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Río contaminado por colorante artificiales en China (2015). Tomada del Museo de Ciencia Koshland.
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Andrew Morgan. The True Cost (2014). Fotograma del documental
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Trabajadora en maquila de Dhaka (2013). ©Jeff Holt
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Tiradero de ropa en campos cerca de Damasco (2014). Tomada de Trade India
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Christian Louboutin, Zapatos de suela roja (2012).
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Greenpeace, Activistas manifestándose contra Levi's en Aguascalientes, (2012). Tomada del sitio web de Greenpeace
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Louboutin demandó a Zara por plagiar el diseño de sus zapatos de suela roja. Imagen tomada de Polyvore.
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Manifestantes mostrando su descontento por el proceso de producción usando en la marca Zara (2012). Tomada de Greenpeace.
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Manifestantes mostrando su descontento por el proceso de producción usando por Zara (2012). Tomada de Greenpeace.
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Río contaminado por industria textil en China (2010). ©Stringer|Reuters
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Andrew Morgan, The True Cost (2014). Fotograma del documental
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Materiales de mala calidad empleados en la industria del fast fashion (2014). Tomada de Biz Journal

5 problemas que la sociedad adolece por el Fast Fashion

agosto 05, 2015

Hace treinta años las personas en promedio poseían un armario conformado por un máximo de 30 prendas, las cuáles podían usar durante años, incluso décadas, sin que sufrieran un desgaste considerable. Actualmente encontrar en un centro comercial una tienda que venda ropa que pueda sobrevivir más de tres lavadas sin deteriorarse, es casi imposible. Las grandes cadenas de ropa operan bajo el esquema fast fashion, que persigue vender ropa de baja calidad a precios accesibles para que el consumidor pueda comprar en mayor cantidad y frecuencia.

Irónicamente, antes de que existiera un número significativo de documentales, artículos críticos o libros dedicados a denunciar los excesos del nuevo y acelerado sistema, una película estrenada en 2001 ilustraría muy bien la dinámica bajo la cual operan las ambiciosas cadenas de moda. Se trata de Zoolander.

Los problemas que enfrenta la sociedad para costear el acelerado ritmo del consumo pueden dividirse en 5 ejes principales. Repasamos cada uno con el fin de replantear las dinámicas que ya no sólo serán un problema para las próximas generaciones; están acabando con las del presente.

 

 

1. Una moda más rápida,  barata y deshumanizada

La moda rápida obedece a una regla simple: produce mucho, muy rápido y muy barato, con el fin de que el margen de utilidades supere al del mes anterior. Para conseguir que una blusa tenga el costo de 50 pesos y aún así se obtenga una ganancia considerable, las grandes cadenas como Inditex aprovechan vacíos legales en materia laboral y ambiental, existentes en algunos países del tercer mundo, para reducir al máximo los precios y, así, conseguir vender la ropa a precios ridículamente bajos.

Como sucede en Zoolander, las grandes cadenas buscan la subcontratación en países tercermundistas, donde los gobiernos no tienen más opcion que hacer su país atractivo para la inversión extranjera. Esta es la causa de la debilitación de los sindicatos laborales y la aparición de leyes que favorecen al inversionista extranjero por encima de los trabajadores.

Las consecuencias desastrosas del outsourcing se pueden percibir a simple vista. El 85% de las personas que trabajan en estas fábricas son mujeres con un salario aproximado de 3 dólares diarios, por jornadas laborales que pueden llegar a ser hasta de 14 horas. Todo esto para que las tiendas de gran distribución paguen tan sólo 2 dólares por cada blusa.

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Trabajadora en maquila de Dhaka (2013). ©Jeff Holt

 

 

2. Diseñador independiente vs fast fashion

Hablemos de plagio. Para que la moda sea cada vez más rápida y los consumidores sientan la necesidad de comprar más y más, hay un modelo productivo ganador. Se le conoce como “circuito corto”, y está basado en decisiones de último minuto. Mientras algunas casas de diseño y marcas consolidadas planean con 18 meses de anticipación sus colecciones, los representantes de H&M, Bershka y otras tiendas de moda rápida mandan a la producción, de un momento a otro, diseños creados en una línea muy delgada entre la originalidad y el plagio. Por esta razón son capaces de producir hasta 57 colecciones al año, en lugar de 2 a 4.

Zara ha sido varias veces protagonista de conflictos legales asociados con el plagio. Como cuando utilizó en sus estampados fotos de blogueras famosas sin permiso, o cuando replicó los icónicos tacones negros de suela roja de Louboutin. En cuanto al robo de ideas, la tienda es una de las principales promotoras. Parte de su fórmula exitosa consiste en dar a las masas lo que no pueden adquirir, he ahí el dilema: ¿democratizar el diseño o apartarlo para las élites?

Algunos economistas han argumentado que la copia dentro del sistema de la moda acelera los ciclos de las tendencias, aplicando presión a los diseñadores para desarrollar nuevas ideas. Esta es una de las razones por las que las temporadas de media estación han crecido en importancia.

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3. Destrucción del medio ambiente 

Un dato alarmante: la industria textil es la segunda más contaminante, provocando al menos un 20 por ciento de la contaminación acuífera. El daño ambiental inicia en el momento en que se elabora la prenda, y continúa cada vez que se lava en casa. Esto se debe a que las aguas residuales del lavado doméstico arrojan una sustancia química al tener contacto con el suelo, llamada nonilfenol, y puede provocar desórdenes endocrinos y hasta cáncer en las personas que entren en contacto con las aguas tóxicas.

Una investigación reciente a cargo de Greenpeace encontró residuos hormonales y químicos cancerígenos en la ropa hecha por 20 marcas reconocidas, como Armani, Benetton, Calvin Klein, Diesel, Esprit, Gap, Levi Strauss & Co., Victoria’s Secret y Zara. Esta última, la tienda fast fashion más exitosa y una de las más agresivas, produciendo 850 millones de prendas al año. Asimismo, Indonesia, uno de los países productores de ropa, ha servido como depósito industrial en uno de sus ríos más importantes, el Citarum. Actualmente es el más contaminado del mundo a causa de los residuos que las fábricas textiles utilizan como “personales”. H&M, Puma y C&A han adoptado nuevas políticas para evitar la tragedia natural. Sin embargo, Zara, Mango y Gap han sido indiferentes.

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4. Materiales de mala calidad y tóxicos

Los productores de fast fashion no son ingenuos. Saben que nadie está dispuesto a invertir en ropa que sólo usará por un máximo de seis meses, debido a la rapidez del paso de las tendencias. Es por eso que toda producción debe estar hecha con materiales de baja calidad y los precios sigan bajos, con ganancias grandes. Desafortunadamente, este tipo de materiales suelen estar elaborados o tienen contacto con químicos dañinos para la salud y el planeta.

Si tomamos en cuenta que la piel es el órgano más grande y que sólo le toma veinte segundos para absorber todo lo que entra en contacto con ella, podemos concluir que cada vez que vestimos de Zara o Forever 21 lo más seguro es que, sin saberlo, entremos en constante contacto con pequeñas dosis de químicos nocivos.

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5. Desperdicio descomunal de ropa

Para que una prenda sea reciclada, reusada o de carácter biodegradable, debe concebirse como tal desde el momento de su diseño. Es un hecho que la gestión de residuos no es una de las preocupaciones de la industria hoy, por lo que toda su producción terminará en un vertedero gigante de desperdicios textiles, esperando a desintegrarse durante los siguientes doscientos años. El 40 por ciento de estos basureros de textiles se encuentran en países del tercer mundo, principalmente en África.

Aparte de las consecuencias desastrosas que ocasionan estos deshechos en el ambiente, también se pueden percibir efectos negativos en la sociedad del lugar donde se encuentran. Al entrar grandes cantidades de ropa para ser vendidas en los famosos mercados de pulgas, la vestimenta tradicional local se transforma o se reemplaza para dar lugar a las toneladas de tendencias caducas y carentes de sentido. Moda sin lenguaje.

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