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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). © Onnis Luque. Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). © Onnis Luque. Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). © Onnis Luque. Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). © Onnis Luque. Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). © Onnis Luque. Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). © Onnis Luque. Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). © Erwin Jaquez. Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). © Erwin Jaquez. Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). Cortesía de Comunal: taller de arquitectura
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Prototipo de vivienda en la Sierra norte de Puebla (2013-). Cortesía de Comunal: taller de arquitectura

¿Cómo construir una vivienda social? Un caso en la Sierra norte de Puebla

agosto 25, 2016

“Actualmente se estima que sólo un 30% de las viviendas del país se construyen con apoyos gubernamentales y cuentan con algún tipo de asesoría técnica o profesional. ¿Quién atiende el 70% restante?. El ingeniero Abraham Aragón Vásquez y la arquitecta Mariana Ordóñez Grajales, fundadores de Comunal: taller de arquitectura, reconocen este panorama y se plantean esa pregunta no sólo para detectar las problemáticas que atraviesa —y ha atravesado casi por tradición— la construcción de vivienda social en México, sino para generar propuestas reales que atiendan este tipo de rezago en zonas rurales y de escasos recursos.

En 2013 iniciaron un proyecto con la comunidad indígena de Tepetzintan, en la Sierra norte de Puebla, para construir un prototipo de espacio habitacional bajo un esquema guiado por tres factores: la autoorganización, la colaboración y el intercambio de conocimientos entre profesionistas y comunidades, y el uso de materiales y técnicas locales. La iniciativa representó una ganancia mutua. Comunal reconoce que “hay mucho que aprender de la vivienda informal que, si bien puede tener muchas deficiencias, es un producto completamente social, crece de manera progresiva de acuerdo a la economía familiar, se construye por una necesidad genuina, emplea apoyos comunitarios y lejos de caer en el olvido se consolida a través de los años. Después de todo, ¿quién abandona una casa que construyó con su esfuerzo y se acopla a sus necesidades?”.

Así, la ruptura entre la arquitectura y la sociedad que, de acuerdo con Aragón y Ordóñez, se ha hecho más presente en la actualidad, encuentra una alternativa de colaboración que beneficia a los usuarios al tiempo que rescata uno de los principales roles del arquitecto: “Creemos que el papel del arquitecto, y en este caso también del ingeniero, es involucrarse mucho más en las necesidades sociales que la arquitectura puede atender, además de emplear nuestra profesión como una herramienta para mejorar la calidad de vida”.

Ambos reconocen que los arquitectos deben olvidarse de su trabajo de escritorio para conocer la economía y el contexto de las comunidades para las que construyen. Arquitectura social y no política, dicen: “la vivienda en nuestro país pasó de ser un producto social y cultural a un producto meramente mercantil y un medio idóneo para la especulación. La política y la arquitectura ahora se centran únicamente en satisfacer un número de viviendas con el menor costo posible para combatir el rezago habitacional. Pero en ese camino, se ha excluido por completo el elemento más importante de la fórmula: la gente”.

Su primer proyecto de vivienda social comenzó como un mapeo en diferentes comunidades que estuvieran familiarizadas con el trabajo colaborativo y que tuvieran una necesidad real y urgente de mejora en sus viviendas. Después de que en Cuetzalan del Progreso un guía los llevara a conocer a la mesa directiva comunitaria de Tepetzintan, comenzaron a trabajar de la mano con la comunidad. Su metodología de trabajo se desarrolló a partir de tres ejes: investigación, para identificar la tipología de vivienda local, realizar entrevistas y analizar el levantamiento de viviendas; proceso social, que incluyó talleres de diseño participativo y de tipo técnico con materiales locales; y construcción, a partir del trabajo comunitario y materiales locales.

Una vez terminada la investigación que arrojó resultados tan importantes como el tipo de planta y la distribución que tradicionalmente demanda la comunidad para sus viviendas (Altar + área pública, habitaciones, cocina + baño y pórtico + convivencia comunitaria), se estableció un proceso constructivo modular y de crecimiento por etapas, con base en un único módulo-panel manejable que puede ser muro, ventana o puerta. Así, mientras los paneles pueden ser prefabricados, el resto de los materiales son sustentables o locales: lámina ecológica Ecolam, esterilla de bambú, cerchas con bambú guadua, paneles con bambú, ladrillo, columnas con bambú y piedra laja de la región.

El resultado es un prototipo de vivienda diseñado en conjunto y que responde a los gustos y necesidades culturales, sociales, ambientales, espaciales, funcionales y sanitarias de los pobladores. Si bien no es un modelo replicable —porque para cada proyecto se debe tener en cuenta las necesidades específicas del lugar—, el proceso y la metodología arquitectónica sí puede ser aplicada en otros contextos. Además, el conocimiento adquirido enriquece otras iniciativas de ambas partes. Según cuenta Comunal, además de mejorar su técnica constructiva con el bambú, los pobladores de Tepetzintan están interesados en aplicar la técnica para construir ellos mismos el Bachillerato rural digital No. 186, que hasta ahora ocupa un espacio compartido con la telesecundaria: “En mayo de este año, los jóvenes se propusieron, en conjunto con sus padres, autoconstruir el primer bachillerato rural sustentable de la región y solicitaron nuestra colaboración para este nuevo proyecto.”

Pero, ¿por qué escoger Tepetzintan frente a otras comunidades? De acuerdo con los arquitectos, “las viviendas que ha promovido el gobierno en la Sierra norte de Puebla han sido proyectos sumamente desafortunados: entre los escasos metros cuadrados y el nulo entendimiento de usos y costumbres, la mayoría se encuentran en completo abandono”. Además, agregan que lo verdaderamente preocupante son las trabas impuestas a la Producción Social de Vivienda: “En febrero, la Comisión Nacional de Vivienda y la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano emitieron las nuevas reglas de operación para la obtención de subsidios federales a la vivienda. Entre las nuevas disposiciones se especifica que una vivienda es precaria si se emplea el uso de bambú, bajareque, carrizo, palma o madera en muros, lo que hace complicado recibir subsidios en proyectos que contemplen sistemas constructivos tradicionales.”

En este contexto, Aragón y Ordóñez también se hacen cargo de la procuración de fondos y establecen esquemas de financiamiento que incluyen el aporte de materiales locales, mano de obra, faenas o acarreo de material para disminuir los costos de la vivienda.

Aunque el prototipo de la vivienda en Tepetzintan ya se concluyó, el proyecto aún busca un futuro: Comunal firmó un convenio con la Unión de Cooperativas Indígenas Tosepan Titataniske, integrado por cerca de 30 mil socios nahuas y totonacos en la sierra, para reproducir la metodología de diseño en otras comunidades. Actualmente realizan un segundo ejercicio de vivienda con un sistema constructivo mixto (bambú + materiales industrializados) que tiene como objetivo obtener subsidios federales de la Comisión Nacional de Vivienda.

La experiencia, así como el alcance del proyecto, es única: “involucrarnos con la comunidad, escuchar sus historias, conocer sus dinámicas y entender la forma en la que habitan nos dejó un aprendizaje valioso acerca de la concepción de la vivienda en la región. Nos acercó a formas de producir arquitectura sumamente diferentes a las que estamos habituados y nos hizo recordar que la vivienda no es únicamente el espacio construido, sino también involucra una fuerte relación con la tierra, los sistemas productivos de alimento y el manejo del territorio”, concluyeron los fundadores de Comunal.

 

COMUNAL: taller de arquitectura fue fundado en 2013 por Mariana Ordóñez Grajales (arquitecta por la Universidad Autónoma de Yucatán) y Abraham Aragón Vásquez (Ingeniero civil por la Universidad Cooperativa de Colombia).

 

[25 agosto 2016]

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