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José Dávila, Topologies of minimalism, 2012. Cortesía Wikiart.
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José Dávila, imagen de la instalación Daylight found me with no answer, 2014. Tomada de Mousse Magazine.
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José Dávila, imagen de Elogio de la Sombra, 2012. Cortesía: José Dávila.

Un diálogo entre el arte y la arquitectura: José Dávila.

febrero 09, 2018

José Dávila, artista originario de Guadalajara, ha construido una obra a partir del diálogo entre la arquitectura y las artes visuales. Su trabajo, que explora conceptos como el espacio, las sombras, la gravedad o el vacío, intenta que el espectador se involucre en el proceso creativo; a veces de forma involuntaria.

 

—Podemos comenzar esta entrevista hablando sobre las escuelas de arte. ¿Por qué no estudiaste arte?

Fueron múltiples factores. En la escuela de arte de Guadalajara no encontré lo que estaba buscando. Es una escuela muy tradicional y yo no quería estudiar arte para aprender a dibujar desnudos o hacer escultura de bronce vaciado o bailarinas de ballet. Tampoco recibí apoyos para estudiar arte en otro lugar. Sin embargo, la escuela de arquitectura de Guadalajara tenía cosas más interesantes. La manera en que pensaba el espacio, las maquetas, las posibilidades de los materiales, y, por supuesto, la teoría que revisaba, me llamó la atención.

José Dávila, The rules of attraction, 2013. Cortesía del artista y galería OMR.

—Eres parte de la generación de artistas que comenzó a exhibir su trabajo a finales de los noventa y principios del dos mil. ¿Cómo era la escena de Guadalajara en ese momento?

Era bastante peculiar porque estaba Expoarte, la primera feria de arte en México. De hecho, yo hice mi servicio social en sus taquillas. Expoarte convocó a una cantidad importante de artistas, galeristas, y críticos. Guadalajara quizá vivió periféricamente el movimiento que se estaba generando en todo México respecto del arte. Era una escena bastante llamativa. También hacía algunos proyectos con compañeros de la facultad donde trabajábamos con el contexto. Desarrollábamos arte in situ a partir de proyectos de una sola noche en un colectivo llamado Incidental.

 

—¿Podrías decir que Expoarte fue una especie de incentivo para ti y para los artistas de tu generación en Guadalajara?

Sí, sin duda. Expoarte nos mostró cosas que no habíamos visto. Por otro lado, en esos años pasaban cosas interesantes en el Museo de las Artes, a cargo de Carlos Ashida, y en la galería Arena México, también de los Ashida. Era un momento especial.

 

—¿Qué estrategias del arte y la arquitectura has puesto a dialogar para crear tu propio lenguaje?

Una de las herramientas del arquitecto es analizar las cosas en general. El arquitecto analiza cómo se debe sostener algo, cómo va a envejecer, cómo se va a construir, dónde se consiguen los materiales para hacerlo. Este tipo de análisis, de carácter técnico, lo he trasladado al arte. De hecho, es ahí donde lo he desarrollado, porque como arquitecto trabajé solamente un par de años. También he puesto a dialogar aspectos como las dimensiones del espacio, la escala, las maquetas, los dibujos de planeación. Por otro lado, la arquitectura tiene sus propias limitantes técnicas y el arte me ha servido para romperlas. En el arte uno puede tener una voz propia y libre. En la arquitectura, por ejemplo, debes presentar planos para que te den permiso de construir una obra, es parte de un proceso. En el arte los procesos son más íntimos, personales y experimentales.

—La arquitectura está comprometida con la funcionalidad…

La arquitectura debe ser funcional para ser efectiva. De lo contrario se convierte en un capricho. En el arte las cosas son al revés. Es extraño que el arte funcione para algo. Una de sus grandes bellezas es que no es funcional.

 

—Has recurrido a referencias de la arquitectura moderna, especialmente a Le Corbusier o Mies van der Rohe. ¿Se puede leer esto como un comentario a las utopías de la arquitectura o al fracaso de la modernidad?

Sí, sin duda. Son temas con los que he trabajado siempre y me ha gustado abordarlos desde el arte, porque desde la arquitectura es difícil hacerlo. La autocrítica es una herramienta que la arquitectura no tiene.

 

—¿Crees que la arquitectura ha pretendido perpetuar esa utopía?

Sí. Creo que la arquitectura no puede dejar de pretender hacer la vida mejor al hombre. Por su parte, el arte no necesariamente persigue el mismo propósito. Justo leía una cita de Tolstoi al respecto. Hay gente que piensa que el arte debe mejorar la vida, pero la arquitectura lo hace puntualmente.

Cortesía del artista y OMR.

—En tu obra has recorrido la historia del arte y reinterpretado piezas icónicas del arte conceptual y minimal de los sesenta y setenta, produciendo piezas con nuevos significados. ¿Cómo funciona este proceso?

Quiero comentar piezas para generar significados que no poseían las originales. Por ejemplo, para comentar las pinturas y gráficas que homenajean el famosísimo cuadrado de Josef Albers (que fue un estudioso del color que incluso daba en Yale una cátedra al respecto) hice una repisa de madera que sostiene vidrios transparentes de un color monocromático pintado en la parte trasera. El efecto lumínico que se logra a través de los vidrios hace que cambie el tono del color. La reflexión que hago a partir de Albers es sencilla: el color es luz. Tomo como punto de partida las obras para hacer comentarios personales.

En el arte soy autodidacta. Me he formado a partir de la lectura. Una parte importante de mi trabajo es investigar y repasar la historia del arte. Así, en mi obra hago naturalmente este tipo de síntesis y reflexiones.

 

—La serie de fotografías recortadas, como Moments of Equilibrium I o Topologies of Minimalism, me recuerdan la frase de Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo». ¿Qué buscas cuando separas al sujeto del contexto de las piezas?

Dentro de estas series hay dos intenciones. Las primeras imágenes que recorté eran de edificios icónicos. Al sacarlos de su contexto hago un comentario arquitectónico entre el edificio y el entorno. Una especie de simbiosis: cuando quitas a uno de ellos observas que lo que está a su alrededor es parte de él.

Sin embargo, me di cuenta que al quitar los edificios, la gente los sigue viendo. Me interesa trabajar respecto de la memoria colectiva y la memoria personal: observar cómo funciona el proceso en el que el espectador tiende a llenar un espacio vacío, ora a través de la memoria ora de la imaginación. Aunque no lo quiera, el espectador se involucra en el proceso creativo.

Vivimos en una época con un bombardeo de imágenes. Así, traté de investigar cuáles son las cosas que pasan por la cabeza del espectador.

José Dávila, Topologies of minimalism, 2012. Cortesía Wikiart.

—A mediados de los ochenta, Dan Graham mencionó, a propósito de la obra de Gordon Matta Clark, «los arquitectos construyen mientras los artistas destruyen». En tu obra, ¿se puede hablar de la destrucción de la forma? Pienso en piezas como Daylight Found Me With No Answer, Magic is not Absurd o Make Your Own Sunshine.

Más que una destrucción de la forma es una de la función y de la lógica. Recuerdo las palabras de Robert Smithson: «El edificio era más bello cuando estaba en construcción, a medida que se iba terminando se le iba quitando la belleza y en el momento que estaba terminado la perdía por completo». En estas piezas cuestiono más la función que la forma.

José Dávila, imagen de la instalación Daylight found me with no answer, 2014. Tomada de Mousse Magazine.

—¿Y su significado como obra de arte?

Me interesa cualquier pieza que haga reflexionar al espectador sobre dónde está, adónde va, qué hace ahí…

 

—En La invención de lo cotidiano Michel de Certeau menciona que el espacio es un lugar practicado. ¿Cómo relacionas estas palabras con piezas como The Space Beneath Us o Espacio continuo?

Estas dos piezas son funcionales e intentan dar vida a los espacios que no la tienen. Espacio continuo activó un patio trasero que no se usaba. Al quitar la fachada de vidrio y hacer que las columnas que la sostenían fueran parte de la pieza la gente comenzó a usarlas. Por su parte, The Space Beneath Us, en el Collins Park de Miami, era una especie de plaza para que las personas pudieran sentarse y convivir. Estas obras señalan la inutilidad de ciertos espacios urbanos y tratan de habilitarlos de otra manera.

 

—En tus exhibiciones, Elogio a la sombra y La sombra como rumor, ¿sugieres que las apropiaciones que has realizado de modelos arquitectónicos o de sistemas de pensamiento se convierten en espectros?

El título refiere a la alegoría de la caverna de Platón, donde lo único que podían ver los presos eran las sombras proyectadas por el fuego de la caverna. Así, observaban una proyección de la realidad. Desde la historia del arte hay muchas maneras de interpretar este acontecimiento. De alguna manera estamos viendo sombras. Cada quien ve su propia sombra. Pero claro, no hay nada nuevo bajo el sol.

 

—La ola de corrupción y la violencia que han invadido el país, ¿influyen en tu trabajo?

No. Me influyen como persona, como ciudadano. He optado por no hacer de mi trabajo una radiografía del entorno social. No creo que le esté dando la espalda, pero me interesan cuestiones más universales. Me gustaría tener soluciones puntuales para mi contexto, porque es un tema que no se puede negar.

 

José Dávila, imagen de Elogio de la Sombra, 2012. Cortesía: José Dávila.

 

La presente entrevista fue publicada en el número 80 de Código (abril-mayo 2014).

El dia de 6 de febrero se inauguró en la galería OMR la más reciente exposición de José Dávila: La mecánica de lo inestable, la cual muestra dos de las más recientes series del artista, buscando demostrar la relación conflictiva entre dos sistemas juxtapuestos. Es una visión muy personal de dar orden al caos. La exposición estará abierta al público hasta el 24 de marzo.

José Dávila
Es artista visual, pero su formación académica proviene de la arquitectura. Esta fusión ha dado como resultado que sus obras se interesen por conceptos como el espacio o las cualidades físicas de los objetos. Nacido en Guadalajara en 1974, su trabajo cuestiona ideas como la memoria, la percepción y la participación del espectador. Ejemplos de lo anterior son: Buildings You Must See Before You Die (2008), Topologies of Memory (2011) o The Rules of Atraction (2013). Asimismo, Dávila reinterpreta conceptual e iconográficamente la obra de artistas y arquitectos como Sol LeWitt, Donal Judd, James Turrell y LeCorbusier. Ha presentado exposiciones individuales y colectivas en el Centro de Arte Camden, el Museo Experimental El Eco, el Museo Reina Sofía y la Colección Jumex, entre otros.

Ricardo Porrero es director general de Código. En 2010 editó el libro Código D.F., Arte y Cultura Contemporáneos desde la ciudad de México. Fundador de Gallery Weekend CDMX.

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