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Charlotte Perriand reclinada en el prototipo de la chaise longue (1929) de Le Corbusier-Jeanneret-Perriand
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Ray Eames trabajando en el prototipo de fibra de vidrio.
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Florence Knoll (Michigan, 1917).
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Li Edelkoort (Wageningen, 1950)
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Fiona Raby y Anthony Dunne de Dunne & Raby (UK, est. 1994)Technological Dreams Series: no 1, Robots Models.
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Clara Porset y un modelo de producto. © Elizabeth Timberman. Imagen de Archives of American Art, Smithsonian Institution, Esther McCoy Papers.
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Juego de té y café (1924) diseñado por Marianne Brandt. © Lucia Moholy

Columna: Las diseñadoras como productoras, creadoras y críticas

Mayo 31, 2017

La participación de la mujer en los ámbitos productivos e intelectuales se puede mapear en momentos históricos que han formado al mundo moderno, en específico tras las transformaciones detonadas por la Revolución Industrial. Es inicialmente su inserción como individuo en este nuevo sistema lo que consolidó su aportación en los terrenos del pensamiento.

Como lo describió Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1949), la mujer adquirió nuevas oportunidades en términos de libertad por su nueva condición como trabajadora. Medio siglo después, surgieron las primeras diseñadoras, quienes se convirtieron en actores clave de la creación del entorno material y visual que hoy nos es cotidiano. En el mundo contemporáneo las diseñadoras no sólo reafirman su capacidad creadora, además están posibilitando nuevos discursos que, desde la crítica, integran a las disciplinas del diseño, lo que permite que haya una expansión hacia otras perspectivas.

Con el surgimiento de las primeras figuras que hoy reconocemos como diseñadores, y de los estilos que son la pauta de los movimientos modernos que dieron forma a nuestra cotidianidad material, la mayoría de las participaciones de la mujer en el mundo del diseño fueron, en un inicio, subordinadas a los grandes nombres. Jane Morris y Georgina Burne-Jones, ambas con apellidos de esposos clave del movimiento prerrafaelita, trabajaron en las secciones de azulejos y bordados de los talleres de su esposo William Morris, fundador del movimiento Arts and Crafts de mediados del siglo XIX. Margaret y su hermana, Frances Macdonald, formando parte de «The Glasgow Four» —junto con el esposo de la primera, el arquitecto Charles Rennie Mackintosh— fueron de gran influencia en la creación del movimiento art nouveau de finales del siglo XIX.

Hacia la primera mitad del siglo XX las diseñadoras no sólo consolidaron su participación social en la producción. Su aportación se volvió determinante en la construcción del mundo moderno, superando así pronósticos como el de Engels, quien afirmaba:

 

La mujer no puede ser emancipada más que cuando participe en gran medida social en la producción y no sea ya reclamada por el trabajo doméstico sino en una medida insignificante. Y esto no ha sido posible más que en la gran industria moderna, que no sólo admite en gran escala el trabajo de la mujer, sino que lo exige formalmente.

 

Muchos de los objetos que hoy nos son cotidianos —y por ello incuestionables, como si siempre hubieran sido así—, se los debemos a la visión de grandes creadoras de la primera mitad del siglo pasado. El hecho de que piezas como lámparas, juegos de té o ceniceros, en metal y de estética abstracta, estén en nuestro imaginario y en nuestras casas se debe en gran medida a la labor de la alemana Marianne Brandt, la primera mujer en entrar, en 1923, al taller de metales de la Bauhaus, la escuela que cambió el rumbo del diseño. Un par de décadas después, Ray Kaiser Eames, junto con su esposo Charles Eames, aseguraron no sólo la introducción del plástico en el paisaje doméstico, sino que crearon la silla inaugural de producción en serie: la Eames Plastic Chair de 1950.

Charlotte Perriand es quizás el ejemplo más inmediato, pero no por ello menos válido, de la diseñadora de innovaciones radicales que hoy prevalecen. Su asociación directa con Le Corbusier mediatiza todo debido a lo que él representa como padre de la arquitectura moderna y como creador en un gremio terminantemente masculino. Sin embargo, la influencia de esta diseñadora francesa fue determinante en el diseño. Es conocida la respuesta que Le Corbusier le dio a Charlotte cuando –aun resaltando la admiración por su mobiliario de graduación– fue a pedir trabajo a su despacho: «No bordamos cojines aquí». Charlotte diseñó los interiores y mobiliario de los edificios de Le Corbusier, como el conocido chaise lounge LC4, pero, más allá de su contribución a la obra arquitectónica, está su contundente aportación por la implementación de tubo cromado y aluminio, que hoy es de uso y lenguaje cotidiano en el mobiliario.

Las aportaciones de diseñadoras que sentaron las bases de lo que hoy conforma nuestro paisaje material proliferaron durante el movimiento moderno, a pesar de un contexto cultural adverso para sus carreras profesionales. Surgieron figuras como Lilly Reich en Alemania, pionera en el diseño de exposiciones de objetos industriales, cuya influencia ha sido poco conocida por el peso de su cercanía con el arquitecto moderno Mies van der Rohe. Está también Eileen Gray, de origen irlandés, que incursionó en Francia con el diseño de interiores y mobiliario de estética industrial, siendo la primera mujer en crear una galería de diseño y un taller para producir las piezas a la venta. Es notable el incidente en el que Le Corbusier, admirador de su obra, «grafiteó» con murales la casa E-1027 que diseñó Gray a finales de los 20.

A mediados del siglo XX, la arquitecta Florence Knoll en Estados Unidos, quien inició su carrera trabajando con el arquitecto fundador de la Bauhaus, Walter Gropius, no sólo cambió el paisaje de las oficinas con sus propuestas de mobiliario y diseño de interiores como líder de la compañía Knoll. Su visión de comisionar y reproducir piezas de los arquitectos y diseñadores modernos ha determinado que hoy en día se hayan convertido en objetos de deseo, como la silla Barcelona de Mies que adorna incontables lobbies. En México, la pionera del diseño industrial en el país, Clara Porset, de origen cubano, aseguró el diálogo y la inserción de la tradición como lenguaje y técnica en el mobiliario. Hoy este sentido identitario se ha transportado a todas las disciplinas del diseño en México.

Sin duda, como lo describe de Beauvoir, fue decisiva «la gran revolución que transforma en el siglo XIX la suerte de la mujer y abre para ella una nueva era». De participar en los procesos productivos pasó a incidir sustancialmente en la creación del mundo moderno, generando así las condiciones para que en la actualidad, además de productora y autora, la mujer se haya convertido también en detonadora de nuevos discursos. Los que se entienden como la habilidad crítica de desmontar lo que un objeto posibilita para, de esta manera, romper categorías y ampliar la visión hacia nuevas perspectivas.

En su conferencia de 1934, «El autor como productor», Walter Benjamin afirmó que

las relaciones sociales están condicionadas, según sabemos, por las relaciones de la producción. Y cuando la crítica materialista se ha acercado a una obra, ha acostumbrado a preguntarse qué pasa con dicha obra respecto de las relaciones de la productividad de la época. Es una pregunta importante.

De esta manera, diseñadoras contemporáneas fomentan las características intelectuales no sólo dentro de la disciplina, sino que abren la reflexión a la gente.

Actualmente podemos hablar de diseño conceptual o de diseño crítico en gran medida por la labor de diseñadoras contemporáneas. Hella Jongerius incursionó , desde los noventa, en las creaciones conceptuales bajo su motto «form follows feeling», en oposición a la famosa frase «form follows function» de Louis Sullivan, precursor de la arquitectura moderna. También desde Holanda, Li Edelkoort ha sido fundamental en la construcción del discurso reflexivo. Además de su trabajo como trendforecaster —anticipadora del futuro y de las tendencias del mundo material y visual— posicionó con una postura crítica a la escuela Design Academy Eindhoven, y a miles de estudiantes, durante sus diez años como directora.

Apartándose del diseño como mera producción material, han surgido figuras como Fiona Raby, del dúo de diseño inglés Dunne and Raby. Quienes, centrados en la creación de piezas únicas dedicadas a agudos cuestionamientos de nuestro entorno físico y visual, han promovido también el diseño crítico —término que acuñaron y que ha ido ganando relevancia.

De esta manera las diseñadoras están contribuyendo decisivamente a replantearnos y cuestionarnos un mundo crecientemente materialista, facilitando así reflexiones para desarmar la unidimensionalidad capitalista de la que habla Marcuse, filósofo y sociólogo alemán de la teoría crítica. De este modo, podríamos pasar de una Crítica de la razón pura –del pensamiento, acción y creación por sentido común– a una crítica de la reflexión que empodere activamente a la gente, los consumidores y los diseñadores, pues, como afirma Benjamin en el discurso mencionado: «Se trata de ganar a los intelectuales para la clase obrera, haciéndolos tomar conciencia de la identidad de sus diligencias espirituales y de sus condiciones como productores».

 

Renata Becerril es Maestra en Curaduría de Diseño Contemporáneo por Kingston University. Directora Ejecutiva del festival internacional Abierto Mexicano de Diseño. Ha colaborado en museos como Vitra Design Museum y el London Design Museum, del que es miembro del consejo de selección para su exposición anual Designs of the Year.

 

[31 de mayo de 2017]

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