statue of Liberty, Marvin Trachtenberg, asegura que la pirámide del bosquejo es una copia precisa, pero invertida, de una ilustración de la pirámide «Guatusco» que aparece en el libro Histoire de l’art monumental (París, 1846) de L. Batissier. Bartoldi, desde Paris, se apropió de la ilustración para dibujar un pedestal que soportara su estatua y, sin quererlo, conceptualizó la democracia estadounidense en estrecha relación con las culturas precolombinas. Visto desde el presente me parece irónico, pero visto desde el futuro me parece que tiene mucho sentido.

Omar Pimienta, La statue de la Liberté en phare Frédéric-Auguste Bartholdi n.d. Del libro: From Liberty?the french-American Statue in Art and history. CortesÌa del artista.

La primera pieza de Welcome to Colonia Libertad fue Lady Libertad V1 (2007), una estatuilla de yeso (50 cm x 50 cm x 74 cm, en una serie de 100) cuyo molde fue creado en un taller colindante al muro fronterizo, por Víctor Toscano, reconocido yesero de la colonia. La serie fue insertada en el mercado local de artesanías y, a su vez, en el circuito artístico binacional. En las propuestas artísticas «la pieza se desplaza de un lado al otro de la frontera entre arte y artesanía, monumentalidad vertical y horizontal. La pieza unifica iconografías lejanas, desplazadas más de 3,000 kilómetros desde su origen a esta ciudad de paso; a pesar de su lejanía geográfica, ambos íconos siguen representando culturalmente a los ciudadanos de colonia Libertad, la nueva puerta de entrada al sueño americano». En la práctica, y contrario a lo que yo esperaba, la pieza se ha exhibido con relativo éxito; sin embargo, en el mercado de artesanías fue un rotundo fracaso. De esta pieza surgió una serie fotográfica de título Apariciones, en la que la estatuilla posa en diferentes espacios de la colonia Libertad.

Omar Pimienta, Apariciones (2008). CortesÌa del artista.

Después, el proyecto creció y en 2009 se produjo Lady Libertad V2, creada con el apoyo de la beca UCIRA (University of California Institute for Research in the Arts). La pirámide/ágora fue construida en la herrería de Don Marcos por residentes de la colonia, incluido yo. Lady Liberty inflable fue manufacturada por Inflate Co. Inc., Palm Desert, Ca., a quienes pedí la donación de la misma (dada la historia original de la colosal estatua), a lo que se negaron. Esta pieza consta de una pirámide de metal y madera que se abre para convertirse en ágora. La parte superior de la pieza es una Estatua de la Libertad inflable (sus dimensiones totales son 4.5 m x 4.5 m x 7.5 m). En las propuestas artísticas «la pieza es un proyecto de escultura social que se activa como espacio público para crear una dinámica de análisis, práctica y apreciación de la colonia Libertad y sus características específicas, tanto geopolíticas como comunitarias». En la práctica es un monumento que se colapsa y una pirámide que se abre.

Al estar en un constante cuestionamiento de las funciones de los monumentos, decidí prescindir de las cualidades que más me molestaban de estos: 1) la imposición de un ícono inamovible en su monumentalidad (opté por hacerla efímera: se instala un viernes, se utiliza el sábado y se desinstala el domingo); 2) la función meramente contemplativa de la mayoría de los monumentos (esta pirámide, instalada en el espacio público, se abre para convertir su interior en un espacio público en sí mismo); 3) la inmovilidad de los monumentos (Lady Libertad V2 se pasea por la colonia y brota en distintos lugares). Y, por último, intenté reproducir ad nauseam la cualidad que más me interesa de los monumentos: su colapso.

A Lady Libertad le siguió una serie de retratos titulada Libertinos 2010. Esta serie pretende «capturar y cuestionar la proximidad del sueño americano en los residentes de la colonia Libertad». En la práctica consistió en caminar por la avenida principal buscando algún conocido que se prestara para el retrato. Todo en un intento por encontrar la cercanía y la lejanía del sueño americano.

Omar Pimienta, Libertinos (Miguelito) (2010). CortesÌa del artista.

En 2011, bajo el marco de la serie de conferencias The Political Equator 3 del profesor, arquitecto y urbanista Teddy Cruz, fui invitado originalmente a participar instalando Lady Libertad V2, pero —como nos habían robado el carro a mano armada, y dentro de la cajuela se encontraba el compresor para inflar a Lady Liberty—, preferí improvisar una pieza nueva: El visado libre. Los turistas culturales de Political Equator cruzarían de San Diego a Tijuana por debajo del muro metálico que divide el estuario entre Friendship Park y la colonia Los Laureles. Ellos llegarían a un escritorio con un agente mexicano de migración y luego subirían una lomita donde me encontraría yo sellando sus pasaportes, otorgándoles acceso a colonia Libertad, que en realidad se encontraba a cerca de 10 kilómetros siguiendo el muro. Una buena cantidad de ellos accedieron a intervenir sus pasaportes sin titubeos, otros cuestionaron la legalidad del acto, lo cual me pareció irónico después de haber cruzado de un país a otro debajo del muro metálico, acto que ha costado la vida  a varios en la dirección contraria.

El cuestionamiento de la legalidad de intervenir un pasaporte, otorgar un visado y, en general, la naturaleza del proyecto, me llevó en 2012 a pensar en la colonia Libertad como un espacio conceptualmente separado de ambas naciones, un espacio de ciudadanía en flujo. Para entonces el número de gente deportada por la administración de Barak Obama había escalado a cifras inimaginables: en sus dos primeros años ya había sobrepasado el número de deportaciones de la gran depresión y lo triplicaría durante su mandato. En ese momento decidí que colonia Libertad se transformaría conceptualmente en un «espacio libre», una post-nación, si la queremos llamar así (aunque realmente no importa cómo la nombremos porque es libre) que ofrece ciudadanía a cualquier ciudadano que quiera intercambiar su pasaporte real por el «pasaporte libre».

Así, nació el Consulado Móvil como un proyecto burocra-artístico que tiene el objetivo de intercambiar la ciudadanía adquirida, o heredada, por la «ciudadanía libre». En las propuestas artísticas «el proyecto pretende hacer de colonia Libertad en Tijuana, México, lugar históricamente visto como el no-lugar del proceso migratorio, el locus conceptual que dé anclaje geográfico al estado de ausencia de los ciudadanos en tránsito. Hacer de colonia Libertad la post-nación que dé ciudanía a aquel que entienda que la migración puede ser en sí misma una ciudadanía». En la práctica, Granola y yo somos La Secretaría de Relaciones Exteriores de colonia Libertad y nos instalamos en diferentes espacios culturales haciendo el proceso burocra-artístico. El prospecto ciudadano libre llena una solicitud con sus datos generales y su huella digital; Granola llena el pasaporte libre con una máquina de escribir; yo tomo 4 fotos in situ, una va al pasaporte, otra a la solicitud, una a mi archivo y la cuarta se la lleva el participante. Una vez terminado el pasaporte, hacemos el intercambio de documentos. El pasaporte que se me entrega es intervenido, enmarcado, y finalmente se exhibe como parte del Archivo de Ciudadanos Libres. En este momento el archivo está expuesto en Muzeo, Museum and Cultural Center en Anaheim, California, y en Oceanside Museum of Art, dentro del marco de Pacific Standard Time: LA/LA, iniciativa de la fundación Getty.

Omar Pimienta, Archivo de Ciudadanos Libres, collage fotográfico (2016). CortesÌa del artista.

Las reacciones de los participantes son variadas: desde quienes cuestionan la legalidad de quedarme con su pasaporte, se preocupan por el robo de identidad y participan por mera confianza en nosotros, hasta aquellos que ven su pasaporte como un documento más, sí de importancia, pero reemplazable, casi desechable. A cada uno de los participantes le aseguro que el Archivo Libre —que en este momento cuenta con 65 pasaportes, en su gran mayoría mexicanos y estadounidenses, pero entre los cuales también hay argentinos, colombianos, españoles, holandeses y peruanos— no será vendido como pieza de arte a menos que sea adquirido por algún museo en su totalidad. Esta explicación a muchos les parece bastante lúdica, a otros les seduce la idea de que sus nietos vean su rostro en algún museo como ahora vemos los retratos del clérigo o la burguesía de los siglos pasados en las paredes de los museos. Al final el archivo crece con cada instalación del Consulado Libre.

Gran parte del proyecto Welcome to Colonia Libertad surge de la emulación, como imagino que nacen los países: robándose las ideas entre ellos e implementándolas para bien o para mal. Al emular acciones burocráticas en realidad quisiera cuestionarlas, al invitar a la gente a experimentar procesos de naturalización y ciudadanía intento entender la magnitud del concepto de nación. En ese afán por entender perpetúo prácticas nacionalistas, al grado de que para el 2013 de algún modo ya me había convertido en un colonialista. Ese año imprimí una serie de calcomanías que llevo por el mundo y pego en el espacio público, como banderas que reclaman esas 4 pulgadas cuadradas como parte de la colonia; la finalidad es expandirla hasta que paulatinamente logremos que el sol nunca se ponga sobre la colonia Libertad. Cuando a mitad de los noventa me cuestioné por primera vez el nombre de mi colonia —lo irónico del mismo—, me costaba mucho entender que esos trabajadores sindicalistas ya habían huido al margen de un país que había ido a una guerra con la intención de rearticular su Estado-Nación, y que este espacio remoto, en el centro de la bisagra que divide un país del otro, era sin lugar a dudas lo más cercano a la libertad.

Omar Pimienta es artista interdisciplinario que vive y trabaja en la frontera de Tijuana/San Diego. Su trabajo como artista visual ha sido expuesto en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca y el Centro Cultural de España en Buenos Aires, entre otros.

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