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Claudia Pasquero. Retrato por Tõnu Tunnel, cortesía de bioTallinn. ©Tõnu Tunnel.
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Vista de instalación de Anthropocene Island. © Tõnu Tunnel, cortesía de bioTallinn.
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Vista de instalación de Anthropocene Island. © Tõnu Tunnel, cortesía de bioTallinn.

El encuentro entre la biotecnología y la arquitectura: entrevista con Claudia Pasquero

noviembre 22, 2017

Hablamos con Claudia Pasquero, curadora de la recién celebrada Bienal de Arquitectura bioTallinn. La arquitecta, que también dirige la oficina ecoLogicStudio, reflexiona sobre lo urbano y las posibilidades de la arquitectura y sus estéticas para intervenir en la crisis ecológica global.

 

—¿Qué temas y planteamientos abordó BioTallinn?

En la primera oración del catálogo declaro que bioTallinn [fue] un espacio para la reflexión entre la computación, la biología y el diseño. Existe una relación entre ciencia y diseño, entre arte y ciencia.

Creo que la estética del diseño puede tener un rol en la crisis ecopolítica actual. Los científicos dicen que estamos en la época del Antropoceno, un periodo geológico que sigue al Holoceno en el que la infraestructura humana ha tenido una influencia tan grande sobre el planeta en el que vivimos que se ha convertido en una fuerza geológica. Esta situación vuelve imposible el pensar sobre la resolución de problemas. No podemos eliminar la contaminación, no podemos transformar las algas del océano, no podemos cancelar el hecho de que los glaciares se están derritiendo; pero podemos concebir maneras de interactuar con ello de manera global.

La eliminación de toda la contaminación es una idea utópica. La pregunta es cómo generar un cambio en el metabolismo. Podemos concebir prototipos locales de interacción que permitan a la gente transformar lo que usualmente se considera un contaminante en nuestros recursos. Por ejemplo, las algas son consecuencia de la eutrofización del océano. Pero, al mismo tiempo, pueden ser introducidas en el espacio público y en nuestras viviendas, y permitir la producción de superalimentos o energía de manera local. Asimismo, las microalgas tienen su propia estética y comportamiento, el cual podría formar parte del entorno construido.

 

—¿Qué implica el formato de la bienal, tanto en un sentido temporal (que implica periodicidad y duraciones largas), como geográfico (que va de la escala urbana de la exposición hasta la influencia internacional de ésta)? ¿Cómo se puede convertir en una oportunidad, y cómo vincular esto con las herramientas de la arquitectura? ¿Puede la arquitectura tratar estas ideas a través de la noción de ciudad?

La bienal intentó ser experimental también en su formato, por lo que, en lugar de ser un escaparate de «la vanguardia», trató de repensar los eventos culturales como una forma de intervenir en la relación problemática entre el asunto ecológico y el problema de la producción.

En particular, la bienal invitó a científicos y arquitectos a proponer una nueva visión para la península de Paljassaare en Tallin. Este sitio alberga la principal planta de tratamiento de aguas residuales de la ciudad de Tallin, pero también un parque ornitológico protegido. La ciudad intentó desarrollar este sitio muchas veces, pero fue difícil hacerlo a través de concursos, pues la mayoría de las propuestas que surgían, a pesar de ser de muy buena calidad, a menudo incluían conjuntos habitacionales o viviendas ecológicas, lo que no se ajustaba tanto a la planta de tratamiento de aguas residuales ni al parque ecológico. Mi operación curatorial fue la de poner en contacto a arquitectos, científicos, artistas y diseñadores para que, a través de un proyecto colectivo —también desafiando la figura del arquitecto individual—, pudieran contribuir al sitio. La visión resultante ve en la península de Paljassaare un nuevo tipo de espacio público donde el parque ornitológico coexiste morfológicamente con la planta de tratamiento de aguas residuales. En lugar de entender la planta como una infraestructura segregada, la propuesta prevé un sistema que incorpore la infraestructura de tratamiento de aguas residuales, las piscinas y el paisaje, integrados en el propio parque. Y, al mismo tiempo, alberga un cierto porcentaje de viviendas que utilizan a los residuos y contaminantes, convirtiéndose en parte del tejido productivo del sitio.

Vista de instalación de Anthropocene Island. © Tõnu Tunnel, cortesía de bioTallinn.

—¿Cómo se conectó la bienal con su público? Quisiera profundizar en cómo entiendes que la bienal podría dirigirse tanto al público especializado como a los habitantes de la ciudad.

La bienal se estructuró a través de un conjunto de piezas interactivas que plantearon soluciones arquitectónicas, tanto a escala del Bátlico (aproximadamente 150 km2 ) como a escala bacteriana. Los usuarios pudieron interactuar con los elementos diseñados que transformaban al sitio. Por ejemplo, habían pequeños robots que usaban datos del sitio para transformarlo continuamente, haciendo presente a la idea de pensar en la máquina de construcción como un sistema más sensible y distribuido. En la exposición tuvimos un par de estos robots que transformaban parte del suelo del sitio e interactuaban en tiempo real con un entorno virtual de datos del sitio al tiempo que interactuaban con el usuario.

 

—El tema planteado para bioTallinn explora los temas presentes en el trabajo de ecoLogicStudio, tu oficina, ubicado en una intersección de los problemas de las entidades biológicas con los de los artefactos tecnológicos. ¿Qué imaginarios se reunieron en esta exposición, y en tu trabajo?

EcoLogicStudio trabajó en el diseño general de la exposición, y diferentes instituciones de investigación, así como científicos y arquitectos, contribuyeron al proyecto. […] BioTallinn fue un proyecto de ecoLogicStudio que analizó a la biología y la informática, al tiempo que reflexionó sobre cómo el diseño puede contribuir a la ecología y a la dialéctica de la esfera urbana y la biosfera. También es un proyecto colectivo en el cual ecoLogicStudio intentó estructurar una especie de interfase computacional a través de la cual los diferentes grupos pudieran participar de manera específica.

Proyecto de ecoLogicStudio para bioTallinn. © Tõnu Tunnel, cortesía de bioTallinn.

Proyecto de ecoLogicStudio para bioTallinn. © Tõnu Tunnel, cortesía de bioTallinn.

—Algunas de las imágenes y temas de bioTallinn me llevan a representaciones de la ciencia ficción como posible referente. La ciencia ficción suele ser distópica. Nos muestra un presente (un presente ubicado en nuestro futuro) que es la consecuencia de una catástrofe o una evolución, ya sea política, social o tecnológica, que a menudo ha llevado a la sociedad a vivir bajo un nivel extremo de control biopolítico. Nuestro presente también tiene una narrativa distópica: sin futuro, crisis ecológica y social, falta de horizontes alternativos… Sin embargo, bioTallinn se presenta desde una perspectiva en la que la tecnología está en continuo desarrollo, desde una visión optimista. ¿Es posible dejar estos problemas atrás?

Se trata de replantear qué es la arquitectura. Para mí, esto no es distópico; en realidad es menos utópico que cierto tipo de enunciado positivista que declara que vamos a salvar al mundo a través de alguna tecnología específica. Timothy Morton describe el concepto de «Dark Ecology» diciendo que debemos tratar de lidiar con el desastre que se está generando y abrazar a la contaminación, abrazar al desastre y trabajar con él. La pregunta relevante es cómo organizar un protocolo de interacción.

En lugar de pensar en la arquitectura como algo estático, deberíamos pensarla como dinámica. Cuando la arquitectura se definió por primera vez en Florencia, en el Renacimiento, había una condición sociopolítica totalmente diferente. Los recursos naturales y la naturaleza eran realmente fuertes, y la arquitectura era un mediador entre el ser humano y el medio ambiente circundante, convirtiéndose en una fortaleza o un sistema de protección. Pero ahora estamos en la situación opuesta; la infraestructura humana, lo que llamamos en ecoLogicStudio la esfera urbana, es mucho más fuerte que la biosfera natural, por lo que el flujo de materia, energía e información que alimenta a nuestras ciudades es mucho más fuerte que en la biosfera natural. Todos necesitamos áreas de producción, necesitamos minería y centrales eléctricas. La pregunta es cómo puede contribuir el diseño a la forma en que están incorporadas a la sociedad, y cómo podemos desarrollar una nueva estética —a algunos puede parecerles como ciencia ficción, pero para mí no es una ficción, es un futuro posible. Un futuro posible que no intenta resolver los problemas sino redefinir aquellos que no pueden resolverse, y tratar de usar una nueva estética como una forma de proponer una interacción local con ellos.

Proyecto del IAAC y el Instituto de Tecnología Avanzada de Barcelona para bioTallinn. © Tõnu Tunnel, cortesía de bioTallinn.

—¿Qué tipo de sociedad corresponde a este tipo de nuevas tecnologías o enfoques biotecnológicos?

Es una cuestión de distribución de técnicas o tecnologías. No soy pro tecnología per se, pero estoy interesada en proponer un nuevo modelo. En ese sentido, es una sociedad que no consume objetos sino que interactúa con los procesos.

A menudo me refiero al modelo biológico de inteligencia colectiva o memoria espacial distribuida, que podría proporcionar un modelo para la ciudad en la que vivimos. Por ejemplo, veamos un moho de limo (physarum polycephalum), un organismo unicelular definido por los científicos como uno de los próximos ordenadores biológicos. El moho de limo es capaz de optimizar bastante rápido la distribución de recursos. Pero la forma en que lo hace es muy diferente a la manera en que funcionan las ciudades. No es a través de la planificación e ingeniería con jerarquías descendentes, sino que ocurre entre millones de células que interactúan entre sí a través de reglas únicas. Lo mismo sucede en los nidos de hormigas, que no tienen un maestro de obras. Las hormigas interactúan una con la otra a través de señales, rutas de feromonas mediante las cuales construyen un nido —muy sofisticado en morfología, en la forma en que almacenan los alimentos y crean la ventilación. Una vez más, lo hacen a través de lo que los científicos describen como inteligencia colectiva. La inteligencia colectiva es una forma de pensar el crecimiento de la ciudad a partir de una relación ascendente entre seres humanos individuales. Si pensamos en ciudades medievales o ciudades preindustriales, encontramos una incorporación de este tipo de lógica, pues los seres humanos podían interactuar con los materiales y los procesos que los rodeaban. Hoy en día hemos perdido esta capacidad. Todo se cosificó. La energía se cosifica: la compras al encender y apagar el interruptor. La comida está cosificada: no vemos de dónde viene, de manera que no tenemos forma de contribuir al proceso. No tenemos forma de ser creativos con el proceso. No hay posibilidades de autoorganización o procesos ascendentes en la forma en que se diseña el sistema infraestructural actual. Nuestra hipótesis es que, si diseñamos de manera diferente, podríamos crear otro tipo de relación entre la infraestructura y los usuarios, y desencadenar procesos de autoorganización. La sociedad tendría un conocimiento diferente del mundo circundante. La ecología ya no sería una ideología. Ahora, incluso cuando reciclamos, no tenemos medios para hacer más o mejorar; simplemente ponemos la manzana en la bolsa marrón, el plástico en la bolsa roja, y obedecemos a una serie de reglas sobre las que no tenemos control alguno. Pero, ¿qué pasaría si más que hacer eso, tuviéramos sistemas en los que pudiéramos ser creativos y tener nuestro propio papel? —como sucedió en la sociedad preindustrial, pero con un mayor nivel de conocimiento, tecnología y sofisticación.

Proyecto de Rachel Armstrong, de la Universidad de Newcastle en colaboración con Studio Unseen, para bioTallinn. © Tõnu Tunnel, cortesía de bioTallinn.

—BioTallinn afirma que no hay naturaleza. ¿Cuáles son las referencias de las que proviene esta categorización de cada elemento como artefacto?

Esta afirmación hace referencia a Slavoj Žižek y al concepto de ecología de Timothy Morton, que desafía la división entre lo natural y lo artificial, argumentando que es casi imposible segregar estos dos elementos en el momento presente. Hay elementos que son orgánicos y hay elementos que son inorgánicos, pero eso es diferente a decir que las plantas son naturales o artificiales. Los seres humanos han modificado las plantas a través de la jardinería desde hace siglos; muchas plantas son especies antropocenas. La cuestión no es regresar a la naturaleza como una especie de referencia bucólica, sino reconocer que estamos en un sistema complejo que es una mezcla de fuerzas naturales y artificiales fuera de nuestro control. Y es importante para nosotros poder leerlos; leer hacia dónde va la contaminación, hacia dónde van los desechos y tratar de comprender si estos elementos podrían incorporarse. Como dice Žižek, ¿cómo podemos encontrar la poesía en la contaminación? ¿Cómo podemos encontrar poesía en el desperdicio? ¿Cómo podemos devolverlo a la conversación de una manera que no sólo sea funcional o de resolución de problemas, sino que sea ecológica en términos de Gregory Bateson? Bateson discutió la idea de la ecología como un conjunto de información que es lógica y otro conjunto de información que no es lógica, metainformación o metalenguaje. ¿Cómo podemos devolver el desperdicio a esta ecuación, pero no como algo que necesita ser resuelto, sino como algo que tiene su propia poesía, su propio diseño incrustado en ella?

Proyecto de Noumena para bioTallinn. © Tõnu Tunnel, cortesía de bioTallinn.

—¿Cómo pueden involucrarse la acción colectiva y otros tipos de movimientos críticos con este tipo de ideas de las que estás hablando?

El diseño debería tener un papel más importante en el discurso político actual, especialmente esta forma de diseño materialista. Los patrones materiales, como vehículos de información, podrían contribuir al cambio de una comprensión ideológica de la ecología a una reconexión con los procesos, basada en un juicio más informado de ellos.

Finalmente, me gustaría acercarme a otros formatos incluidos en la bienal. Además del congreso, bioTallinn incorporó un programa de satélites en el que participaron centros como BOZAR, en Bruselas, así como un simposio y un programa audiovisual, lo que ha permitido la incorporación de otros participantes (como universidades y estudiantes). ¿Qué papel tuvieron éstos y qué reflexiones provinieron de esta parte del programa?

La idea era observar un aspecto diferente de la arquitectura desde la educación y desde la discusión teórica, e intentar comprender cómo estos diferentes aspectos de la arquitectura pueden contribuir a un nuevo formato. Estamos en un momento en el que no sólo el límite entre lo natural y lo artificial está en la discusión, sino que la disciplina misma está en discusión. Este multifacético momento se exploró en el simposio titulado Ciudad de Polycephalum, donde el diseñador se confrontó con investigadores, científicos y artistas para discutir el papel de la ecología, la naturaleza y el uso de la computación para involucrar la escala molecular como una medida relevante para la comprensión de territorios más grandes, para crear nuevas herramientas y finalmente nuevos lenguajes.

Proyecto de Appareil. © Tõnu Tunnel, cortesía de bioTallinn.

Paula García–Masedo (Madrid) desarrolla una práctica artística y curatorial desde la arquitectura con propuestas como Interludios Remotos en LIGA, Espacio para arquitectura (Ciudad de México) o Gotelé en Twin Gallery (Madrid). Ha publicado dos libros con Caniche Editorial.

[22 de noviembre de 2017]

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