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En un momento en el que la arquitectura del presente parece revalorar su pasado, recordar el legado de Mathias Goeritz resulta necesario. A poco tiempo de cumplirse el centenario de su nacimiento, el Centro de Arte Reina Sofía en España le dedica una exposición exhaustiva para analizar las propuestas formales y conceptuales que Goeritz (Danzig, Alemania, 1915 – México DF, 1990) proyectó a través de su arquitectura emocional y su lenguaje meta-artístico.

Retomamos el nombre de la muestra para repasar diez momentos clave en la carrera de uno de los artistas y arquitectos más importantes de México.

1. Museo Experimental El Eco (1953)

 En 1952 el empresario mexicano Daniel Mont encomendó a Mathias Goeritz la construcción de un espacio que conjugara sus intereses comerciales con el ánimo cultural de la época. Un año más tarde, el Museo Experimental El Eco fue diseñado y erigido bajo el Manifiesto de la arquitectura emocional (1954), donde Goeritz plasmó su interés por la emoción —por encima de la funcionalidad— en la obra arquitectónica.

El Eco se concibió como un lugar multidisciplinario donde la danza, el arte, la poesía y todo tipo de manifestación artística pudiera convivir con el espacio trazado y activado por la arquitectura. En él, la integración plástica sería vehículo para detonar la máxima emoción en el hombre moderno. Por su parte, su nombre refiere al “eco de posibilidades artísticas infinitas del México” de la época.

En 2004 la Universidad Autónoma de México adquirió el edificio con la intención de revivir el legado del arquitecto alemán.

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2. La serpiente de El Eco (1953)

El 7 de septiembre de 1953 el Eco abrió sus puertas. Durante la inauguración, la compañía de danza Walter Hicks representó una coreografía orquestada por Luis Buñuel, donde los danzantes bailaban simbólicamente con La Serpiente. Desde ese año y hasta 1964, la famosa y monumental escultura —de ocho metros de largo y tres metros de alto— permaneció en el patio del edificio.

También es conocida con el sobrenombre de Ataque, por sus geometría y estructura primarias que representan la guerra fría cultural a la que se enfrentó Goeritz como migrante. A pesar de que el artista alemán buscó romper con los cánones estéticos establecidos, la estructura retomó la monumentalidad de los muralistas aunque extrapolada a la escultura. En 2006 una réplica de La Serpiente fue realizada para reinaugurar el recinto.

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3. Manifiesto de la Arquitectura emocional (1954)

La arquitectura emocional fue una propuesta estética que Goeritz definió como la unión entre el arte y la arquitectura para lograr una experiencia en el espectador apelando a la totalidad de sus sentidos. Así, a través de obras monumentales pero cotidianas (generalmente vinculadas con el espacio público) se buscaba desplazar el estado racional.

En una época en la que se construían grandes obras públicas, como Ciudad Universitaria, y enormes complejos departamentales, esta visión representó un cambio de paradigma y una reacción crítica frente al funcionalismo mexicano que, entonces, estaba influenciado por las tendencias estadounidenses y europeas. El Manifiesto de la Arquitectura emocional fue pronunciado por primera vez el 7 de septiembre de 1953, en la inauguración del Museo Experimental el Eco. Un año más tarde se publicó en la revista Cuadernos de Arquitectura.

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4. Torres de Satélite (1957-58)

En la década de los cincuenta Ciudad satélite no sólo era nuevo complejo residencial sino una promesa de la modernidad. El arquitecto encargado del proyecto, Mario Pani, encomendó a Luis Barragán la construcción de un monumento que funcionara como distintivo en la entrada del fraccionamiento. Así, junto a Mathias Goeritz y al pintor Jesús Reyes Ferreira, Barragán construyó cinco prismas triangulares de concreto, con diferentes colores y tamaños (la más alta mide 52 metros).

El diseño se inspiró en las torres medievales de San Gimignano, en Italia. La estética, por su parte, se basó en el Manifiesto de la Arquitectura emocional para lograr un impacto visual en el paisaje a partir del volumen geométrico y las tonalidades. En 2012 las Torres de Satélite fueron declaradas oficialmente como Patrimonio Artístico.

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5. Manifiestos (1961)
(Estoy harto, Please Stop y El arte plegaria contra el arte mierda)

El 30 de noviembre de 1961, en la Galería Antonio Souza, un grupo de 11 artistas conocido como Los Hartos (al que pertenecía Goeritz y una gallina llamada Inocencia) se manifestaron en contra del arte moderno y sus tendencias estériles: el hartazgo contra el hartazgo. Goeritz se declaraba harto de la imposición de la lógica y de la razón del funcionalismo, del bluff y de la broma artística; estaba convencido de que la belleza plástica se manifiesta más mientras menos sea la intervención del artista.

En el Manifiesto Please Stop, el también arquitecto demandaba el cese del aburrido y egocéntrico arte folk (al que consideraba como una suerte de antiestética), y proclamaba la urgencia de valores estáticos, la fe y el amor para lograr un arte más significativo. Por su parte, en El arte plegaria contra el arte mierda estableció dos categorías artísticas y su distinción entre ellas: el arte mierda es lo efímero, el funcionalismo vulgar, el racionalismo pretencioso; el arte plegaria es lo ideal, el amor humano y místico, la experiencia emocional.

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6. Mensaje de oro (Poemas concretistas, 1965)

Goeritz intervino la poesía y su estructura: la inclusión de elementos geométricos y gráficos fueron las principales características de sus poemas concretistas. El poema se convertía en una práctica verbivocovisual y en objeto; y la arquitectura dialogaba con el lenguaje.

Pensado como espacio y unidad de sentido, el artista alemán escribió sus poemas tanto en papel como en algunos muros de la ciudad de México. Así, rompió con el discurso tradicional y se convirtió en un diseñador del lenguaje. Mensaje de oro es una construcción poética, distribuida en 12 cuadros de láminas cubiertas de oro. Es un juego lingüístico con el término oro que, a su vez, es un palíndromo en el que las leyes gestálticas intervienen para resolver este tejido visual.

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7. Pocos cocodrilos locos (Poema mural, 1967)

Como parte de su poesía concretista, Mathias Goeritz creó el poema Pocos cocodrilos locos en el mural de un café —ubicado en la Zona Rosa de la ciudad de México—, que sería destruido con el terremoto de 1985. Se trató de un poema mural formado con letras de acero en color blanco; su extensión ocupó tres paredes que, en conjunto, sumaban 43 metros cuadrados.

En su momento, se comentó que la construcción del poema mural “atendería a una preocupación visual, a partir de una propuesta de instalación que no buscaba incluir otra cosa que no fuera un poema.” La intención de Goeritz era tomar la poesía de los libros para trasladarla a otros soportes. De esta forma, el lector se enfrentaría a la pieza en cualquier momento y desde distintas perspectivas.

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8. La Ruta de la Amistad (1968)

Durante los Juegos Olímpicos de 1968 que se celebraron en México, Pedro Ramírez Vázquez, que entonces fungía como presidente del Comité Organizador, desarrolló el programa de la Olimpiada Cultural: 20 proyectos para las 20 pruebas deportivas. El arquitecto comisionó la coordinación a Mathias Goeritz para llevar a cabo una convivencia artística que surgiera de entre la competencia y la rivalidad.

La Ruta de la Amistad contó con la participación de 18 artistas de 15 países de los cinco continentes. La iniciativa buscaba posicionar a la ciudad de México como un símbolo de la modernidad cosmopolita y avanzada, a través de la creación de esculturas abstractas y monumentales en el espacio público. Sin embargo, el concepto de abstracción resultó ambiguo para varios artistas, y sólo pocas piezas consideraron al espectador como un sujeto en movimiento. En palabras de Goeritz, la escultura que mejor se apegó a la naturaleza del proyecto fue El muro articulado de Herbert Bayer.

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9. El Laberinto de Jerusalén (1974)

Dentro del debate local del Jerusalem Committee, sobre la conservación de la vieja Ciudad Santa y la planificación de una nueva Jerusalén, un comité de arquitectos internacionales fue consultado. Entre ellos Mathias Goeritz, que en 1973 fue invitado a diseñar un espacio de desarrollo físico y lúdico para niños. El edificio fue proyectado como un laberinto y concebido como cuadrado, círculo, triángulo y rectángulo, sucesivamente. Tiempo después se convirtió en un centro comunitario, y Goeritz sugirió la construcción de una serie de torres monumentales en diferentes tonalidades, como una continuación de las Torres de Satélite.

El Laberinto de Jerusalén se diseñó bajo los estatutos del Manifiesto de la Arquitectura Emocional, logrando una convivencia armónica entre la construcción y el paisaje —una característica inspirada en la arquitectura popular árabe. La estructura, forrada con piedra, presenta ventanas estrechas y terrazas que absorben la luz. Imperan la pureza del diseño y la unidad plástica dentro del desierto.

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10. El Centro del Espacio Escultórico (1979)

Con Jorge Carpizo como Coordinador de Humanidades de la UNAM, el escultor Federico Silva propuso realizar un espacio artístico interdisciplinario —dentro del campus universitario— para impulsar la escultura. El proyecto se circunscribe dentro del ánimo de las prácticas colectivas que prevalecían en el momento. A partir de una estética cercana al land art y al ecologismo, siete artistas universitarios realizaron una propuesta escultórica monumental. Mathias Goeritz aprovechó los recursos del lugar para realizar una estructura anular, formada por una sucesión de bloques prismáticos de hormigón armado. Al interior se incluyó un núcleo de lava en estado natural. El “monumento a la nada”, como lo denominó su creador, es también una reproducción de la cosmogonía prehispánica por su carácter de monumento megalítico.

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[17 de diciembre de 2014]

El retorno de la serpiente. 10 momentos de Mathias Goeritz
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diciembre 17, 2014
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