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OMA/Allies & Morrison, Holland Green (2008-2016). Imagen cortesía de OMA. Fotografía de Sebastian van Damme
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OMA/Allies & Morrison, Holland Green (2008-2016). Imagen cortesía de OMA. Fotografía de Sebastian van Damme
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OMA/Allies & Morrison, Holland Green (2008-2016). Imagen cortesía de Chelsfield Developments (Kensington) Ltd. Fotografía de Philip Vile
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OMA/Allies & Morrison, Design Museum (2008-2016). © Sebastian van Damme
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OMA/Allies & Morrison, Design Museum (2008-2016). © Nick Guttridge
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OMA/Allies & Morrison, Design Museum (2008-2016). © Luke Hayes
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John Pawson, diseño interior. Imagen cortesía de Design Museum. © Luke Hayes
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John Pawson, diseño interior. Imagen cortesía de Design Museum. © Luke Hayes

Design Museum, de John Pawson, OMA y Allies y Morrison

Diciembre 21, 2016

Luego de haber cerrado sus puertas en Shad Thames, este verano el nuevo Design Museum se abre de una forma totalmente reformada en el antiguo Commonwealth Institute. El Instituto de Grado II ha estado vacío y abandonado desde que se cerró al público en 2004.

Diseñado por RMJM y abierto en 1962, el torpe pabellón modernista formó una de las vistas más curiosas del corredor cultural de Londres, pero fue diseñado con una de las características arquitectónicas más distintivas: su espectacular techo parabólico proporcionaba una buena posición para supervisar, como un buitre, los confines más tranquilos y tradicionales adyacentes a Holland Park y High Street Kensington. Mientras que el edificio ha sido virtualmente reconstruido, el techo ha sido conservado y forma la piedra angular del nuevo diseño.

El nuevo diseño ha sido realizado por un trío de arquitectos prominentes. El colectivo neerlandés radical OMA colaboró con Allies y Morrison para completar la estructura exterior y el techo, mientras que John Pawson efectuó el diseño interior. Otro complemento del esquema es el recientemente inaugurado Holland Green, un desarrollo de vivienda de lujo –que se ubica junto al museo– que ayudó a financiar la renovación del instituto. Este trío de bloques residenciales ahora anidan alrededor del museo y también fueron diseñados por OMA, Allies y Morrison.

La renovación estructural del instituto fue radical y ambiciosa. El antiguo Commonwealth estaba en un estado lamentable de deterioro y virtualmente toda su estructura, con excepción del techo, ha sido reconstruida. En un momento dado y como parte de una solución de ingeniería altamente sofisticada ideada por Arup, sólo la envoltura externa del edificio estaba con el interior enteramente eviscerado antes de que la nueva estructura fuera construida en lugar de una nueva losa.

Externamente, las fachadas reconstruidas son meticulosamente fieles a la original, con una nueva máscara de doble cristal que mantiene el efecto de cristal azul opaco, combinando parteluces y un temeroso patrón impreso de puntos añadidos.

Más allá de eso, hay otros cambios externos. Una nueva plaza ajardinada ha sido añadida por fuera y completada con fuentes y trabajos externos ejecutados cuidadosamente. Unos de los grandes problemas del antiguo Commonwealth Institute era su locación, situado profundamente detrás de la High Street Kensington sin fachada a la calle y con un aspecto eficazmente oculto a la vista del público. Ahora bien, este aislamiento ha sido hábilmente capitalizado con la instalación de una secuencia de doblado espacial que conduce de la calle al museo, y que está animado con una amplia señalización que alterna el sentido de apertura y clausura (el camino pasa a través de la base de uno de los bloques de Hollan Green). El resultado es una sensación palpable de anticipación y emoción sobre cómo se aproxima el museo.

Por supuesto, las fachadas externas del edificio aparecen más o menos como si hubieran estado antes de la renovación, cuidadosamente definidas, completamente terminadas en el interior, donde acechan la mayoría de las sorpresas. Esta es la comisión más grande de John Pawson a la fecha y marca una especie de salida de las tiendas boutique y los hoteles en los que ha forjado su nombre.

Pawson también tiene una reputación de minimalismo rapaz: no en el sentido de la crudeza estrepitosa del diseño original del Institute de la década de los sesenta. ¿Cómo funcionan ambos enfoques? La primera pista puede encontrarse en las palabras del arquitecto del proyecto, Jan Hobel: «En primer lugar hemos creado un espacio y un interior que ha estado completamente enfocado en el techo, que es realmente la estrella del show y tratamos el interior esencialmente como un telón de fondo. También queríamos crear un espacio interesante y acogedor que utilizara amablemente una paleta limitada de nuevos materiales para acoplarse con las estructura original y crear una mayor apertura y transparencia».

Hasta cierto punto, estas intenciones son evidentes cuando entras al edificio. El visitante es inmediatamente arrojado a un atrio largo y cubierto, como Hobel sugiere, con la forma extraordinaria y ondulante del techo que se desvía en lo alto. Esto domina claramente el espacio y esta vista claramente legible marca una forma espacial mejorada mejor escalonada que la que poseía el antiguo instituto donde el techo sólo se veía parcialmente.

Pero no sólo es el techo lo que se muestra aquí. El atrio está envuelto en una serie de nuevas y suaves paredes, así como de balcones acabados en paneles de roble claro. Una escalera central ceremonial conduce hasta el primer nivel donde los paneles de terrazo rescatados del edificio original completan la madera de roble y las paredes blancas. Una escalera final conduce al nivel superior donde se encuentra la mayor parte de las galerías. Algunas galerías adiciones están localizadas en dos sustanciales nuevos niveles que se encuentran debajo del edificio.

Directamente coronadas por el techo retorcido, las galerías superiores son las más dramáticas, ya que permiten desde el techo una intensa naturaleza cinética para ser vista de cerca. También son impresionantes las vistas directas de los espacios verdes exteriores, así como la sala de reuniones y el restaurante.

Hobel menciona que el atrio fue parcialmente impulsado por insistencia del English Heritage para que el techo jugara de centro del espacio. Además, la naturaleza cerrada del atrio –que en la mayoría de sus partes únicamente sólo se vislumbran fragmentos del parque de afuera por sus pisos superiores– ayuda a explicar el reconocimiento de Hobel de que su arquitectura fue más interesante más por «el contraste entre lo sólido y los vacío que por la secuencia de las aperturas transparentes a través del edificio».

A pesar de la omnipresencia del techo, el atrio y gran parte de las vistas interiores proporcionan una incesante e inquietante sensación de dislocación del exterior del edificio y del espíritu de la arquitectura original, pese a la insistencia de los arquitectos al mencionar que esta no era su intención.

Tomados como objetos individuales, la madera de roble y la iluminación suave fueron colocadas de una forma suficientemente inteligente. Pero su minimalismo es demasiado pasivo y estéril por su contexto: se encogen con impotencia bajo la mirada el techo interior. Esta pasividad fue intencional y no necesariamente insensata cuando se busca la diferencia entre la arquitectura original y la exposición interior.

Pero uno imagina que la incongruencia no fue intencional por su estilo delicado: los interiores no se sacudieron del todo del pedigrí de la boutique y el hotel en los que se inspiraron. Esta yuxtaposición permite por sí misma una serie de tensas interpretaciones, al tiempo que el atrio se siente como un armario contemporáneo que ha aterrizado de emergencia en una especie de bodega de los años sesenta.

Pero estas observaciones no deben alejarnos del hecho de que el Design Museum marca un intento valiente y magistral por rescatar un edificio abandonado y reimaginar su función por un programa totalmente nuevo, seguramente un proceso que va al corazón del significado de la palabra conservación.

Los retos estarán determinados por la reacción del público. Ciertamente es más fácil llegar a Kensington que a Shad Thames en transporte público, pero queda por ver si el público irá a un museo de diseño en un espacio más asociado con el lujo comercial que con el arte. Southwark era apenas una meca cultural antes que la Tate Modern abriera y miren lo que pasó ahí.

Este texto fue publicado originalmente en bd.online.co.uk
Traducción del inglés de Abel Cervantes


Ike Ijeh
es arquitecto por la Universidad de Liverpool, ha ejercido con prácticas como Foster + Partners, PRP y RHWL. Especialista en la relación entre arquitectura y humanismo, es fundador del proyecto London Architecture Walks. Es corresponsal del portal Building Magazine.


[21 diciembre 2016]

 

 

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