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Eduardo García. © Alexandra Farias/Código95
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Tatiana Bilbao. © Alexandra Farias/Código95
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Carlos Amorales. © Alexandra Farias/Código95
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Emilio Cabrera. Cortesía de Emilio Cabrera.
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Guillermo Fadanelli. Cortesía del escritor.

Ciudad de México: 5 creadores recomiendan sus lugares favoritos

diciembre 14, 2017

“Quien aterriza de noche en la Ciudad de México siente que llega a una galaxia desordenada”, decía Juan Villoro en un ensayo donde llamaba al entonces D.F. “la mujer barbuda”. Un territorio tan bello como ambiguo, tan caótico como surreal, tan histórico como contemporáneo. Su vida, como su historia, se desarrolla desde bajo tierra y hasta la periferia. ¿Qué decir de la antigua Tenochtitlán, aquella ciudad que se fundó al encontrar un águila posada en un nopal mientras devoraba una serpiente? ¿Qué presumir de una ciudad cuyas calles, edificios, monumentos, son todos huellas de un origen prehispánico, un pasado colonial y un presente incierto?

Entre 18 y 22 millones de habitantes (nadie se pone de acuerdo) relatan y construyen la historia de una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo. Los chilangos presumen, entre otras cosas, el Castillo de Chapultepec —el único castillo monárquico en América—, el Paseo de Reforma, tener el Metro más largo de América Latina, ser la segunda ciudad con más museos del mundo —sólo después de Londres—, contar con zonas arqueológicos como Cuicuilco, Templo Mayor, Santa Cruz Acalpixca o Tlatelolco, o vivir entre palacios como el de Bellas Artes, Minería, Ayuntamiento, Correos o el de Iturbide.

Sitios turísticos sobran, pero a nivel de calle, entre barrios, mercados, cantinas y puestos ambulantes, también se desarrolla otra cara de la ciudad. Para prueba, la Merced o el Mercado de San Juan, donde se pueden comprar y comer los productos más exóticos y ricos, desde armadillo e iguanas, hasta gusanos de maguey y chapulines. O la famosa Esquina del Chilaquil en la colonia Condesa, cuyas tortas de chilaquil han atraído a turistas de todo México y el mundo. Colonias como la Guerrero esconden entre sus calles los mejores locales de quesadillas, sopes, pozole y carnitas. Y aunque los foodtrucks están de moda, prácticamente en cada esquina se puede comer la mejor comida en puestos de la calle: tacos de canasta, tamales, esquites y papitas.

La Ciudad de México ofrece de todo, para todos y a todas horas. Pero como la oferta es, sin duda, interminable, cinco creadores que conocen y disfrutan la ciudad no sólo desde el ejercicio de sus disciplinas, sino como habitantes, comparten sus lugares favoritos de este territorio maravilloso.

 .

5 creadores 
—Eduardo García
Chef

Uno de mis lugares favoritos es la fondita Margarita en la plaza de Tlacoquemécatl, en la colonia Del Valle. Es de esos pocos lugares en la ciudad que conserva la tradición súper mexicana que se ha perdido de la cocina de mercado. Tiene más de 50 años, sólo ofrecen desayunos y todo lo cocinan en ollas de barro.

Cuando era niño, siempre me daba curiosidad jugar con la tierra, soñar que encontraba cosas muy antiguas, como un antropólogo. Me gusta mucho conocer de civilizaciones como los mayas o aztecas. Y aunque me interesan los museos, no los visito mucho. Pero en el Museo de Antropología me puedo dar mi tiempo, me siento, lo leo, me pongo a soñar. Es un espacio increíble.

Cuando llegué a México en 2007 —soy mexicano, pero crecí en Estados Unidos—, los parques no estaban tan limpios y protegidos como ahora. Me gusta mucho caminar por los parques y las plazas: Luis Cabrera, Río de Janeiro, el Parque México y el Parque España. Me gustan mucho la lluvia y lo verde, porque significa vida. Después, mi lugar favorito para cenar es Pujol. Me gusta porque tiene razón de ser, porque cocinan muy rico y con muy buen sazón.

Trabajo todo el día, pero cuando tengo oportunidad, me gusta pasar mucho tiempo en Xochimilco. Mucha gente lo crítica porque está contaminado, pero hay personas que están intentando rescatar las chinampas. Además, como soy de campo, me gusta porque está al aire libre, por su agricultura y su historia. Mucho de lo que comemos viene de las chinampas. Hay una, el Yolcan, que te permite subir para contarte la historia del lugar y lo que están sembrando. Hace 50 años era un paraíso, pero para mí lo sigue siendo.

Eduardo García. © Alexandra Farias/Código95

Eduardo García. © Alexandra Farias/Código95

 

—Tatiana Bilbao
Arquitecta

Primero serían las colonias Juárez y Cuauhtémoc. Allí trabajo, vivo, como, duermo, todo… Son colonias céntricas que tienen una muestra muy representativa de la ciudad, tienen rincones donde puedes encontrar de todo. Y además de que existen desde hace mucho tiempo, para mí representan la parte urbana de la Ciudad de México, que contrasta con el México global, en Reforma, donde están las embajadas y los bancos. Por otro lado, tienen esa sensación de barrio con todos los servicios o la zona coreana, que es muy divertida. De alguna manera, son colonias que representan una sección de México.

Otro espacio que recomiendo muchísimo es el bosque del Desierto de los Leones, porque allí pasé mi infancia y estaba mi escuela. Es como adentrarse a un punto que no creerías que está en la ciudad, parece que estás en medio de la nada, pero en realidad sigues estando en la capital.

Por último, un espacio que me parece mágico, hablando desde la arquitectura, es la Casa Barragán. Me gusta muchísimo porque es una pieza de arquitectura muy representativa e importante. Es increíble que está en medio de la Ciudad de México: al lado de Los Pinos, a 25 metros de Constituyentes, es un mundo aparte… El jardín es precioso y el jardín de la casa Ortega, al lado, es aún más mágico. Es una pieza de arquitectura que no sólo es un referente para mí, sino para mucha gente.

Tatiana Bilbao. © Alexandra Farias/Código95

Tatiana Bilbao. © Alexandra Farias/Código95

 

—Carlos Amorales
Artista

El Espacio Escultórico. Uno de los pocos lugares silenciosos de la ciudad que permite relajarse, disfrutando del asombroso paisaje volcánico. La primera vez que fui fue a los catorce años, en 1984, durante un festejo que se organizó sobre el libro de Orwell. Me parece un lugar utópico, capaz de despertar nuestra fantasía. Por eso, como muchos artistas, creo que hay que defenderlo de la rapacidad.

La Plaza 222. Este edificio comenzó a gustarme poco a poco hasta el punto que ahora disfruto ir de vez en cuando. Me gusta que te crea la sensación de estar viviendo en otro planeta. Visitarlo significa un breve descanso de la Ciudad de México y del país, sin pretender estar en el primer mundo. Simplemente entrar al 222 es entrar a otro mundo y eso es muy disfrutable ¡Sin duda es la manera mas fácil y barata de viajar fuera del país!

El Círculo del Sureste, el mejor restaurante de la ciudad, que por fortuna está muy cerca de mi estudio y al que voy tan seguido que puedo presumir de una cortés amistad con los meseros. Del restaurante, lo mejor son los meseros, conocen bien su oficio. Además, hay unas pinturas brutales que no pueden dejar de sorprender a cualquier amante del arte.

Carlos Amorales. © Alexandra Farias/Código95

Carlos Amorales. © Alexandra Farias/Código95

 

—Emilio Cabrera
Diseñador. Director de Design Week México y World Design Capital CDMX 2018.

Para empezar, en términos de tiendas de diseño, me gustan Esencial y Blend. Esencial cuenta con una amplia selección de muebles internacionales, y Blend me gusta por ser un lugar que ha dado cabida a muchos diseñadores mexicanos —a quienes me parece que es importante impulsar y apoyar.

En cuanto a restaurantes, mis lugares predilectos son el Lardo por su ambiente y comida, y el Café Tierra Garat por ser una propuesta interesante en cuanto a diseño.

Hablando de museos, me encantan las exposiciones del Museo Tamayo —y claro, el Proyecto Tamayo de DWM, que a nivel internacional ya es conocido como el Serpentine Latinoamericano .

De gran expectativa, me emociona mucho el Espacio CDMX Arquitectura y Diseño ya que creo que harán revisiones interesantes de las diferentes etapas del diseño en México.
Y por último, me gusta lo que hacen en el Laboratorio para la Ciudad. Creo que a través de sus iniciativas muestran, desde distintas perspectivas, la importancia del diseño y las industrias creativas para la ciudad.

Emilio Cabrera. Cortesía de Emilio Cabrera.

—Guillermo Fadanelli
Escritor

El mercado Abelardo Rodríguez. Cuando invito a un extranjero a conocer el Centro comienzo por este mercado (en República de Venezuela). Los murales interiores fueron pintados por los discípulos de Diego Rivera. Me complace presenciar la convivencia entre los locatarios y los marchantes con la obra pictórica. Hay cuidado y respeto pese a que los murales no están protegidos. Bajo un mural hay un puesto de jugos, al lado de otro puesto de verduras. No hay policías molestándote ni pidiéndote que guardes la distancia, como en los museos.

El Edificio Ermita, en Tacubaya, del arquitecto Juan Segura. Fue desde el principio una obra futurista y compleja (pronto cumplirá 90 años). Parte del mobiliario del edificio fue diseñado por el mismo arquitecto, y en el cine que albergó en su interior se escucharon algunas de las primeras películas sonoras en México. Su altura es todavía de dimensiones humanas —yo abomino los rascacielos— y es para mí una muestra de que es posible relacionar el monumento y la belleza plástica. Y en las cercanías hay tres o cuatro cantinas de respeto.

El Kiosko, en Santa María la Ribera. Cuando lo visité por primera vez me sorprendió su amplitud y estilo morisco, extraño en la colonia de la que es un símbolo. Allí, dentro del Kiosko, hay vida popular y movimiento. Y a su alrededor edificios, casas y establecimientos que vale la pena visitar. En el Museo del Instituto de Geología se exhiben todavía pinturas de José María Velasco, y en la cantina París aún ofrecen buena y abundante botana, además de una atención a los parroquianos ya extraviada en nuestros días.

Zélika García. © Yolanda M. Guadarrama/Código95

Guillermo Fadanelli. Cortesía del escritor.

 

[14 de diciembre de 2017]

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