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El potencial creativo de la destrucción: Acciones artísticas que ponen en peligro al público

agosto 01, 2013

Ahora que ya está disponible Código 76 en tiendas y librerías, publicamos en línea la columna de esta edición.


En un país como México, donde la cultura se ha utilizado como parte de la propaganda política para legitimar el «combate a la violencia», resulta refrescante encontrar muestras como SIN, de Mario de Vega, que cuestionan, desde una institución pública, los vacíos gubernamentales con una serie de instalaciones que literalmente ponen en riesgo al público que acude al museo.

Bajo la advertencia por escrito de que la exposición no es apta para niños, mujeres embarazadas y personas de la tercera edad, el visitante tiene que firmar una carta en la que acepta que ni el autor, el equipo curatorial o el Laboratorio Arte Alameda (LAA) se hacen responsables de las «posibles complicaciones» que pueda ocasionarle la visita. ¿A qué se refiere? Entre otras cosas a recibir una descarga de siete mil voltios si se toca una reja electrificada de una de las naves o a los posibles mareos, dolores de cabeza o, en caso extremo, alucinaciones provocadas por las obras que exploran la percepción acústica con sonidos de baja sonoridad y alta intensidad, y el efecto vibratorio en el cuerpo a través de un dispositivo que simula un temblor.

Aunque es predecible que una mirada conservadora encuentre un despropósito en montar piezas que puedan ocasionar un daño físico al visitante que acuda al LAA, por encima de cualquier prejuicio es pertinente destacar el potencial crítico que tienen este tipo de trabajos sobre la naturaleza del museo y las experiencias que ofrecen al espectador: son obras capaces de generar sensaciones tan íntimas como el miedo, el agobio, la desorientación o el temor a la muerte. Este tipo de instalaciones tienen la virtud de romper con el frío acto de acudir a un recinto a ver objetos. Además, abren la discusión sobre cuál debe ser el objetivo de un museo: ¿entretener, divertir o confrontar al visitante con la obra para generar un pensamiento crítico?

SIN se suma al grupo de obras que, si bien no son dominantes en la escena local, han tenido presencia en proyectos curatoriales que, con mayor o menor eficacia, se han dado a conocer recientemente en la ciudad de México. El mismo LAA presentó en 2010 Zee, del austriaco Kurt Hentschläger, como parte de la muestra colectiva (In)posición dinámica, la cual buscaba crear una experiencia sensorial a partir de una instalación al interior de una habitación donde la gente se sumergía dentro de una espesa bruma. La pieza estaba acompañada de luz estroboscópica y efectos de sonidos. La experiencia, en algún caso, podía desencadenar ataques epilépticos.

Tanto Hentschläger como De Vega producen acciones riesgosas para el público. Si bien este riesgo es calculado, no puede ser mediado por criterios institucionales, ya que se correría el peligro de neutralizar la obra o desvirtuarla.

Un ejemplo de la neutralización de este tipo de piezas se dio en Ergo, materia. Arte povera, que presentó en 2010 el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, la cual incluía Sin título (1969), de Jannis Kounellis, un conjunto de sopletes conectados a cilindros de gas propano que se exhibían con la llama encendida. La instalación se montó en un cuarto con acceso parcial al público, ya que durante la exhibición se clausuró la entrada con una banda amarilla. La decisión no sólo criminalizaba implícitamente la pieza, sino que también cancelaba cualquier experiencia sensible.

La polémica ha perseguido a esta obra de Kounellis, ya que —según explicó el MuAC—, ha sido prohibida en varios países europeos. Pero más allá de cualquier juicio, resulta evidente que cuando se toma la decisión de presentar una obra que implica un riesgo para el público, lo que bajo ninguna circunstancia se puede permitir el recinto o el artista es dosificarla para aminorar el peligro. La energía que activa estas obras es, al mismo tiempo, el potencial creativo de la destrucción en el arte, tal como lo recuerda el curador Michel Blancsubé en el texto de sala de SIN.


[31 de julio de 2013]

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