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Desbordamientos de la lógica de la productividad. Entrevista con Bárbara Cuadriello

febrero 04, 2014

A casi de dos décadas de su fundación, la Colección Isabel y Agustín Coppel estrena nueva sede de trabajo y  de exhibición en la colonia Condesa de la ciudad de México. La exposición Desbordamientos de la lógica de la productividad, bajo la curaduría de Bárbara Cuadriello —curadora e investigadora de la CIAC—, será la encargada de inaugurar este nuevo espacio que tendrá como objetivos «desarrollar ejercicios curatoriales, labores de investigación y algunos experimentos.»

Con obras pertenecientes al acervo de la CIAC, la muestra pone a discusión términos que han determinado la construcción de la sociedad y el individuo bajo un esquema económico imperante: el capitalismo. La productividad, la utilidad, el valor de cambios, la identidad y el trabajo son nociones que son puestas en tensión a partir de tres ejes curatoriales: 1) El proceso de producción y/o intercambio económico como factores determinantes para el valor de uso y el valor de cambio de los bienes, la propiedad privada, la autoría, el espacio público y el disenso, 2) El papel que la economía —y las relaciones construidas a través de ella— juegan en la constitución del sujeto/individuo, y 3) La lógica de la productividad del modelo capitalista, donde la reflexión, el pensamiento y la imaginación no tienen —aparentemente— un carácter “utilitario”.

Desbordamientos de la lógica de la productividad incluye obras de Matta-Clark, Abraham Cruzvillegas, Fritzia Irizar, Cildo Meireles, Santiago Sierra, Francis Alÿs, Wolfgang Tillmans, Larry Clark, Irving Penn, Cristina Lucas, Diane Arbus, Carolina Esparragoza, Eduardo Abaroa, David Hammons, Sigurdur Gudmundsson, Susan Hiller, Esteban Pastorino, William Kentridge, Janine Gordon y Sebastião Salgado.

En entrevista, Barbara Cuadriello comparte con Código los detalles de la nueva sede de la CIAC, así como los ejes de reflexión que guiaron la curaduría de la exhibición inaugural.

—Nueva sede Colección Isabel y Agustín Coppel 

Por primera vez desde su fundación, la CIAC contará con su propia sede en la ciudad de México, ¿cómo surgió esta iniciativa?

Todo inició porque las oficinas donde trabajábamos en Polanco eran  muy pequeñas para nosotros. Así, comenzamos a buscar un lugar donde pudiéramos tener mayor espacio de trabajo, pero donde también hubiera un pequeño sitio para exhibir obras. Aunque la CIAC suele prestar obras y producir sus propias exhibiciones —presentadas en distintos museos—,  nos parecía importante tener un sitio para mostrar al público una pequeña parte del acervo que la conforma. Buscábamos un lugar que también nos permitiera desarrollar ejercicios curatoriales, labores de investigación y algunos experimentos.

¿Cuál será la misión de este espacio?, ¿contarán con un programa dedicado al desarrollo de programas expositivos, educativos o de investigación?

Por el momento, la idea es mostrar un par de curadurías al año, con obras de la Colección. También tenemos planes de invitar a algunos curadores para que trabajen con nuestro acervo. Pero en realidad, más allá de una misión, es importante destacar los nuevos objetivos y tareas relacionados con la colección. Nuestro nuevo espacio de oficinas aún no tiene la capacidad de un museo para albergar conferencias o programas dirigidos a grandes públicos. En realidad, lo que esta sede significa es una mayor apertura y un mayor interés por crear relaciones de trabajo, programas y proyectos con otras instituciones, investigadores y artistas.

Un ejemplo: la Colección está involucrada en la realización del maratón 89plus — concebido por Simon Castets y Hans Ulrich Obrist—, que se llevará a cabo el 8 de febrero en el Museo Jumex. Además, el curador del Museo de Filadelfia, Carlos Basualdo, impartirá un seminario donde se realizará una lectura de la historia del arte contemporáneo a través del trabajo de Duchamp, Pierre Huyghe, Bruce Nauman y Philippe Parreno.

Algunas de las obras que conforman la colección han sido prestadas en comodato para exposiciones nacionales e internacionales. Asimismo, se han presentado proyectos curatoriales. ¿Cuáles son los planes en términos de visibilidad y continuidad del acervo a partir de esta nueva etapa?

Actualmente estamos trabajando con la curadora Tatiana Cuevas en un proyecto que planeamos exhibir en museos de Guadalajara, Puebla y el DF; como parte de la exposición se presentará un ciclo de conferencias con invitados como el Dr. García Canclini, que participa como autor en el catálogo de la muestra.

Hay otra curaduría más en el tintero: será una muestra fotográfica desarrollada en colaboración con una colección de Estados Unidos, que planea exhibirse en México y en varios países de Sudamérica.

También continuarán los préstamos de obra a museos nacionales e internacionales. En estos momentos hay tres piezas en comodato: una de Isa Genskenm, en el  MoMA; otra de Bruce Nauman, en la Kunstsammlung NRW, de Düsseldorf; y una más de Tony Cragg, en el Munal.

Y con respecto a la investigación, ¿qué rutas contempla la colección?

En la CIAC se realizan continuamente trabajos de investigación sobre las piezas que la conforman, pero también sobre el trabajo de otros artistas que aún no forman parte del acervo y que podrían significar futuras adquisiciones. Hay, además, trabajos de investigación especializados, enfocados en cada uno de los proyectos de curaduría en los que estamos trabajando.

Desbordamientos de la lógica de la productividad

La exposición será la encargada de inaugurar la nueva sede de la CIAC. ¿Cuál fue el proceso curatorial y/o de investigación detrás del tema de la muestra, tomando en cuenta que se trata de una lectura de la colección?

El tema de investigación de la muestra surgió a partir de diversos cuestionamientos que me interesaba plantear y que parten de la concepción de lo “productivo” como parte de cierta lógica económica. A través de las piezas seleccionadas me interesa mostrar lo que escapa a esas concepciones, lo que se “desborda”. Aproximarse a la labor del artista me pareció ejemplar en ese sentido.

El proceso de selección de las piezas fue complejo, me interesaba que el conjunto de piezas hablara por sí mismo. Además, había condiciones externas al planteamiento curatorial que tenía que tomar en cuenta, por ejemplo: el tamaño del espacio de exhibición y que se trata también de un lugar de trabajo, las condiciones de iluminación,  y el equilibrio entre las relaciones visual y conceptual en el espacio.

La obra de August Sander fue un punto de partida para el análisis de la productividad. Su obra mostró arquetipos —más que individuos— de una sociedad homogénea. ¿Qué relaciones se establecen con la obra del fotógrafo alemán? 

El proyecto de Sander fue punto de partida para uno de los ejes de la curaduría que analiza el impacto y la incidencia de una sociedad en la construcción de las identidades y del individuo. Inicialmente iba a incluir una obra del artista en la muestra y a partir de ahí surgió la idea. Finalmente la obra no pudo mostrarse, pero resultaba interesante trazar una línea entre el método de clasificación de Sander —que explica el origen de una sociedad desde sus cimientos— y los resultados arrojados por un método actual con respecto al contexto histórico en el que nos encontramos.

Por otra parte, la clasificación de Sander es importante: más que mostrar arquetipos, su método clasificaba a las personas de acuerdo a labor que desempeñaban. Los dividía en los campesinos, los artesanos, la mujer, los trabajadores calificados, los artistas e intelectuales y, finalmente, los dementes, gitanos, mendigos y muertos. En este sentido, es ejemplar que “la mujer” constituya un grupo, o que los dementes, gitanos, mendigos y muertos conformen otro. Me pregunto ¿qué dice eso de la sociedad o del individuo que los nombraba?, ¿será que en el modo y forma de clasificarlos está lo que los constituye como personajes anónimos dentro de una sociedad homogénea (como indica la pregunta)?

Al tomar como punto de partida el método de Sander y seleccionar un grupo de obras que tocan el tema de la constitución del individuo a partir de las labores que ejerce, quise arrojar luz sobre nuestro contexto: ¿cómo es que nombramos a los individuos? y ¿bajo qué esquemas los “clasificamos”?

El trabajo, la entropía, la memoria y la identidad son aspectos que se observan en piezas como Indigent and indigenous self-portrait pretending to be discrete at the Mall of America, de Abraham Cruzvillegas; Sin título (Sobre el desgaste), de Fritzia Irizar; o Zero Dollar, de Cildo Meireles. ¿Qué ejes determinan la reflexión en torno a la productividad? y/o ¿qué perspectivas arroja esta reflexión?

La obra de Cruzvillegas aborda la noción de la productividad desde la labor ejercida durante el proceso artístico. Para él, este proceso es resultado de una forma de pensar más que del acto de producir. En ese sentido, el conocimiento y la reflexión pueden entenderse como productivos: constituyen sujetos. Hay una relación muy clara entre los conceptos de trabajo, productividad e identidad.

Por otro lado, la pieza de Fritzia aborda el trabajo a partir de la huella dejada por éste, en un gesto que trata de apresar o representar el esfuerzo empleado. Pero también hace referencia al valor de uso y de cambio de los objetos, y a la falta de correspondencia entre ambos. Al hacerlo retoma uno de los pilares del sistema económico actual.

Finalmente, Zero Dollar, de Meireles, apunta hacia el valor simbólico de la moneda y a los mecanismos del circuito que permiten el intercambio de dicho valor simbólico.

Todas las piezas que se mencionan apuntan hacia pequeños desplazamientos que cuestionan la idea de productividad y el valor de cambio, o que transgreden los circuitos de intercambio económico. Y con ello, también cuestionan muchos otros conceptos y certezas que están definidos a partir de la configuración de ese sistema económico.

La exposición presenta obras que develan un caos que no es implícito a las dinámicas del capitalismo, de ahí la palabra “Desbordamientos” en el título. Desde el ejercicio curatorial, ¿qué papel adquiere la obra de arte y/o el arte dentro de esta lógica predominante?

El arte tiene la función de señalar, de poner el dedo en ciertas llagas y de hacer visibles ciertos mecanismos que en ocasiones aparecen ocultos, naturalizados. La labor del artista también consiste en reflexionar, analizar e investigar, y no sólo en producir objetos. Independientemente de la materialidad o inmaterialidad de la obra de arte, lo que me interesa aquí mostrar lo fructífero y necesario de esas actividades que para la lógica capitalista no son “útiles”.

La mayoría de las piezas trascienden la materialidad —entendida por el capitalismo como el resultado comprobable de la fuerza de trabajo—, para subrayar puntos ciegos e incluso el desplazamiento de ciertos conceptos. En el contexto de la exposición, ¿cómo se puede comprender al objeto estético bajo la lógica de la productividad, la utilidad y el valor “económico”?

En cualquier manifestación estética nos enfrentamos a una traducción de sentidos o de experiencias. A veces puede tener la forma de una proyección, de una escultura, de una instalación, o de cualquier lenguaje que le permita formular preguntas, desplazar sentidos o producir extrañamientos. Bajo esa premisa, las obras que conforman la exposición funcionan como dispositivos que activan reflexiones y desplazamientos en torno a los modos de pensar el trabajo, los sistemas de intercambio, la economía, y a nosotros en medio de esa dinámica. Si las piezas logran ser pequeños faros donde se depositan todas esas preguntas, me parece que su utilidad radica en el poder que tienen para construir sentidos y mundos. Por supuesto que su valor económico como objetos simbólicos —y de deseo— también existe, pero ésa es otra discusión.

Una de las preguntas clave que plantea la muestra es: ¿la reflexión, la imaginación y el conocimiento son considerados como un trabajo? Bajo el sistema capitalista el arte constituye la antítesis del trabajo “productivo”. En este sentido, ¿qué representa la labor del artista?

La labor del artista es un buen ejemplo de lo que escapa a la lógica de la productividad. Cuando hablo de la labor del artista no pienso  en la mera producción de un objeto, sino en una labor más compleja, dirigida a transmitir una idea o un sentido. Todo ese proceso implica una relación con otras actividades: leer, escuchar, experimentar, imaginar o desear.

Bajo el sistema capitalista esas actividades parecen no tener cabida si no se realizan con un fin económico o de consumo. De ahí que la filosofía esté cada vez más relegada en los programas escolares. Ésa es la razón por la que existen muchas labores de utilidad innegable pero pobremente remuneradas, su “valor” no es cuantificable en términos monetarios.

Colección Isabel y Agustín Coppel
Parque España 47
Col. Condesa, 06140
México DF
www.coppelcollection.com


[04 de febrero de 2014]

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