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Cortesía de arteBA Fundación.
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Cortesía de arteBA Fundación.
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Isla de Ediciones.Cortesía de arteBA Fundación.
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Cortesía de arteBA Fundación.
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Cabinet AA2000. Cortesía de arteBA Fundación.
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Performance Box, Mariana Obersztern. Cortesía de arteBA Fundación.
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Dixit Off-site. Cortesía de arteBA Fundación.
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Performance Plaza Italia. Cortesía de arteBA Fundación.

arteBA: Punto de encuentro en el sur

Junio 14, 2017

Inmersos en un presente que privilegia la multiplicidad de experiencias a través de una relación transmedial con el mundo —donde se imbrican los discursos, las prácticas y los formatos—, hoy en día ya no es posible sostener que los lugares donde acontecen, se presentan o reproducen las relaciones y contextos suscitados por el arte contemporáneo se encuentran destinados sólo para una élite, dado que las diversas transformaciones del arte en el ágora contemporánea, como ha explorado con claridad Boris Groys, atañen a espectros cada vez más vastos de la sociedad, tanto en la realidad de los hechos como en la representación de los mismos.

Al margen de que el arte contemporáneo sea el núcleo donde actualmente se organizan las economías simbólicas y de facto entre el mercado, la publicidad, la política, el diseño, la arquitectura, la moda y la crítica (entre otros), es una realidad que la relación que se establece entre disciplinas y sujetos es un diálogo abierto al mundo, con preguntas cambiantes a una velocidad vertiginosa donde el dinamismo de las interacciones entre sus participantes configura un nuevo panorama —fecundo, plural y magnético— ante ciertas inquietudes esenciales tanto para la filosofía como para las artes de la representación: es en la arena del arte contemporáneo donde se están planteando algunos de los cuestionamientos más sugestivos desde la perspectiva que alguna vez fue potestad de la cultura humanística, al menos para quien presta atención al pulso de la época, ahí donde alguna vez marcó la pauta la reflexión emanada de la literatura, se encuentra ahora, y como sin quererlo, el abigarrado universo del arte conceptual.

En ese contexto, y dentro de un año que reviste una importancia nodal para Argentina, es que se llevó a acabo del 24 al 27 de mayo la XXVI edición de arteBA en Buenos Aires, la feria de arte más antigua de América Latina.

Nutrida por más de 370 artistas de todo el mundo, con la participación de 91 galerías —de las cuales más del 50% estaban compuestas por espacios de Alemania, Austria, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Japón, Kosovo, México, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela—, la feria se llevó a cabo luego de que los ojos del orbe estuvieran puestos en el país más austral del continente debido no sólo a que este año Argentina fue el país invitado en ARCOMadrid (febrero 2017), reconocimiento explícito a la vibrante escena del arte local, sino también porque este mismo año coincidirán tanto la Bienal de Venecia —con la presencia de la artista argentina Claudia Fontes y su pieza El problema del caballo— y documenta, donde Marta Minujín presentará El Partenón de libros, una pieza monumental, hecha con más de 100,000 libros prohibidos, que replica al Partenón original. Si a eso se le suma The Theater of Disappearance que el escultor Adrián Villar Rojas presentará hasta el 29 de octubre sobre la terraza del Museo Metropolitano de Nueva York, la participación de 48 instituciones argentinas en Pacific Standard Time: LA/LA, el megaevento organizado por la Fundación Getty, y a que el entramado nucleado por Art Basel, acaso la feria de arte más importante del mundo, desembarcará a finales de este año en Buenos Aires como parte de su programa Art Basel Cities, puede calibrarse por qué 2017 está siendo un año histórico para el arte argentino.

Con un total de 17 curadores, arteBA se llevó a cabo a través de diversas secciones: la Sección Principal; U-TURN Project Rooms, auspiciado por Mercedes-Benz; Solo Show Zurich; Barrio Joven Chandon, donde pudieron verse algunas de las propuestas novísimas del continente; Performance Box, coproducido con la bienal de Performance que concluye el 7 de junio; el espacio Arte x Arte y Dixit, que bajo el título de rro programó acciones dentro y fuera de la feria que continuarán meses después de esta edición.

Mención aparte merece el espacio intitulado Isla Ediciones que, bajo la curaduría tripartita de Mariano Mayer, Gastón Pérsico y Cecilia Szalkowicz, le imprimieron un talento único a la feria no sólo por el mundo que despliegan los libros de artista, diseño y su naturaleza específica,1 sino porque dentro de ese espacio hubo participaciones originalísimas, como la del artista mexicano Damián Ortega, quien compartió con el público de la feria parte de su trabajo como editor de libros de artista a través de su editorial Alias, donde no sólo explicitó algunas de sus técnicas de trabajo y distribución en el rubro editorial, sino que instaló la idea de la edición de libros como un ejercicio de escultura pública, toda vez que los libros que adquirimos impactan nuestra vida al comprarlos, al cargarlos y transportarlos y finalmente al coleccionarlos o almacenarlos. Gracias a este espacio de reflexión, en el que los artistas pueden desdoblarse en algunos de los otros oficios y personalidades que los constituyen, es posible comprobar de viva voz de los creadores el impacto de ciertas estrategias, prácticas y proyectos que ayudan a vislumbrar la complejidad de lo que está pasando con algunos de los exponentes más lúcidos del arte en el presente: artistas capaces, como los poetas provenzales, de aprire per prosa.

En ese contexto, vale la pena citar en extenso a Boris Groys:

A pesar de la gran cantidad de dinero y de energía puesta en estas exhibiciones, ellas no están hechas fundamentalmente para los compradores de arte sino para el público, para el visitante anónimo que probablemente nunca compre una obra. De igual modo, las ferias de arte, que están hechas explícitamente para los compradores de arte, se transforman cada vez más en acontecimientos públicos, atrayendo así a un espectador con muy poco interés en adquirir obra o sin posibilidades para hacerlo. Así, el sistema del arte va en camino a transformarse en parte de aquella cultura de masas que durante mucho tiempo contempló y analizó a la distancia.2

Una vez más, Groys tiene razón. Y es que si la reflexión y el consumo de arte situacionista, plástico, performancero, conceptual o lo que sea que aparezca expuesto atañe cada vez a más personas, es porque se encuentra explicitando los apetitos, inquietudes, curiosidades y angustias de un presente incapacitado para pensar en el futuro. Y en ese sentido de nueva cuenta fue formidable el acierto de arteBA, que a través de la curaduría de Agustín López Rubio, director artístico del MALBA, planteó en Open Forum —un foro abierto y gratuito— tres mesas de debate con artistas, editores, científicos y arquitectos para

acercarse al futuro pensándolo como un disparador de pensamiento sobre los diferentes aspectos de la realidad actual, que se proyecta como presente continuo, propiciando detenernos y observar nuestra realidad circundante. La manera de cuestionarlo será a través de la forma y la acción, tanto teórica como práctica, en el arte y en otras disciplinas que van desde la filosofía a la epigenética, del urbanismo/arquitectura a la biología, de la política a la escritura.3

Nadie, salvo los protagonistas, ensambladores, entusiastas, productores, artistas, curadores, científicos y demás implicados en el arte contemporáneo están tan cerca de comprender los conflictos de nuestra época desde la imaginación creadora y el pensamiento crítico, esa herramienta indispensable ante la barbarie, la tecnocracia, el crimen y la estupidez política.

Para finalizar, y en mi carácter de observador externo, no quisiera dejar de mencionar un detalle que le otorga a arteBA un atributo único y especial a mis ojos. Y es que si bien, por su naturaleza histórica y condiciones de exposición cuando menos hasta ahora, cualquier feria de arte presupone una focalización para determinados grupos sociales —al menos en teoría o en los deseos exclusivisitas de ciertos gremios, organizadores, grupos o patrocinadores— es evidente que el impacto de ferias como ésta transforman de a poco la manera en que nos concebimos y comunicamos entre nosotros, puesto que en comparación con lo que sucede en el caso mexicano, por decir algo, se encuentra lejos de estructurarse sólo como una práctica clasista; por ello arteBA, un foro indispensable para mirar el mundo desde un Sur simbólico, político y geográfico, es un acierto y una invitación para imaginar realidades alternativas y paralelas contra los interdictos del Norte global: aunque esta circunstancia no estuviera presupuestada, es algo que ya está sucediendo. Y resulta una contingencia tan fascinante como poderosa (astucias de la razón, según reza un adagio alemán).

Laboratorio de procesos sociales, lugar para la trendynización de la cultura; entrecruce de diversos dominios epistemológicos, remix perpetuo de un original inexistente; gesto, provocación y tradición; impostura, cretinismo e ignorancia; inminencia del pensamiento estético, estructuras de propaganda vacía, deslocalización, nacimiento de formas nuevas; eclosión, ebullición y masividad; riesgo, fracaso, migración, delito, transformación, circulación, consumo y esperanza: un lugar que se parece demasiado a la experiencia sintomática de habitar la periferia.

Rafael Toriz (Xalapa, 1983) es prosista de amplio espectro. Por su trabajo como ensayista ha recibido los premios nacionales de ensayo Carlos Fuentes y Alfonso Reyes. Es Asesor Cultural del Fondo de Cultura Económica de Argentina, realiza trabajos de curaduría cultural y escénica.

[14 de junio de 2017]

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