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Vista de instalación de How Should We Live? Propositions for the Modern Interior. Imagen tomada de la página web del MoMA
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Dibujos de Clara Porset, Muebles de bajo costo. How Should We Live? Propositions for the Modern Interior. Imagen tomada de la página web del MoMA
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Vista de instalación de How Should We Live? Propositions for the Modern Interior. Fotografía del autor
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Vista de instalación de How Should We Live? Propositions for the Modern Interior. Imagen tomada de la página web del MoMA
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Vista de instalación de How Should We Live? Propositions for the Modern Interior. Imagen tomada de la página web del MoMA

Columna: El espacio interior moderno

mayo 10, 2017

En 1944, Charles Eames publicó «What is a House?» en la revista Arts and Architecture. Con un sugerente diagrama estructurado a partir de la familia, Eames analizaba el comportamiento humano con los materiales y las técnicas de construcción, la aproximación financiera para adoptar un sistema de producción en masa y un programa «inteligente» que vinculase planes comunitarios, movilidad y concentración urbana. Además de la empatía de su expresión gráfica, se entrevé una lectura social y humanística, al mismo tiempo que una económica, sustentada en la experiencia bélica y el desarrollo científico.

Esta es una de las vetas de How Should We Live? Propositions for the Modern Interior, exhibida hasta este mes en el MoMA. Organizada por décadas, en tres tiempos —de 1920 a 1950—, la muestra se cuestiona los modos de habitar el interior: el maquinismo de su ingeniería pero, sobre todo, la retórica del consumo y «el deber ser» del diseño. Si bien en la museografía prepondera la reconstrucción simbólica de los espacios —como la cocina Frankfurt, el Velvet and Silk Café o el cuarto-estudio de la Maison du Brésil—, resulta fundamental la vorágine mercadológica y de investigación, difusión y promoción por el espacio interior moderno.

Tanto con anuncios publicitarios, carteles, manuales, fotografías y láminas de concursos, la mecanización del interior muestra la Máquina para habitar del Movimiento Moderno en contra del historicismo. Se exhiben exitosas colaboraciones de la primera mitad del siglo XX entre Lilly Reich y Mies van der Rohe, Grete Lihotzky y Ernst May, Eileen Gray y Jean Badovici, Aino y Alvar, Aalto, Charles y Ray Eames, Florence Knoll y Herbert Matter o Charlotte Perriand y Le Corbusier, entre otras.

La representación mexicana se da con los «muebles de bajo costo» de Clara Porset —en colaboración con Xavier Guerrero—, quien, más allá de su origen cubano, iniciaba su exploración formal producto de sus investigaciones y conferencias en los años treinta sobre «La decoración interior contemporánea: su adaptación al trópico», presentadas en los concursos MoMA Latin American Competition for Organic Design in Home Furnishings (1940) / for Low-Cost Furniture Design (1950). En la primera propuesta se describen los muebles propuestos para el Centro Urbano Presidente Alemán (1947-1949), el primer conjunto habitacional denso (1,080 viviendas y 12 niveles) que concretó el vaticinio de Carlos Monsiváis: «los multifamiliares son la utopía del México moderno sin vecindades». En Arquitectura/México No. 32 (octubre de 1950) Clara Porset relataría que:

Se comprende que al proyectar las consecuencias de esta acción (interacción) del medio con el hombre, sobre el espacio que éste habita, la arquitectura adquiera nuevas y trascendentales dimensiones: deja de ser un ejercicio formalista y se convierte (como en sus épocas más florecientes) en un arte vivo, relacionado con la vida del hombre a quien sirve, y, como consecuencia, hace del tipo colectivo (escuela, bloque de habitación, hospital, club o estadio) su expresión característica, y de la vivienda una tarea central. Entonces queda el espacio interior con la doble importancia, formal y social, de ser el núcleo generador de la unidad arquitectónica que habrá de darle su fisonomía propia en definitiva, y el espacio más determinante en la formación del hombre, puesto que es dentro de él donde han de nacer y desarrollarse la mayor parte de las actividades.

Es la primera vez que en México concurre un tan crecido número de especialistas buscando la integración del arte y la técnica con fines sociales… Estos espacios interiores podrían y deberían completarse totalmente; mejorarse para que su finalidad cultural se cumpla más cabalmente. Pero, aun sin ello, se hallan tan colmados de tentativas, realizaciones y proyecciones medulares que se les puede tener ya como espacio interior para vivir.

A pesar de esto, años después Porset afirmaría que no se pudo imponer por la fuerza al inquilino la adquisición de los muebles que se habían creado adecuadamente para su vivienda: «aunque las familias que se cambiaron al multifamiliar pudieron tener muebles, vajillas y telas en escala y con el carácter de la arquitectura que iba a abrigarlas, buena parte de ellas prefirió llevar a los departamentos —por hábito, al parecer desarraigable— cuanto de malo y viejo tenían o, en otros casos, un equipo nuevo y malo en el que la ostentación escondiera la pobreza, o así se creía».

¿Cómo se diseña la vivienda y su espacio interior? El habitar contemporáneo pocas veces se imbrica en estos dos paralelos. El mobiliario, sí, pero sobre todo, el espacio que lo alberga, su condición de proximidad, contexto y capacidad de interacción social. El ideal moderno del multifamiliar perseguía premisas claras de un Estado benefactor pujante pero a la vez de equipamiento colectivo y diversidad habitacional. Nuestra vivienda actual de metros cuadrados y créditos hipotecarios, ¿a qué otro interés responde más allá del beneficio político-inmobiliario? Habrá que entender la modernidad para cuestionar nuestra realidad.

 


Juan José Kochen (@kochenjj) es arquitecto, editor y consultor. Escribió para Reforma, fue editor de Arquine, consultor del Infonavit y becario de la Graham Foundation. Es coordinador de Fundación ICA, becario del FONCA y profesor en la UNAM, la Universidad Iberoamericana y CENTRO.


[10 de mayo de 2017]

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