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Denis Villeneuve, Blade Runner 2049 (2017). Imagen tomada de pinterest.com

Reseña: Blade Runner 2049, ¿un clásico malogrado?

noviembre 22, 2017

Por ahí dicen que el guión de Blade Runner 2049 es excelso y que es un clásico instantáneo. Bueno, pues yo tengo algunas preguntas al respecto.

¿Por qué K, si era un replicante de última generación, pudo desobedecer? ¿Qué lo hacía especial? ¿K es el señuelo para que no atrapen a Stelline? ¿Por qué, cuando la policía detecta que K ya se salió del estándar, no lo retiran y le dan la oportunidad de huir? ¿Por qué no le quitan su patrulla, que es lo que le permite encontrar a Deckard? ¿Por qué la Dra. Stelline no dice nada cuando descubre que tiene el mismo recuerdo que K? ¿Sabe ella que es la hija de Deckard y que K es su señuelo? Si sí, ¿por qué no le miente para que K crea que el recuerdo es falso y ya no siga buscando al «prodigio replicante»? Si no, ¿no debería sorprenderse y decirle que es real porque el recuerdo es suyo? ¿Por qué K no le enseña el caballito de madera a Deckard, pues hasta ese momento K cree que es su hijo? ¿Por qué K no sospecha que tiene un rastreador en la patrulla, que es, casualmente, lo que le permite a Luv encontrarlo? ¿Cómo es que K encuentra a Deckard en el primer edificio al que entra? ¿Por qué sale Joi a defender a K si no podía hacer nada? ¿Salió sólo para que Luv la matara? ¿Por qué justo después no elimina completamente a K?

Son bastantes preguntas para un guión tan excelso.

Denis Villeneuve, Blade Runner 2049 (2017). Imagen tomada de grancinema.net

Nótese que todas surgen desde —y deberían terminar en— la trama. No hay ninguna, creo, que cuestione temas. Estas preguntas son también importantísimas (como el futuro uniétnico, blanqueado y heteronormado), pero no creo que sean pertinentes para este texto.

No me gustó Blade Runner 2049. Me parece una película aburrida y sin chiste. Eso sí, la fotografía está muy bien, pero sobre eso después.

Creo que no soy el único. A otra gente que he leído por ahí y allá tampoco le gustó. Que si es insufriblemente larga, que si es pretenciosa, que si no le llega a los talones a la original. Mi problema principal con Blade Runner 2049 no es que sea larga, sino que sea tan aburrida.

Desde hace tiempo me he preguntado por qué muchísimas de las megaproducciones cinematográficas actuales (particularmente las gringas) no tienen buenos guiones. Si ya cuentan con presupuestos millonarios, ¿qué tanto afectaría al presupuesto que gastaran uno o dos millones en un equipo de trabajo que dejara un guión pulido y consistente?

Aunque no todo el cine se agota en el guión, la intención (o lo que alcanza a ver el espectador de ella, lo cual, dicho sea de paso, es lo importante) de Blade Runner 2049 está lejos de la de los trabajos de Pere Portabella o de algo de Maya Deren. No busca ser un despliegue de las posibilidades discursivas de lo sonorovisual (Stan Brakhage), de la intrepidez de un montaje experimental (léase Vertov) o de cualquier otra cosa que suene bien para clasificar cosas raras.

Blade Runner 2049 quiere contar una historia y basa muchísimo de su hype en ella (acá dicen que tiene una compelling narrative): busca hacer personajes entrañables, llevar al protagonista a una catarsis, plantea una épica o un viaje (en este caso, interior y exterior) y toda la receta casi aristotélica.

Y eso está perfecto. Grandes películas siguen ese modelo probado por más de dos mil años y son increíbles. No se tiene que subvertir la Poética para ser interesante y para que valga la pena un filme. Vamos, pues, hasta ahora nadie ha dicho: «Estoy hasta la madre de las buenas historias. Esto tiene que cambiar».

Pero contar bien una historia tiene sus asegunes. Uno de ellos es algo que resulta difícil de explicar y que entiendo como «llenar hoyos». Toda historia tiene faltas en su argumento (es decir, no es perfecto), pero creo que las historias bien contadas se dedican a tener los menos posibles. Un buen cuento o película dedica mucho de su espacio a remendarse a sí mismo, a que, si algo sale, ese algo se ocupe; a no dar oportunidad a que el lector/espectador se pregunte, por ejemplo: «Oye, ¿pero no se había enfermado de cáncer ese amigo? ¿Por qué ahora está sano? ¿Cuándo se curó? ¿Está curado?».

Entre más hoyos tenga una historia, más apresurada y mal planeada parece. Y más engañados nos sentimos por quien la haya hecho. «Si ya voy a leer/ver esta película, al menos termina tu trabajo, creador».

Denis Villeneuve, Blade Runner 2049 (2017). Imagen tomada de ideasdebabel.com

Blade Runner 2049 me dejó esa sensación de fraude. Por lo que se lee en la red, parece que Dennis Vellenueve le metió mano al guión y, pues sí, lo arruinó (o tal vez ya estaba arruinado desde el principio). Uno tras otro fallo del guión, una tras otra cosa que pasa y que no tienen repercusión en la historia y que no me dejaba ver la película sin preguntarme cómo, por qué, cuándo. Y, ya desesperado, dejé de ver ciertas partes (no por decisión propia, sino porque me aburrí; el cerebro tiene sus buenas herramientas para evitarnos la desesperación. Creo que hay que sospechar –que no rechazar automáticamente– de todo lo que nos aburra).

Y es aburrida por una pretensión de querer ser importante. Las ansias de que Blade Runner 2049 sea profunda en lugar de que se muestre profunda da al traste con la película.

La profundidad en un producto simbólico/cultural parece ser aquella cualidad con la cual el producto en cuestión logra tocar las fibras más elementales de la humanidad, que tiene cuestionamientos casi irrenunciables para todos, universales, y que, además, con el solo hecho de hacerlos, cambian nuestra perspectiva de la vida para siempre. Esos temas pueden provocar una revolución, una que va sin manos, que viene de adentro hacia fuera, que lo arruina todo sin cambiar nada…

Y ya me aburrí. El problema con esta profundidad es que es falsa. Es la que vende en revistas (y en reseñas de cine). Pero se queda en el discurso, en querer decir que algo dice lo que no dice.

¿Por qué una película tendría que proponerse a sí misma como profunda? ¿No podría ser una película nada más y dejarle al espectador el balón? ¿No tendría más bien el espectador todo el derecho de decidir si algo de lo que ve/lee tiene reales resonancias con su supuesto ser interior? Esto último es lo que, al final del día, sucede en la historia del arte. Y creo que realizar lo que sea que uno tenga que realizar tiene que ser ¿inocente? O, al menos, tendría que caer en una esfera fuera de esta pretensión de ser «profundo», «importante», «trascendente». Creo que la búsqueda de profundidad de Blade Runner 2049 es la que la mantiene en la superficie. Uno no puede «clavarse» en ella y empezar a preguntarse cosas como ¿qué es ser humano?, ¿qué significa serlo?, ¿se puede dejar de serlo? o, ¿algo que actúa y piensa como tal es un ser humano? —preguntas para nada nuevas, pero sin duda vigentes.

Denis Villeneuve, Blade Runner 2049 (2017). Imagen tomada de theverge.com

Y uno no se adentra en la película, principalmente, porque los hoyos argumentales son más bien cuestiones duras que no permiten que uno penetre en la historia. Parece que llenar un hoyo argumental es como aflojar tierra: así las cosas crecen mejor.

Ahora debo justificar qué entiendo por «mostrarse profunda». Reconozco que la palabra «mostrar» no es exacta. Tiene que ver simplemente con no intentarlo. Y tal vez, si no lo intentan, algo salga bien.

Voy a poner un ejemplo temporalmente y económicamente cercano a Blade Runner 2049, Coco. De todas las fallas que se le pueden atribuir (y de manera válida, como ésta, sobre el neocolonialismo cultural), que su historia no esté bien contada no es una de ellas. Parece que casi no hay hoyos y, por tanto, uno puede sumergirse en Coco, uno puede entrar a la historia y hacer con la historia lo que se ha hecho con las historias desde siempre: sentirlas.

Y no cabe el argumento de que Coco nos enajena estéticamente. O sí, pero la solución a esto no es una historia llena de baches como Blade Runner 2049. Uno no se olvida de que Coco es una película (los niños tampoco lo hacen) y uno se divierte y, sin obviar ese lado oscuro ni minimizarlo, hasta se puede llegar a pensar que es «profunda» (cuál es la naturaleza de recordar, por qué es importante el pasado, acaso el presente puede cambiarlo y cómo. Coco es una película sobre el tiempo y lo es justamente porque nunca se propuso como tal).

Con Blade Runner 2049 uno nunca se olvida que está viendo una película. Pero también, con su supuesta «profundidad», uno se siente como si estuviera sentado en Navidad con el primo que estudió filosofía y que cree que una conversación sobre las Lecciones de Derecho, de Hegel, son un tema que debería interesarle a todos los tíos, algo sin lo cual uno no podría seguir viviendo. Y por eso tiene el derecho de soplarte un montón de terminajos y de sentirse superior porque él sí ha leído.

¿Por qué, entonces, a muchísima gente le encantó Blade Runner 2049? Puede ser que todo lo que he dicho esté equivocado y simplemente no le entendí. Que todas las preguntas que me hice ya estén resultas y tenga una falta de atención grave. También puede ser posible que nos volvemos mucho más tolerantes con productos caros que con aquellos de escaso presupuesto (aunque debería ser al revés). Pero ¿por qué ocurre esto? ¿Será una cuestión al estilo del traje del emperador? Me vienen a la cabeza algunas teorías estético-conspiranoides, pero eso será para después.

Entonces, ¿qué queda de Blade Runner 2049? Para mí, no mucho. O, a lo más, un ligerísimo sabor cyberpunk que hace que más bien uno quiera volver a ver Ghost in the Shell (el anime, aclaro).

Denis Villeneuve, Blade Runner 2049 (2017). Imagen tomada de eluniversal.com.mx

Falta hablar sobre la fotografía. Es lo mejor de la película. Tal vez sólo por eso convenga verla en cine (o en una buena pantalla curva 4k y con sonido surround de algún conocido rico, cuando las versiones de torrent ya no sean camrip). Pero que tenga una fotografía de calidad es lo menos que se le podría pedir a una película de tal presupuesto. Es decir, no es un mérito. Me sentiría todavía más defraudado si Blade Runner 2049 no se viera espectacular. No hay una buena historia, las actuaciones ahí pasan, la música de Hans Zimmer ni viene ni va (nadie podría chiflarla y eso tiene que ver con algo de cine actual. Acá se trata de explorar este fenómeno). Si Blade Runner 2049 no se viera increíble en sala, ¿qué carajo hicieron con todo el presupuesto?

P.D. Sólo porque sí, recomiendo algunos canales de YouTube sobre cine. Son divertidos para matar tiempo en el trabajo. Todos están en inglés, al igual que muchas de las referencias de este texto, me disculpo por eso. Aquí van: Cinemasins, Every frame a painting, y Screen Junkies con sus Honest Trailers. Los tres deconstruyen películas clásicas, pero también actuales. Fin del comercial.

 

Pedro J. Acuña (Toluca, 1986) es autor de Metástasis Mcfly y La compañía de las liendres. 

[22 de noviembre de 2017]

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