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Colección Arias Editorial. Cortesía.
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© kurimanzutto. Cortesía de GWM/PaperWorks
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Imakenotebooks. © Imakenotebooks. Cortesía de GWM/PaperWorks

Destacado: Trabajos en papel

noviembre 10, 2017

Al escribir «libro de artista» en la monopolística cajita de Pandora aparecen 834,000 resultados en 0.80 segundos. ¿Qué es un libro de artista? ¿Cuál es la diferencia entre el libro de arte, el catálogo y el libro de artista? ¿Son libros hechos, impresos, cosidos a mano? ¿Es único o hay tirada? Y, ¿de cuántos ejemplares? ¿Los fotolibros son libros de artista? ¿Y los diarios de viaje? ¿O las colecciones epistolares? ¿Cuál es la diferencia entre los múltiples y los fanzines?

Hans Ulrich Obrist recopila en Breve historia del comisariado (Exit, Madrid, 2010) once entrevistas con algunos pioneros de la curaduría, entre ellos Johannes Cladders, un alemán de la «ciudad de seda». Desde 1967, y durante dieciocho años, este curador —depositario de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania— estuvo a cargo de los museos de arte estatales de Mönchengladbach, y situó al Museo Abteiberg en el centro de la escena del arte alemán del siglo XX entre 1982 y 1985. A pesar de que arquitectónicamente resulte uno de tantos museos proyectados como gran atracción turística, Cladders inauguró un espacio de investigación y experimentación en medio de la nada, donde comisionó a artistas como Joseph Beuys, George Brecht, Robert Filliou y Jannis Kounellis para que desarrollaran eso que estamos tratando de definir: el libro de artista.

Hace un par de años, la biblioteca del Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía de Madrid expuso la muestra Más que un catálogo. Las cajas catálogo del Museo Abteiberg-Mönchengladbach (1967-1978), una exposición de Guy Schraenen que reunía a Carl André, Joseph Beuys, George Brecht, Marcel Broodthaers, Stanley Brouwn, Daniel Buren, James Lee Byars y Hanne Darboven, entre otros. Conocida como Kassettenkataloge [traducidas al español como cajas catálogo], esta colección de cajas de cartón gris, con las que Cladders ofreció su particular forma de concebir las publicaciones en los museos, ofrece una amplia panorámica de la vanguardia artística internacional que incluye el arte conceptual, el Fluxus, el arte povera y el Pop Art (1967-1978). Todas ellas, de tamaño similar (21 x 17 x 3 cm aproximadamente), contienen carteles, folletos, objetos, documentación y textos múltiples. Estas cajas, de edición limitada y numeradas, representan un punto y aparte en el mundo de las publicaciones de arte, los catálogos de los museos de arte contemporáneo y los libros de artista. A la pregunta de si son libros o piezas nos responde la clasificación del museo. Pertenecen al acervo del Centro de Documentación y Biblioteca del Reina Sofía y están disponibles para cualquiera que quiera perderse en la Biblioteca bajo la categoría Libro de Artista. Parecería lógico, entonces, llamarlos libros: están en la biblioteca y tienen signatura.

Vista de sala de Ulises Carrión. Querido Lector. No Lea. Museo Nacional de Arte Reina Sofía. Marzo 2016. Fotografía Joaquín Cortés/Román Lores. Archivo fotográfico del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Las cajas catálogo, que Cladders tuvo la fortuna de comisionar a cada uno de los artistas, bien podrían haber sido entendidas como exposiciones permanentes, como dispositivos que son en sí espacios expositivos en los que la obra desborda lo que habitualmente se entiende como libro.

Los museos juegan un papel muy importante en la medida en la que incentivan el coleccionismo a pequeña escala y lo extienden al público especializado. El Museo Tamayo, sede de PaperWorks, la Feria de Libro de Arte que tendrá lugar a fines de septiembre*, o el Museo Jumex, sede de Index Art Book Fair; el Museo Carrillo Gil, que alojó el Encuentro de Ediciones Independientes, o el Museo Universitario Arte Contemporáneo de la UNAM, donde se celebra anualmente una muestra de libro de artista… Sin embargo, las galerías son también determinantes para el desarrollo de la producción de libro específico —imposible no nombrar a la línea editorial Kurimanzutto Libros o los espacios independientes como Casa Maauad, Bikini Wax y Liga DF – Espacio de arquitectura.

En esta manera de reapropiarse de la biblioteca, del libro como espacio expositivo, tal vez sea entonces pertinente preguntarse por qué un museo traslada los libros de una habitación contigua a otra, de un espacio de acceso libre y gratuito, como son las bibliotecas, a las salas de exposición. Pero esa es otra discusión distinta de la que nos ocupa, y de la que sin embargo se han hecho cargo proyectos como Aeromoto, quienes se autodefinen como biblioteca pública, o el muy destacable Catálogo Contemporáneo.

Catálogos imposibles, carísimos, cosidos, con tapa dura, entelados, con huecograbados y cintillos, papeles exóticos y de gramajes desmesurados, películas de UBI, tintas fluorescentes plateadas o doradas, ¡incluso cubiertas de concreto! Resulta aterrador comprobar que determinada producción editorial de libros de arte se corresponde con un país en el que la tasa de analfabetismo supera los cuatro millones de personas.1 ¿Para qué hablar entonces de índices de lectura?

El libro deja de ser libro. Se convierte en un bien de consumo, en objeto, fetiche, artículo de decoración e instrumento de enclasamiento. Aparecen categorías como el Coffee Table Book o versiones adaptadas para todos los públicos: de bajo costo y de lujo. A este respecto recomiendo comparar la versión del Fotolibro Latinoamericano publicada por la editorial RM ($800 aproximadamente) y la de Fundación Televisa ($1,500 aproximadamente). En los últimos tiempos parece que, en ciertos contextos, el libro de artista empieza a ocupar otras ediciones de papel reciclado, tapas rústicas, cubiertas baratas o impresión en risograph.

Desde 1973, primero con la imprenta Rascuache y a partir del 1976 y hasta el día de hoy bajo el nombre de Taller Martín Pescador, Juan Pascoe lleva desarrollando desde Tacámbaro, Michoacán, la mejor impresión de toda la República. Casas editoriales como Taller Ditoria, en Ciudad de México, o Impronta Editora, en Guadalajara, hacen asimismo una labor encomiable y un gran esfuerzo por mantener un saber y una tradición que va más allá de la vocación y se convierte en arte. Ejemplares como Poesías de Ulises Carrión dan buena cuenta de ello.

Ulises Carrión. © Fotógrafo y Archivo Lafuente, Santander, 2014.

Otros proyectos que trabajan en la misma línea son los talleres de gráfica, repartidos por todo el país y agrupados bajo la Unión de coeditores gráficos, entre los que se cuentan La Curtiduría, La Trampa Gráfica, El Chanate, La Ceiba Gráfica y Tigre Ediciones de México, entre otros. Hay también quienes se desarrollan al margen de tales agrupaciones, como es el caso de La Casa del Hijo del Ahuizote, de Ciudad de México, o Gratto Letterpress, de Tijuana, más inaccesibles para un público no especializado.

En el plano independiente, la editorial mexicana Alias, con una pretensión muy alejada de lo comercial y una selección exquisita, representa un icono en la edición de textos de arte cuidada, bella y a precios más que asequibles. Como ella, si lo que atendemos es al precio, Tumbona tiene en su catálogo libros desde $60. Otros proyectos editoriales, como la cooperativa Cráter Invertido, venden publicaciones experimentales y libros de artista; Taller de Ediciones Económicas traduce textos inéditos de ensayo con ediciones muy cuidadas; Gato Negro publica a artistas, y ya pasa los 90 títulos. ¿Cómo olvidar el tarot de Bergmann de Ediciones Hungría (por cierto, ya agotado), o los aviones de papel de Esto es un libro? Y otros tantos proyectos de editoriales como Luzzeta, La Dïéresis editorial o Terreno Baldío.

Por otro lado, si uno entra en una librería de segunda mano se sorprenderá por la calidad de las impresiones de los negros (habitualmente serigrafía o litografía), por el buen estado de las encuadernaciones pese al paso de los años. Es sorprendente lo bien que se hacían las cosas antes, lo bien que se siguen haciendo hoy y lo que cuesta hacerlo. En este sentido es un error no acudir a las librerías a descubrir pequeños grandes tesoros. Visitar Librería Madero, La librería Bonilla o La increíble librería, de Selva Hernández y Alejandro Magallanes, y no encontrar al menos tres joyas (libro de viejo, tipos móviles o gráfica original) es imposible; lo mismo pasa en Ferragus Librería o en El insulto, si lo que a uno le interesa es la literatura erótica. Carlos Rank y Claudia Reyes están al cargo de Elegante Vagancia en Guadalajara. Otras librerías especializadas como el proyecto de Ana Casas, Gerardo Montiel y Gabriela Martínez, Hydra Libros; EXIT La Librería de la española Rosa Olivares, o Casa Bosques, muy cercana a Index Art Book Fair, que junto con PaperWorks son las dos ferias internacionales de libros de artista, se esfuerzan por poner a disposición del público mexicano libros imposibles de encontrar en el resto de librerías del país.

PaperWorks se celebrará el 23 y 24 de septiembre en el Museo Tamayo de la Ciudad de MéxicoConoce el programa completo

*La feria de arte de libre PaperWorks cambió de fechas dada la proximidad con el terremoto del 19 de septiembre de 2017 y en solidaridad con las personas afectadas.

Blanca Sotos es licenciada en Filosofía y editora. Ha trabajado en los distintos procesos que involucran la vida del libro.

[10 de noviembre de 2017]

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