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Concrete (2017). © Mohamed Somji. Cortesía Alserkal Avenue
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Concrete (2017). © Mohamed Somji. Cortesía Alserkal Avenue
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Concrete (2017). © Mohamed Somji. Cortesía Alserkal Avenue
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Axonométrica explotada. Imagen © OMA
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Axonométrica explotada. Imagen © OMA
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Concrete (2017). © Mohamed Somji. Cortesía Alserkal Avenue

Destacado: Alserkal Avenue y Concrete, de OMA

agosto 14, 2017

Cada ciudad tiene una zona industrial, un lugar desordenado y ruidos donde se hacen y reparan las cosas necesarias. Dubái no es la excepción: su distrito Al Quoz es una retícula de carreteras alineadas con cemento y plantas de concreto, fabricantes de acero, instaladores de vidrio, talleres mecánicos para camiones y bloques de alojamiento para trabajadores. Lo que hace a Al Quoz distintivo, sin embargo, es lo que aporta: es la cuna de la ciudad, un lugar preocupado por la particular industria de Dubái, la construcción de una ciudad aún más grande, alta y lisa.

A medida que la ciudad madura, esa obstinación comienza a disiparse. Mientras que en otras ciudades el ciclo que va de la industria a la negligencia y de la reutilización a la gentrificación tarda un siglo o más, a una generación de haberse construido, algunas partes de Al Quoz ya se están convirtiendo en un distrito destinado a las artes.

La Alserkal Avenue se ha transformado en el distrito de las artes más denso y fascinante de Dubái (aunque sin mucha competencia): una retícula dentro de otra retícula de estanques reutilizados como galerías, fundaciones, estudios, cafés y talleres. El barrio ahora alberga todo, desde salas de exposición de autos clásicos hasta gimnasios de boxeo y teatros. Así, cuando los arquitectos de OMA llegaron a construir una nueva galería de arte en el centro del lugar, se aferraron al exitoso lenguaje de la arquitectura industrial y construyeron un hangar enorme como edificio. El Concrete, como se le llama, está hecho con los materiales de una ciudad industrial,  en lugar de la piedra y el vidrio, que son los sellos distintivos de la Dubái que ha impulsado el crecimiento de la propiedad privada.

Conservando la estructura del antiguo almacén —ubicado, a su vez, en un antiguo taller de corte de mármol—, OMA creó, dentro de ese legendario unicornio del modernismo, un espacio flexible. Una pared giratoria de altura completa permite variaciones casi infinitas en la configuración del interior, desde un gran volumen hasta cuatro pequeños espacios  (aun así bastante grandes) capaces de albergar exposiciones o eventos simultáneos. La fachada principal está compuesta por puertas giratorias similares que realzan un sensación de zepelín en el hangar, al tiempo que permiten que la galería se abra hacia una pequeña plaza exterior. El espacio con su cafetería se ha convertido en el corazón de este distrito artístico emergente. Un revestimiento de policarbonato translúcido barato transmite un brillo a la estructura y la hace destacar lo suficiente en contraste con el acero corrugado, pintado de azul, de los edificios vecinos. 

Los arquitectos tuvieron la suerte de tener un contexto industrial bastante bello: no los habituales y oxidados almacenes, sino estructuras modulares con un sutil ritmo estructural. Su densidad y retícula transitable ofrecen al vecindario un espíritu más urbano que el aspecto vidrioso de los edificios comerciales típicos de Dubái.

Al interior, el espacio con 12 metros de altura está coronado por un techo de rejilla negra, un sistema de iluminación por medio de franjas y un tragaluz que permiten filtrar al interior de la estructura una versión más fresca de los cielos del Golfo. En la parte posterior, sucede algo diferente. Allí, las paredes han sido tapizadas con guijarros y hormigón oscuro, sellado con fragmentos de espejos. Las paredes, inclinadas y nudosas, recuerdan los pasajes sombreados de la histórica ciudad; mientras que los fragmentos de espejos rotos, al cielo chispeante que cubre las calles.

Cuando lo visité, varios trabajadores estaban obstruyendo cada rincón del edificio por el acometido habitual de terminar todo a la última hora. Las galerías estaban abarrotadas con montacargas de tijera para fijar el techo, mientras un sujeto pulía meticulosamente, a mano, los fragmentos de espejos empotrados, aunque incluso el arquitecto (el socio de OMA, Iyad Alsaka) no parecía saber por qué no sólo lo recubría con agua. El proceso parecía como un performance conceptual cuidadosamente coreografiado.

De alguna manera, toda la estructura es como la parte trasera de un teatro, con sus enormes puertas, el techo de rejilla, los acabados funcionales y la configuración espacial de variaciones infinitas. Esta es una arquitectura de performance. El gran evento es la transformación: el momento en el que las exposiciones se convierten en espectáculos dramáticos. Después de todo, OMA tiene una larga historia creando este tipo de espacios, desde el moderado Teatro Wyly, en Dallas, hasta el diseño de ciencia ficción del Centro de Artes Performáticas de Taipéi, y ahora la naciente Fábrica de Manchester. Su experiencia con Prada también es relevante: el despacho no sólo ha diseñado pasarelas para la casa de moda italiana, sino también ejemplos como el Transformer, en Seúl, un objeto multifuncional que puede girar por medio de una grúa para convertirse en un cine, un museo o un salón para eventos.

OMA y su fundador, el teórico urbano Rem Koolhaas, han sido los más exitosos e inventivos cuando logran aprovechar su investigación casi obsesiva para transformar espacios existentes. Koolhaas se ha referido a la carga de crear un icono, que descansa sobre los hombros de los arquitectos cuando tienen que reutilizar una estructura en lugar de tener que crear algo nuevo. Una manera de evitar los imperativos de la «arquitectura estrella». Aquí, en Dubái, eso parece más que nunca una estrategia racional. Desde hace un par de décadas, OMA ha realizado estudios exhaustivos —y fascinantes—  sobre el Golfo, y han sido comisionados para diseñar decenas de edificios, la mayoría de los cuales no se han logrado. Que su primer edificio logrado sea en una zona industrial al borde de la ciudad, parece la perfecta vindicación de sus ideas.

La cultura, como la construcción, es una industria en crecimiento en la Alserkal Avenue. Con sus galerías, estudios y museos privados y sin fines de lucro, proyecta la habilidad de Dubái para condensar el arte de Oriente Medio y el Norte de África. La exposición inaugural en la galería Concrete, Syria: Into the Light, es una colección de arte sirio centrada en la cara y el cuerpo; encapsula el potencial para explorar temas políticos, sociales y personales a través del arte en una región que a menudo se mantiene lejos de las expresiones polémicas.

Sobre la evidencia de Concrete, la arquitectura de OMA es equivalente a construir la infraestructura intelectual y curatorial necesarias para montar exposiciones espectaculares que destaquen en esta ciudad de lo espectacular. El contexto industrial es tan revelador como funcional. Como todo en este paisaje cambiante, se trata tanto de un edificio sobre Dubái como del mundo contemporáneo en el que la producción de cultura, más que una mercancía, se está convirtiendo en una industria cada vez más deseable.

Edwin Heathcote es arquitecto y crítico de diseño y arquitectura, es fundador y director del estudio Izé. Colabora para medios como Dezeen y Financial Times. Es autor de Cinema Builders (2001) y editor de Furniture and Architecture (2002).

[14 de agosto de 2017]

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