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Antonio Vega Macotela, Molino de Sangre (2017). Imagen cortesía de LABOR y el artista. L'Orangerie. Kassel, Alemania.
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Antonio Vega Macotela, Molino de Sangre (2017). Imagen cortesía de LABOR y el artista. L'Orangerie. Kassel, Alemania.
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Antonio Vega Macotela, Molino de Sangre (2017). Imagen cortesía de LABOR y el artista. L'Orangerie. Kassel, Alemania.
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Antonio Vega Macotela, Time Divisa (2010). Imagen cortesía de LABOR.
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Antonio Vega Macotela, Time Divisa (2010). Imagen cortesía de LABOR.
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Antonio Vega Macotela, Time Divisa (2010). Imagen cortesía de LABOR.

Antonio Vega Macotela, representante de México en documenta 14

junio 08, 2017

«Para que algo tenga valor debe haber una comunidad que esté de acuerdo en que vale. Es como la magia, para que un chamán exista todos deben de estar de acuerdo en que lo es. Él hace una serie de ritos para convencer a la gente de que los procesos que hace son mágicos. Eso pasa en el sistema económico. Hay una serie de actos performativos que nos hacen creer que tal cosa tiene un valor», explica en entrevista Antonio Vega Macotela (Ciudad de México, 1980), quien en su más reciente proyecto estudia los sistemas de creación de valor. Molino de sangre se presentará en documenta 14, que abre sus puertas el 10 de junio en Kassel, Alemania. Él fue uno de los 17 artistas y colectivos de origen iberoamericano —y el único mexicano— convocados para esta edición.

En el siglo XVII, en Bolivia, las monedas eran acuñadas por molinos accionados por la fuerza humana, ya que las bestias no resistían las condiciones atmosféricas de la zona (4,000 metros sobre el nivel del mar dentro de una mina a 45º C). El modelo que propone Vega Macotela —y que rodea las ideas de sacrificio, poder e intercambio— es una representación de estas máquinas y de los consensos de valor que se conservan hasta la actualidad. No es la primera vez que el artista mexicano trabaja con estos conceptos económicos. En el pasado desarrolló Time Divisa (2010), donde intercambió favores con los presos del penal de Santa Marta Acatitla. La moneda de cambio era el tiempo.

Durante la Colonia en Bolivia, los molinos de sangre consumían los cuerpos de los indígenas para producir monedas de plata. Transformaban su esfuerzo en la cara del rey. Su sacrificio era parte del sistema de acuñación de monedas. En palabras del artista, así es «como funciona el dinero: transformamos la naturaleza de la vida en un sistema simbólico que sólo existe para los humanos».

Molino de sangre es un modelo de esta máquina, parcialmente modificado y funcional. Mide 7 metros de altura y 9 de largo, y está postrado frente a L’Orangerie de Westpavillon, en Kassel (la segunda sede de documenta 14, pues en esta edición y por vez primera se realiza de manera dual en dos ciudades: la ciudad alemana y Atenas, Grecia).

«Un problema que tenía es cómo no legitimar los procesos de Colonia y los procesos de poder que existían en los procesos de muerte en un lugar. Cómo no basarme en un sistema de miseria por la miseria». Para solucionarlo, el mexicano ideó que cada vez que el molino —activado por las personas que visiten la pieza— produjera una moneda, ésta no iba a pertenecer a nadie; y, a la vez, generaría una criptomoneda con un valor real, como cualquier otra moneda virtual, cuyos movimientos quedarían anotados en una cadena de bloques. La moneda manufacturada tendrá en una cara la figura del molino de sangre (como institución); y en la otra, unos cuernos y la derivación de la palabra Téo, protector de los mineros en Bolivia.

Al concluir documenta 14, la moneda física se va a almacenar, pues es el respaldo de la criptomoneda, el troquel —elaborado por la Casa de Moneda de México— será destruido por el artista para que no se vuelva a crear otra más. Sobre el valor económico «la idea es hacer una ICO (initial coin offering), que es como un crowdfunding donde cierta cantidad de lo que creas lo vendes a inversores en preventa». Lo que resulte de esto se irá a un fondo cuyo destino lo decidirá el grupo de personas que participaron en la creación del Molino de sangre.

Para Antonio Vega Macotela relacionar el arte y la economía es ineludible. Basta con comprender que ambas están basadas en un mercado especulativo donde los valores se generan con base en un valor a futuro. De igual manera, cuestiona los criterios de creación de valor y el alcance del esfuerzo humano para producirlo. La obra del artista se inserta literal y simbólicamente en el sistema.

 

Molino de sangre: Del 10 de junio al 17 de septiembre de 2017, documenta 14, Kassel.

 

Nydia Valerio es asistente editorial de Código. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM con especialidad en Producción Audiovisual. Ha colaborado en diversos medios digitales e impresos como reportera cultural y fotógrafa.

[8 de junio de 2017]

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